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6 jun 2020

No hay peor delincuente que una víctima


El precio de ser invaluable

Nací libre gracias al precio que otros pagaron por que así fuera. Nunca lo vi, pero supe que muchos lucharon con piedras y palos contra un gobierno opresor. Se llegó a considerar heroico el acto de aquel que llegó a la trifulca para incendiar la puerta de un valioso edificio con una antorcha en la mano y una losa en la espalda; hoy eso se llama vandalismo y se castiga con todo el peso de la ley, no con justicia necesariamente, pero puede costarle la vida al infractor y la sociedad dirá que se lo tiene bien merecido. ¡Mira que venir a meterse con una puerta! ¡Habrase visto!

FOTO: TRIBUNA

        Siempre me dijeron que era necesario saber el valor de las cosas para en verdad apreciarlas, yo no sé cuánto vale mi vida, para mí es lo que se dice: invaluable, casi tanto como esa libertad por la que no pagué. Tampoco sé cuánto vale un edificio histórico. Puedo apreciar y maravillarme con una obra arquitectónica que ha soportado estoica el paso del tiempo gracias a sus muros de piedra, mas no tengo idea del número de infamias cometidas para poder construirlos. 

Soy incapaz de calcular el valor de un monumento como “La Minerva”, “La Diana Cazadora”, “El Pípila” o incluso el ángel que representa la Independencia de los mexicanos. Ignoro si el artista, o todas las manos que trabajaron para darle forma, recibieron el pago justo por su trabajo. No sé si se pagaron las “comisiones” correspondientes para que tal obra de arte adornara nuestras calles. Si me detengo a pensar un momento, tampoco sé por qué veo mi identidad en ellos; por qué me llenan de orgullo o por qué me hacen parte de una ciudad o un país y, sin embargo, lo hacen.

No necesito calcular el costo de un montón de cristales rotos, autos destruidos o de la mercancía saqueada, los noticieros se encargarán de darme el costo de los daños y yo no me voy a molestar en verificarlos, voy a creer lo que me digan. Sé que alguien va a perder, no será el dueño de un imperio comercial o mucho menos un municipio; toda tragedia es siempre un gran negocio, un abanico de oportunidades para los contratistas, lo que por aquí llamamos un “huesito”. En México los únicos que pierden son los que ya no tienen nada que perder.

Me duele ver mi ciudad arder. Me indignan las fuentes escupiendo agua color sangre o los muros vandalizados, sea por ocio o por un grito desesperado de inconformidad; pero me indigna más, mucho más, la impunidad. La bota en el cuello, la inseguridad y el abuso. Siento un gran desprecio por un gobierno opresor, que no solo roba con descaro burlándose de nosotros, sino que convierte a los ciudadanos en enemigos a muerte, que nos usa para sus fines. Vivos, muertos o desaparecidos seremos de alguna manera la razón que justifica los medios, sus medios. Títeres que aplauden o repudian las infinitas versiones de “verdad”. Somos la cara del movimiento que se adapta a una crisis determinada, un estandarte para mancillar o ser venerado, según convenga a sus intereses políticos y, mientras tanto, las muertes se suman por decenas de miles. En la morgue reposan hombro con hombre justos y pecadores, porque hay millones de jueces espectadores que decretan quién se lo merece y quién no. Igual están muertos y la justicia nunca llegó para ninguno.

FOTO: EL NORTE

Los muertos no gritan. Los muertos no se inconforman, no cuentan la verdad de los hechos, mucho menos se manifiestan. Los muertos no rompen vidrios, ni prenden fuego, no son presas de la frustración que los lleva a perder la cabeza. Los muertos no saben en cuánto fue valuada su vida. Los vivos saben que la vida de una persona que no es de su interés vale menos que un muro, menos aun que una losa de cantera o un cristal. ¿Cuánto vale la vida de nuestros hijos e hijas? ¿En cuánto está valuada la vida de nuestros padres o hermanos y hermanas? ¿Cuánto quieres por tú vida? ¿Crees  que el precio es justo?

Las vida no se puede pagar con nada, ni siquiera con otra vida. No existen repuestos para los seres que amamos, todos lo sabemos, aunque jamás hayamos perdido a nadie. Y entonces, ¿por qué es tan difícil de entender? ¿Por qué sólo se nos permite sufrir y quejarnos de manera ordenada, pacífica? ¿Por qué la rabia por las injusticias está prohibida? No se ve linda, es cierto, no retrata bien en los periódicos o en noticieros de televisión, mucho menos si es manipulada. No hay peor delincuente que una víctima. La muerte es lo menos que se merece, ¡tal vez se lo buscó! Eso es lo que se saca por ser víctima, por dejarse violar, abusar, robar, matar o peor aún, por quejarse, por cumplir con su deber o por querer vivir con el lujo de no tener miedo.

Muchos hemos sufrido perdidas materiales y humanas por actos de delincuencia, las estadísticas están a punto de alcanzarnos a todos y todos vamos a querer justicia por ello, es nuestro derecho y hacemos mal si no exigimos lo que merecemos como ciudadanos. Si el fin justifica los medios eso no lo sé, jamás justificaría se atente contra otra vida por el simple hecho de manifestarse o protestar, y confieso que hay muchos tipos de protesta que no me gustan, pero en algún punto entendí que nada vale más que una vida, que la integridad de un ser humano. ¿De cuál ser humano? ¡Del que sea! Tal vez es demasiado pedir que seamos capaces de “medirnos” con igualdad, no estoy segura de poder hacerlo, pero al menos trato de ponerme los zapatos de una madre desesperada. De manera muy egoísta prefiero mil veces apoyarla levantando la voz junto con ella que vivir en carne propia su desdicha y frustración.

Todos tenemos diferentes obligaciones, la del gobierno es protegernos. Garantizarnos seguridad, tanto de los delincuentes como de las fuerzas del orden, y si fue incapaz de protegernos, entonces debe, al menos, ofrecer justicia. Hay cosas que no deberían ser, es cierto, vandalizar o destruir propiedad publica o privada es una de ellas, pero antes de eso, antes de los millones en los que se puedan valuar los bienes materiales, no debemos olvidar que todo se puede reponer, menos la vida; ya sea de un inocente, presunto delincuente o policía en cumplimiento de su deber (no en abuso del mismo). Me gustaría creer que todos somos invaluables para alguien y que ese alguien será capaz de hacer arder el mundo con tal de conseguir justicia por nosotros.

 
FOTO: REVISTA ESPEJO

6 sept 2016

La Iglesia se aferra a fomentar la discriminación

Marcha Nacional por el Matrimonio, los niños y la familia


“(1) Pero Jesús se fue al Monte de los Olivos. (2) Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose, les enseñaba. (3) Los escribas y los fariseos trajeron  a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, (4) le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. (5) Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres; ¿tú, pues, qué dices? (6) Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. (7) Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra”
Juan 8:1-7

Que todo aquel que esté totalmente libre de pecado pase a ensanchar las filas de la “Marcha nacional por el matrimonio, los niños y la familia”, organizada por El Frente Nacional por la Familia y la Iglesia Católica. Usted señor, usted señora, usted señor clérigo o sacerdote sin importar el rango, ustedes jóvenes amantes de la libertad, usted, sí usted, el que sea. Usted que es capaz de recitar los diez mandamientos sin sentir siquiera comezón en alguno de ellos, pase y tome su piedrita. Si usted no ama a Dios, fuera de la fila por favor, si usted codicia los bienes ajenos, roba, mata (aunque sea con el pensamiento), si usted ha cometido actos impuros, los ha imaginado siquiera, o ha dado un falso testimonio, ni se forme. Es infiel, vive en unión libre o tiene relaciones sexuales sin la bendición del matrimonio por la iglesia, usa algún método anticonceptivo, es divorciado, no va a misa todos los domingos o los días de guardar, pues entonces mejor no salga de su casa, porque usted no califica para venir a juzgar y lapidar a otros en nombre de Dios.


“La Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción”. “Toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto” evitando toda forma de agresión y violencia.
Papa Francisco

No hace mucho el Papa Francisco ofreció una disculpa pública en nombre de la iglesia a la comunidad homosexual mundial, esto coincidiendo con el ataque a un club gay en Orlando, Florida. Si usted  pone un micrófono y una cámara frente a él, y lo cuestiona en este tema, siempre responderá con alguna variante de “¿Quién soy yo para juzgar?”, para luego profundizar con algo como “toda persona debe ser respetada independientemente de su orientación sexual”; sin embargo, oficialmente se mantiene firme en asegurar que: “El sueño de Dios, es la unión de amor entre hombre y mujer”. Su postura sigue siendo “No a los matrimonios entre personas del mismo sexo”.

Hasta este momento (que yo sepa) no existe un comunicado oficial sobre la opinión papal hacia las marchas a realizarse en la República Mexicana. El santo pontífice ha recibido en sus propias manos las peticiones de las organizaciones que están detrás de esta manifestación de odio y discriminación, las cuales, asumo, siguen esperando su respuesta para abanderarse con ella. Hugo Valdemar, vocero de la Arquidiócesis de México, leyó en un comunicado de prensa que la Iglesia NO estará involucrada de manera directa en las manifestaciones convocadas en septiembre. Entonces ¿qué está pasando? ¿Estamos o no estamos? Aquí hay alguien que no está diciendo la verdad.


“Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio entre un hombre y una mujer como fundamento de la familia y motivo de alegría y vida para la sociedad y la humanidad, si así no lo hiciéramos con el fin de no contradecir la sensibilidad de algunos para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro humano, estaríamos privando al mundo de los valores y debemos aportar"
Cardenal Norberto Rivera Carrera

Con todo el respeto que me merece el Sr. Cardenal Norberto Rivera, que confieso que no es mucho, me gustaría recordarle que él, menos que nadie, está listo para ir a tirar piedras a aquellos que como él dice, tienen un sentimiento de inferioridad frente al descalabro humano. Es cierto que todos tenemos el derecho a manifestarnos, pero ¿por qué no nos dejamos de dobles caras y llamamos a las cosas por su nombre? ¿Por qué como Iglesia que tiene el mandato decir la verdad, no dejamos de tirar la piedra y esconder la mano?

La Iglesia Católica está instigando contra la libertad, contra los derechos humanos al fomentar la discriminación, el odio y la violencia. Estamos en pleno siglo XXI y tal como se menciona  en las sagradas escrituras, las mujeres siguen siendo lapidadas por adulterio, con el agravante de que adulterio puede significar estar bajo el mismo techo de un hombre que no es su marido. Ni siquiera significa que la toque o tenga relaciones sexuales con ella, con que la mire es suficiente.  ¿Esto le parece exagerado o arcaico? ¡Lo es, y está pasando! Mientras el país da un pequeño paso a la aceptación, a la tolerancia y por qué no decirlo, a la civilización, la Iglesia se aferra en ir hacia atrás.


Manifestarse en contra de los matrimonios igualitarios es manifestarse contra el derecho al voto de la mujer, es igual a decir que existen diferentes categorías de seres humanos y que tienen diferentes derechos, es como estar a favor de la discriminación racial. Para que me entienda le diré que es equivalente a estar de acuerdo con el discurso de odio de Donald Trump, sólo póngale una sotana al hombre para que vea si eso lo  puede hacer cambiar de opinión.

Tal vez la iglesia católica tenga derecho de aferrarse a posturas antediluvianas. Tal vez pueda “sugerir”  a sus fieles que tengan los hijos que Dios les quiera enviar y que rechacen los métodos anticonceptivos, tal vez tiene el derecho a negarse a bendecir un matrimonio entre parejas del mismo sexo o a negar la comunión a quienes viven en amasiato o se divorcian. Todo esto y más lo puede hacer, digamos que “es la política de la compañía”, pero, y éste sí que es un pero muy grande, uno de los pilares de esta iglesia es el “Libre Albedrio”. Dentro de su filosofía, qué digo filosofía, por derecho divino, porque es algo que dicen que Dios nos dio,  existe la libertad de elegir. Ahora, que si aunamos eso  al contexto legal de nuestro país, les recuerdo que existe una separación entre La Iglesia y El Estado que les prohíbe interferir en los procesos legislativos civiles. La Iglesia puede no estar de acuerdo con el divorcio o con los matrimonios igualitarios (al caso es lo mismo), pero no puede interferir con las leyes que los amparan. Vivimos en un Estado laico que nos da la libertad de culto, someter a la sociedad a dictados de moral religiosa es una actitud fundamentalista tal como lo es la sharia o ley islámica. ¡Ah verdad! De repente hasta parecemos católicos extremistas, y es que estas posturas lo son.


La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) llamó a participar en las marchas en defensa de la familia y en contra del matrimonio igualitario y la ideología de género, que organizan grupos que forman el Frente Nacional por la Familia, con la finalidad de expresar la voluntad de los organizadores y participantes para pedir dignidad y respeto en sus “legítimos derechos”. Con la pena CEM y frentes que lo acompañan, pero los derechos legítimos de los mexicanos son los que ampara la ley, nada más.

El miedo y la ignorancia conducen a la discriminación. La comunidad homosexual no está atentando contra nadie, ni pretende crear un nuevo orden social. Un matrimonio gay no causa daños físicos, psicológicos y espirituales, como lo asegura el Frente Nacional por la Familia, al menos, no necesariamente; y en caso de hacerlo entraría en el mismo rango de daño que los matrimonios heterosexuales pueden causar, con la diferencia que estos últimos son mayoría. La estabilidad emocional, el ingreso promedio de los hijos  de una pareja no depende de la orientación sexual de sus padres. Tampoco depende de ello su salud física y mental. Por favor no seamos absurdos,  o alguien me puede explicar, ¿de qué tipo de matrimonio vienen todos los que ahora están en la cárcel, sin trabajo, en terapia psicológica, en algún tipo de rehabilitación, hospitalizados y/o en tratamiento médico? 


Los seres humanos somos producto de nuestras decisiones, sufrimos los mismos problemas emocionales, psicológicos o psiquiátricos sin que nuestra orientación sexual tenga que ver con ellos. Difundir información falsa sólo alimenta la ignorancia y el odio. Es cierto que el núcleo familiar es una parte fundamental en nuestra vida y nuestra formación, pero los valores que de ahí se adquieren tienen que ver con la calidad moral de la persona, no con una religión o con la preferencia sexual que los padres tengan. Tenemos la libertad de estar o no de acuerdo con cualquier cosa, pero no podemos ir engendrando odio. Tolerancia, aceptación, amor y respeto son los valores que cada familia debería inculcar a sus hijos. Antes que cualquier etiqueta que nos puedan poner, somos seres humanos y es nuestro derecho, tener los mismos derechos.



Señores líderes de la Iglesia Católica, por favor, por amor a Dios, sean congruentes con lo que profesan. Tienen un gran poder sobre sus fieles, no encaminen ese poder a la discriminación. Como ya ha quedado demostrado anteriormente su poder de convocatoria es gigantesco; tal vez sería bueno recordarles que vivimos en un país en donde diariamente mueren 7 mujeres víctimas de feminicidio, que vivimos en un país con decenas de miles de desaparecidos, que México ocupa el primer lugar en abuso sexual infantil y que cada año nacen más de 10 mil bebés de madres niñas, y todas, absolutamente todas estas víctimas vienen de una familia heterosexual, de ese tipo de familias que ustedes dicen defender. ¿No sería más provechoso manifestarse por cualquiera de estas causas? Digo, porque hasta ahora sólo una familia homosexual en México ha conseguido la adopción  legal de una niña y una más está en trámite.

Si hay algo que no puedo olvidar de la educación católica que recibí en casa es que, Dios es amor, Dios te acepta tal y cómo eres. Espero no estar viviendo una fe de mentiras.




Fotografías tomadas de internet. Autor desconocido. 



30 ago 2016

Desapariciones Forzadas en México

Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas

Las desapariciones forzadas se usaban frecuentemente en las dictaduras militares, hoy en día, la desaparición forzada  se utiliza como un instrumento de la política de Estado para intimidar a la oposición y acallar la protesta pacífica.

En México las desapariciones forzadas alcanzan cifras escandalosas, sobre todo si pensamos que vivimos en una democracia, que no se ha desatado una guerra civil en nuestro territorio y estamos en un país en donde se supone que no hay violencia política.  Amnistía Internacional (AI)  denunció hace unos  días a los gobiernos que emplean las desapariciones forzadas para acallar a grupos opositores, o para perseguir a las minorías étnicas.  El nombre de México figura entre los tres países con los índices  más altos en este rubro, compartiendo la marquesina de la deshonra con Egipto y Siria.


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pidió a México reconocer  la “gravedad de la crisis de derechos humanos que enfrenta” y no tratar de “minimizarla hablando de casos aislados”. Según el Registro Nacional Gubernamental en México hay 27, 659 “casos aislados” de personas desaparecidas o no localizadas. Entre enero de 2014 a junio de 2015 se tiene un reporte de 820 personas desaparecidas. Aunque las cifras cambian radicalmente de un registro a otro, y muchas de las familias no denuncian los hechos por temor a represalias, el cerco de todas estas desapariciones se cierra cada vez más cerca de nosotros. Nuestros vecinos, conocidos, familiares, están desapareciendo; lo peor es que no se puede decir que “sin dejar rastro”. Existe un rastro, existen testigos presenciales, pero el rastro se pierde al llegar a las autoridades.

Los Estados más afectados  con este problema son Guerrero, Veracruz y Tamaulipas, en donde la presencia del narcotráfico es evidente. Sin embargo estos casos están más ligados a la presencia militar. Según el último informe anual del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU las desapariciones forzadas han tenido sus puntos más álgidos en tres momentos específicos de la historia de México. En los años setenta, correspondiendo a la guerra sucia. En 1994, coincidiendo con el conflicto armado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y durante el sexenio de Felipe Calderón, extendiéndose hasta el actual gobierno. Todos estos momentos históricos tienen en común la participación del ejército en tareas del orden público y seguridad.  


La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha argumentado que: “las fuerzas armadas carecen del entrenamiento adecuado para el control de la seguridad ciudadana y corresponde a una fuerza policial civil, eficiente y respetuosa de los derechos humanos, combatir la delincuencia y la violencia”. También señala que: “para el buen funcionamiento de un sistema democrático las actividades de investigación criminal e inteligencia deben corresponder a fuerzas policiales civiles que estén sometidas a los correspondientes controles por parte del Parlamento o, en su caso, del sistema judicial”.

Por desgracia para México las cosas no son tan sencillas, los malos manejos y la corrupción alcanza hasta a las dependencias más “pequeñas”. Las organizaciones civiles  se quejan no sólo de una insufrible burocracia que obstaculiza los tramites y las investigaciones, sino de la ineficiencia de las autoridades municipales. La activista Alejandra Nuño Ruiz Velasco, del Movimiento Nacional por Nuestros Desaparecidos en México, urgió a actuar para frenar esta crisis donde está demostrada la participación de las autoridades. "En muchos de los casos se ha demostrado la corrupción, colusión y tolerancia de las autoridades municipales. Lo paradójico es que el 96,5% de los casos es investigado por tales instancias locales".


En los últimos años, a partir de septiembre del 2014 para ser exactos, México no deja de figurar en el escenario internacional como el reflejo de la impunidad. Es sumamente vergonzoso ser señalados como país en el informe con motivo del Día Internacional de las Víctimas de Desaparición Forzada. En dicho informe se denuncia la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa que fueron atacados por la policía y hombres armados en Iguala. Casi dos años después, sólo se ha encontrado el cuerpo de uno de ellos, mientras que los 42 restantes continúan con paradero desconocido. El secretario general de AI, Salil Shetty  señala que este caso es “emblemático” en una larga lista de personas desaparecidas en un país “en el que persiste la impunidad y donde esta práctica continúa estando generalizada”.


En este día tan doloroso para miles de familias mexicanas, reafirmamos nuestra solidaridad con su causa, que cada vez está más cerca de ser nuestra causa. A todas esas madres y padres de familias que buscan debajo de las piedras aunque sea los restos de sus hijos, nuestra admiración y respeto. Los movimientos que encabezan las decenas de organizaciones civiles en pos de la búsqueda de las personas desaparecidas han logrado hacer voltear los ojos de todas las organizaciones internacionales que defienden los derechos humanos y que son, las que desde afuera, presionan al Gobierno mexicano para esclarecer estos hechos.


Las desapariciones forzadas NO SON CASOS AISLADOS, son casos de corrupción e impunidad que la sociedad demanda que se resuelvan ¡YA!



Fotografías tomadas de internet. Autores desconocidos. 

8 ago 2016

Sexismo en el Lenguaje

Lenguaje Políticamente Correcto
Vs
Comportamiento Políticamente Correcto


Ligado a lo que es el feminismo radical, nos llega como un efecto colateral la monserga que está resultando  lo que es “Políticamente Correcto”. El pleito de las feministas, y no se diga de las feministas radicales, tiene que ver con el sexismo en el lenguaje, aunque lo políticamente correcto abarca muchas cosas más. Así que vamos a desmenuzar, al menos de manera parcial, este problema social que nace de una noble intención, pero que se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza… y de oídos.

    Comencemos con la definición, en esto de los debates siempre es de vital importancia unificar los conceptos para asegurarnos de estar hablando de la misma cosa, por aquello de que no nos vayan a linchar. Y aquí, justo en la definición, nos topamos con el primer problema.
   
La definición al concepto no existe en el diccionario de la RAE, existe políticamente,  y correcto por separado, cosa que no nos sirve de mucho para este fin; pero cuando nos enteramos que Darío Villanueva, director del Diccionario de la Real Academia Española, ha dejado muy claro que la RAE nunca hará un diccionario políticamente correcto, una luz brilla en el horizonte. Aunque sabemos que la RAE no está libre de todo pecado, me complace saber que Don Darío Villanueva y yo estamos de acuerdo en algo: "las palabras sirven para requebrar, seducir, honrar, pero sirven también para insultar, ser injustos y canallas". "No tiene sentido un diccionario sólo con las palabras bonitas; deben estar todas las que existen"

   Cuando una lógica de este tamaño  te aplasta, lo mejor es quedarse calladito y sin moverse, pero prometí una definición y se las voy a dar. Para Wikipedia, “Políticamente Correcto” es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura MINIMIZAR la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. Minimizar la posibilidad de ofensa,  no se refiere a la eliminación de la ofensa en sí.  ¿Estamos?

   Cambiar nuestro lenguaje no significa cambiar de ideas, de actitud y mucho menos de comportamiento. Dígame usted, ¿para qué carambas queremos un racista, pederasta, asesino, terrorista, violador, machista, o el imbécil (o “imbécila”) que guste,  siendo políticamente correcto? ¡Para nada! No necesitamos recibir el veneno envuelto en algodones rosas, o un puñal, o una bomba con un toque de poesía.

   La corrección política promueve la igualdad sin hacer reparos en razas, cultura, sexo, religión, orientación sexual y muchos etcéteras más, lo cual es magnífico. Estoy en total acuerdo con PROMOVER la igualdad, pero condeno el hecho de que promover la igualdad se convierta en una cacería de brujas (o brujos).

   
Como bien dice mi madre, y mi abuela, y mi bisabuela antes que ella, “el que busca encuentra”. Si alguien quiere encontrar sexismo en el fondo del mar, en el fondo del mar estaremos plagados de él. Yo ya no sé qué es lo peor que vive en nuestro subconsciente, si el sexismo  o el fantasma de él. Volviendo a mi filosofía genética, le diré: no busque moros con tranchete, tal vez usted es más sexista o más políticamente incorrecto que la persona que está señalando como tal, asegúrese de que no sea así antes de señalar a alguien.

   Algunos movimientos feministas de unas cuantas décadas atrás, consideraron que los títulos reflejaban discriminación contra la mujer. Es por eso que hoy somos torturados fonéticamente con palabras como: presidenta, estudianta, jueza, médica, ministra y hasta el infinito. Lo admito, estoy exagerando; estoy siendo irónica y sarcástica, pero es con buenas intenciones.


   Tal vez hay un poco, o un mucho de inseguridad en mí, tal vez soy más sumisa o más ciega a la discriminación que  los títulos  puedan ejercer en mi persona. Por otro lado, estoy convencida de que puedo tener la capacidad de insultar y hacer notar mi odio hacia la humanidad utilizando palabras políticamente correctas, como sexoservidora en lugar de puta, con capacidades diferentes, en lugar de inválida o discapacitada, afroamericana en lugar de negra. Recordemos que la intención no cambia, lo que nos están forzando a cambiar son las palabras, no la actitud.

   Si vemos las cosas, o si al menos intentamos verlas de una manera justa, nos saltaría a la vista quiénes son más sexistas, y siento decirle que somos nosotras, las mujeres, las que tenemos ese problema. Apenas uno que otro hombre comienza a renegar por los nuevos roles de los sexos, y lo hacen por el impacto mediático que todo esto ha tenido, porque de otra manera ni se enteran. Es algo que los tiene muy sin pendiente.


  
 Le voy a poner un ejemplo muy reciente, ¿recuerda usted el escándalo desatado por el espectacular que hacía promoción a la película X Men Apocalypse?  ¿Recuerda si algún hombre antes de eso se quejó de la violencia contra los hombres que transmitía el personaje de Mystique? ¡Claro que no! La 20th Century Fox, ni ninguna otra compañía cinematográfica, se tuvo que disculpar antes porque alguno de sus personajes femeninos incitara a la violencia de género, y mire que cada vez son más las mujeres que patean traseros masculinos en la pantalla. 

   
Ningún hombre, macho, masculino ha  iniciando  una protesta porque no pudo acceder a un trabajo en donde sólo contrataban mujeres, tampoco han manifestado  indignación porque no existe el masculino de alguna palabra. Y con esto no quiero desvirtuar el movimiento que pretende dotarnos de un lenguaje no sexista, sólo quiero hacer hincapié en que estamos rayando en lo absurdo. 


   La equidad de género tiene dos sentidos. Si vamos a abogar por ella, debemos incluir a los dos géneros. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a llevar esa equidad? Chicas, esto es un arma de doble filo y estamos a punto de apuñalarnos con ella.

   
“Ten cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad”. Y conste que no estoy negando todo lo bueno que puede venir si todos nos comportamos y expresamos de una manara políticamente correcta. Con todo y que añoro ese característico humor de los mexicanos, que sí, lo reconozco, era muy cruel, más no era mal intencionado. Reconozco también que existe el sexismo en muchos sectores culturales, pero recordemos que hombres y mujeres somos diferentes y nos gustan cosas diferentes. Aceptemos el hecho de que veremos películas sexistas, leeremos libros sexistas, tendremos esculturas, o cualquier manifestación artística que se le ocurra con una inclinación sexista; y sexista puede ser femenino o masculino. Eso es parte de la libertad de expresión.


   Si yo puedo babear y tener sueños eróticos con cada escena que Chris Hemsworth,  Jason Statham o Hugh Jackman se quitan la camisa en una película, ¿por qué los caballeros no pueden hacer lo propio con Charlize Theron, Margot Robbie y Alicia Vikander? ¿Se imaginan al nuevo Tarzan, Alexander Skarsgård,  hablando del sexismo en Hollywood al igual que Jenifer Aniston? ¿Lo pueden imaginar ofendido por ser visto como un objeto sexual? Ya quisiera yo que fuera MI objeto sexual. La vida es tan injusta.

   Hay una delgada línea que divide lo políticamente incorrecto de una broma, lo políticamente incorrecto de la libertad de expresión, lo políticamente incorrecto de la hipersensibilidad, la intolerancia y el prejuicio cultural. Confundirse es muy fácil.  Estamos intentando corregir un daño ancestral, pero lo estamos convirtiendo en un nuevo maniqueísmo. Estamos siendo no sólo absurdos (as), sino injustos (as), porque resulta que el mal siempre está en otros (as) y no en mí. Yo te señalo. Yo estoy bien. "El infierno son los otros", decía Jean Paul Sartre. ¿Están listos (as) para ser señalados (as)? ¿Están todos y todas libres de pecado?

 
  No conviertan la expresión verbal en un autoengaño, y les repito, no busquen problemas en donde no los hay. Están despertando una conciencia que quiere hacer daño, una conciencia que se pone en guardia porque un adjetivo no tiene una “a” al final, están en guerra porque existen palabras asexuadas.

   El lenguaje nos condujo a la evolución, el lenguaje tiene una parte importantísima en nuestro funcionamiento cerebral, es lo que nos separa de las razas animales. Nos da conocimiento y nos permite trasmitirlo.  El lenguaje abarca todas las cosas buenas y malas del mundo, porque es necesario nombrar y comprender cada una de ellas, el lenguaje tiene un gran poder. Encaminemos ese poder por el buen camino.


Ilustraciones tomadas de internet. 


22 jul 2016

Feministas vs Feminazis

Feminismo distorsionado es igual a “Feminazi”

La sociedad actual tiene a sus máximos exponentes en guerra, hombres y mujeres se pelean como insaciables depredadores el liderazgo de la cadena alimenticia. El concepto de igualdad entre los sexos se ha distorsionado al grado de buscar la superioridad, no la equidad. Si bien es cierto que la sociedad y nuestro entorno han influido en lo que somos, les quiero recordar que fue la madre naturaleza la que tuvo a bien crearnos con características diferentes, dando tanto a hombres como a mujeres las “armas” necesarias para sobrevivir, repito, para sobrevivir, no para matarse unos a otros.

   Si hablamos de los orígenes de la especie, recordemos que la aparición del Australopithecus se remonta a cuatro millones de años, mientras que  el origen del último eslabón conocido de la  evolución del hombre, el Homo Sapiens Sapiens, ocurrió hace 150 mil años (años más años menos, las publicaciones no se ponen de acuerdo), dando como resultado humanos con un cerebro más pequeño, pero neurológicamente superiores.

    Entonces, saque cuentas, si entre el primer hombre que caminó erguido y lo que se conoce como el “hombre moderno”  hay 3.9 MILLONES de años de evolución, y entre el hombre moderno y  usted hay 150  MIL años, ¿qué tanto cree que ha evolucionado desde entonces?

   
 Definir al ser humano (hombre o mujer) como un animal de instintos es algo muy delicado. Nuestra evolución biológica, la educación que ha recibido nuestra especie, la presión social, la influencia de las diferentes ciencias, corrientes filosóficas y/o religiosas, hasta lo que es políticamente correcto, nos ha puesto a parir chayotes por miles y miles de años.

   Nuestra especie, como todas las demás, tiene hembras y machos. Cada uno de ellos dotado de diferentes características e instintos. Los machos y hembras humanos, nunca, nunca, nunca de los “nuncas” van a ser iguales. O tal vez sí, pero en unos cuantos millones de años.

   Estamos en uno de los momentos más álgidos de las relaciones hombre-mujer. Hombres emasculados y mujeres "empoderadas" en mal sentido. Y aquí me quiero detener un momento para afirmar que no voy en contra de ninguno de los dos, al contrario, estoy tratando de ver esa guerra desde un punto fuera de conflicto y dando una opinión.

    Las mujeres nos hemos sentido menospreciadas y oprimidas por siglos, la educación que recibimos nos proyecta a cambiar esa postura de víctima, lo cual no sólo es válido, sino que es urgente. El feminismo ha venido a cambiar, para bien, el panorama de las mujeres, sin embargo, en vez de mejorar, digamos que de finales del siglo XX para acá, se ha distorsionado el concepto convirtiéndose en algo que ahora conocemos como “feminismo radical” o “feminazi”.


    Por definición entendemos, que feminismo es la filosofía que defiende que las mujeres deben tener los MISMOS DERECHOS que los hombres. Punto y nada más. 

    Feminazi según Wikipedia, porque en la RAE no existe, es un término, tanto adjetivo como sustantivo, usado en sentido peyorativo para referirse a feministas que son percibidas como radicales o que promueven la vulneración de derechos de los varones. Por último, y en lo que esperamos que el Diccionario de la Real Academia Española y Arturo Pérez Reverte se pongan de acuerdo, entendemos por empoderamiento: la adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para mejorar su situación (no para colocarse en una posición de superioridad).

    El feminismo no dice nada de compartir alguna otra característica de género con los hombres. Las verdaderas feministas no quieren ser físicamente más fuertes para ponerle en su madre a cuanto macho les pase por enfrente. Las feministas no quieren ni tener pene, ni andar por ahí cortando falos para demostrar su superioridad. Ser feminista no nos dota de una inteligencia superior o nos hace aptas para desempeñar un puesto de trabajo para el que no estamos calificadas. Ser feminista no es igual a ser lesbiana (al menos no necesariamente), ni el feminismo es lo contrario al machismo, como mucha gente supone. Las feministas no necesitan pintarse las axilas de colores, o abortar sólo porque puedo, porque “mi cuerpo mi decisión”.

  
  Todo este caos entre los sexos está infectando nuestras vidas y nuestra sociedad a través de nuestra educación y cultura. Todos lo sufrimos, porque no nos queda de otra, el feminismo radical lo padecen hombres y mujeres, de la misma manera que sufrimos el machismo, la discriminación y otros tantos menesteres.

    La biología evolutiva señala a los machos de nuestra especie  (y de todas las especies) como violentos, lo cual tiene que ver con su instinto de supervivencia. El macho no solo lucha por su vida, sino también por la de su “manada”, sobre todo por la vida de su hembra. Las hembras al ser físicamente más débiles se unen al macho por protección y por el instinto de reproducirse de ambos.

    La mayor misión en la vida de un macho, es eso, ser macho; ser el macho dominante, el macho alfa. Imagínese el paquetote que es lidiar con esa meta en la vida. ¿Cuántos machos alfa hay en una manada? ¡Uno! Y ¿por qué quiere ser el macho alfa? Pues para que la hembra lo escoja a él. Las hembras prefieren a los machos más fuertes. Entre nuestros parientes más cercanos, los primates, el hombre es quien tiene el pene más grande. Eso es una prueba innegable de que la selección natural en este punto se inclina en favor de las hembras, fueron ellas las que dictaron este cambio y muchos otros más en su beneficio.


    Ahora ¿cuál era la meta en la vida de las hembras de las cavernas? Pues conservar al macho que la protege. Lo cuida, lo alimenta, lo complace sexualmente, se somete ante él. Y ¡mucho ojo con esto! No me mate todavía, deme unas líneas para explicarlo. Cuando otro miembro de la manada se convierte en el más fuerte, automáticamente el alfa actual desaparece. Para las hembras la sumisión es parte de su poder sobre el macho, no le conviene castrarlo, no es más fuerte que él, las posibilidades de que lo supere en combate son mínimas. Y entonces piensa… un macho debilitado no le sirve para sobrevivir.

 
   Los machos reaccionan de manera violenta contra todo aquello que amenace su poderío, es instinto. En algunas especies llegan a matar a las crías machos, por aquello de no darles tiempo a que se fortalezcan. ¿Usted cree que un macho va a tolerar que una hembra lo enfrente? ¿Que una hembra quiera tomar el poder que otro macho no pudo quitarle? Las superioridad de las  hembras  no le vienen bien. ¿Ya me está entendiendo por dónde voy? Recuerde que estoy hablando de lo que pasaba hace más de cien mil años.

    Seguimos,  vamos de regreso a la época actual,  después de miles de años de evolución, y aclarando que evolución no quiere decir que las cosas son mejores que antes, porque no estamos hablando de computadoras, autos o pantallas de televisión. Estamos hablando de la manera en que nos hemos adaptado para sobrevivir, de lo que hemos dejado atrás porque dejó de sernos útil,  o de características que estaban y ahora no están, o viceversa.

    Nuestros instintos primitivos siguen ahí, están ubicados en la base cerebral, lo que vamos aprendiendo los va modificando y conforme más se educan más se acercan a la superficie. En la corteza cerebral está lo que nos hace “civilizados”, aunque algo en el sótano de patadas de vez en cuando. Es por eso que los hombres ya no traen un tronco en una mano y a la mujer arrastrando de las greñas en la otra. Los instintos primitivos se han domesticado, al menos en la mayoría de nosotros.


   
 Entonces, volviendo al asunto feminazi, tal vez ahora pueda entender más claramente por qué los hombres las desprecian por sentirse amenazados y porque muchas otras féminas no están de acuerdo con ellas. La mujeres necesitamos que se respeten nuestros derechos (al igual que los hombres), queremos tener libertad de estudiar, trabajar, de tener hijos si queremos, de tener la vida y la orientación sexual que se nos dé la gana llevar. Queremos que la violencia de género termine, que nuestros salarios sean equivalentes a los de un hombre en el mismo puesto y con las mismas responsabilidades. Eso queremos en general, aunque yo agregaría también el deseo de comer y no engordar. El empoderamiento de la mujer (cosa con la que estoy muy a favor), no requiere la degradación del hombre... y viceversa.

    Con esto quiero recalcar lo que la educación ha hecho por nosotros como especie. La educación nos lleva a  alcanzar esa equidad entre los sexos, y no estoy hablando de grados de supremacía universitaria, estoy hablando de una educación básica incluyente y tolerante. Es importante no perder de vista que los seres humanos no fueron creados para ser iguales, que uno de ellos fue hecho más fuerte para proteger al otro. Tras miles de años de evolución, y porqué no decirlo, de abusos, las mujeres han conseguido cambiar muchas cosas, pero a pesar de eso todavía hay en el mundo millones de mujeres maltratadas de alguna manera.  Eso debe cambiar, pero no creo que deba cambiar el orden de los factores, es decir, que el rol de víctima no debe caer sobre los hombres. Lo que necesitamos es una trasformación social.



    
Ahora, a manera personal, y en este punto cada quien se inclina a donde quiera, le confieso que a mí me encanta la idea de sentirme protegida, de sentirme segura y no amenazada por el hombre que está a mi lado. Me gusta la idea de ser madre y decidí libremente entre mi vida profesional y la familiar. Me considero una mujer inteligente, muy inteligente, a la que cocinar o hacer el aseo en la casa no denigra, al contrario, me hace muy feliz, tengo la psicosis del trapito ¿qué le vamos a hacer? Me gusta cultivar y cuidar las plantas. Me gusta tener la libertad de hacer lo que yo quiera, siempre y cuando no perjudique o viole el derecho de alguien más. Me gusta que me abran la puerta o me acerquen la silla, jamás pensaría que alguien me toma como idiota por eso. Para la sumisión, acá a la sorda le diré que tengo mis atenuantes, pero como mi vida íntima no le importa, pues me guardo mis comentarios. ¿Qué quiero decir con esto? Que no todas las mujeres queremos lo mismo, seguro los hombres tampoco.

    Los términos de igualdad se están pervirtiendo en pos de la superioridad de la mujer y la discriminación del hombre. Nos estamos convirtiendo en lo que estamos tratando de erradicar. Violentar las relaciones no beneficia a nadie. No sería capaz de disfrutar un mundo sin feminicidios teniendo a cambio la discriminación y la violencia contra los hombres. No disfrutaría mi derecho de estudiar, de superarme y de destacar profesionalmente encajando mis tacones sobre un hombre, que por ser hombre, no tiene las mismas oportunidades que yo.

    
En verdad no me importa que se me especifique el género de los adjetivos que usamos, de hecho me duelen los oídos con aquello de “presidente y presidenta” “contentos y contentas” “mexicanos y mexicanas”. O soy inmune a la discriminación que esto pudiera representar o sencillamente tengo mejores cosas de qué preocuparme. No tengo problema con que en los puestos de gobierno exista o no la misma cantidad de plazas asignadas a mujeres y a hombres, quiero asumir que cada quien se gana su lugar de acuerdo a sus capacidades, no a su sexo.


    Señora, señorita, no llene su vida de odio. No se deje, pero tampoco abuse. Sea libre, pero no  a costa de esclavizar a alguien más. Sea fuerte porque quiere serlo, no porque tenga algo que demostrar. Tenga hijos, no tenga hijos, estudie y sea una profesional exitosa. Gane todo el dinero del mundo porque su trabajo lo vale, pero no fije su valor en el dinero.  Cocine no cocine, agarre el trapeador o no lo agarre, que le abran la puerta del auto o atiéndase usted solita, escoja arriba o abajo en la cama, haga lo que le dé su real gana hacer, sin pensar que lo hace porque las mujeres son superiores que los hombres. Los seres humanos merecemos la soberanía en nuestras decisiones, merecemos respeto y ser tratados con dignidad. Ejerzamos ese derecho con responsabilidad y justicia.



Fotografías e ilustraciones tomadas de internet. Autores desconocidos.