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1 jun 2018

Alfarería en la cocina


Belleza  en la cotidianidad


“En la artesanía hay un continuo vaivén entre utilidad y
 belleza; ese vaivén tiene un nombre: placer.
 Las cosas son placenteras porque son hermosas.
La conjunción copulativa disyuntiva define al arte
 y a la técnica: utilidad y belleza. El objeto artesanal
satisface una necesidad no menos imperiosa que la sed
y el hambre: la necesidad de recrearnos con las cosas que
vemos y tocamos, cuales quiera que sean sus usos diarios”
Octavio Paz

La alfarería es uno de los oficios más antiguos de la humanidad, es el arte más practicado en México. Por siglos los alfareros han transformado la tierra de sus lugares de origen con sus manos, para convertirla en objetos utilitarios, decorativos o ceremoniales.  Con base en una necesidad elemental, como puede ser el resguardo de la comida y bebida se han elaborado piezas no sólo útiles, sino que además expresan un pensamiento ancestral y una sensibilidad artística relacionada con sus creencias o tradiciones, dando como resultado piezas bellísimas.


Los mexicanos recreamos, tanto en nuestra memoria como en el paladar, los sabores del agua de cántaro, el café en jarro y los frijoles en olla de barro, entre otras tantas cosas. El uso de otros materiales como el acero, aluminio y hasta el plástico nos han facilitado muchas cosas en la cocina, pero no hay nada que agregue sabor y belleza a los alimentos como lo hace el barro.


En los últimos años la cocina mexicana ha intentado huir de la modernidad, regresar a sus orígenes, tal vez es hoy el momento en que queremos aprender de nuestras abuelas o de las cocineras tradicionales  antes de perderlas para siempre. Más que convertir a la alfarería en una moda, muy cara por cierto, nos aferramos al recuerdo y a los sabores que evocan la calidez del hogar que se forjaba con piedra y lodo, mientras los leños crujían en la cocina.


Muchas piezas de alfarería perdieron su belleza ante nuestros ojos al convertirse en objetos cotidianos. En muchos hogares fueros repudiados por su origen humilde, los despojaron de cualquier asomo de arte que pudiera existir en ellos. Tanto la alfarería utilitaria como algunos alimentos fueron eliminados de nuestra mesa porque cargaban con ellos la etiqueta de la pobreza. Los platos de barro sucumbieron a las vajillas francesas, aunque éstas fueran de imitación, porque lo único que importaba era “dar el gatazo”.


Hoy, literalmente, estamos pagando caro nuestro error, pero no todo está perdido, todavía podemos tener acceso a algunas de estas piezas de manera accesible, hasta nos podemos dar el lujo de utilizarlas como parte de la decoración y presumirlas con orgullo.


Los  colores de las piezas y las técnicas de nuestros alfareros hablan de alguna región del país. Barro rojo, negro, verde. Los modernos tonos mate,  talaveras azules, el petatillo o el bruñido y cientos de variantes más, convierten a cada pieza en única e irrepetible, sin importar que usted utilice el cántaro tan solo para beber agua.


Fotos: Patricia Bañuelos


14 ago 2017

Día Nacional del Cine Méxicano

Documentalistas, algo que celebrar 

México fue el primer país del continente americano en proyectar una película. Mientras que en EEUU Thomas  Alva Edison bloqueó el acceso del cinematógrafo, el General Porfirio Díaz recibía en audiencia privada, en uno de los salones del Castillo de Chapultepec a Claude Ferdinand Von Bernard y a Gabriel Veyre, los proyeccionistas enviados por Louis y Auguste Lumière a México el 6 de agosto de 1896. El cinematógrafo se presentó a prensa una semana más tarde y un día después, el 15 de agosto, se llevó a cabo la primera función de cine abierta al público en nuestro país, con la película: “Llegada de un tren”. La cinta  se proyectó en el sótano de la droguería Plateros, muy cerca de donde, unos años después, se ubicaría la primera sala de cine en México: El Salón Rojo.

El Senado de la República aprobó conmemorar a partir de este año, y cada 15 de agosto, el Día Nacional del Cine Mexicano. Con esta iniciativa se busca reconocer las aportaciones de la cinematografía nacional, así como destacar esta expresión como un elemento de identidad nacional y como un representante de la libertad de expresión.

El cine en México ha tenido maravillosos momentos, con nostalgia recordamos su bella y lejana ya, Época de Oro. Dentro de la filmografía mexicana hay cientos de personajes por mencionar, mas no mencionaré a ninguno por no pecar de exclusión, solo diré que hemos tenido extraordinarios cineastas, galanes a caballo, divas hermosas y magníficos comediantes. Pasamos por los “Western” mexicanos, por el cine de luchadores y hasta el cine de ficheras. En los últimos años viene ganando terreno el cine de animación y sobre todo,  el cine documental.


En el 2016 se produjeron en México 162 películas, un récord histórico en la historia de nuestro cine,  registrando más de 30 millones de espectadores. Pero, y aquí viene un gran pero, las opiniones en cuanto a la calidad de las cintas nos llevaron a pensar en lo acertado o no de los fondos destinados a la producción de cine en el país. Presupuestos millonarios que sí, en efecto, abarrotaron las salas de cine, pero saturaron los anales cinematográficos nacionales de cine chatarra. Es por eso que para celebrar este día y como buena “chaira” que soy, mi homenaje al Cine Mexicano está dedicado al cine documental.

Los documentalistas mexicanos están en su mejor momento, casi podría decir que están: “envalentonados”, porque en una realidad como la que vivimos en este momento, hacer  cine documental en nuestro país no deja de ser peligroso. No solo es el tema, que para bien o para mal, tiene muchas vertientes. Si tomamos los documentales como un instrumento de protesta o como una llamada de atención a determinada problemática, entonces las opciones se multiplican, porque el cine de conciencia nos obliga a tocar temas como: migración, violencia contra la mujer, discriminación, conflictos estudiantiles e indígenas, desapariciones forzadas y narcotráfico. Los documentales abarcan también el rescate de personajes históricos o tradiciones, hasta temas ecológicos.

Así que aquí tienen algunos de los mejores documentalistas de México, un tipo de cine que por desgracia no rompe records de taquillas, pero que cuenta con la entrega, el desinterés económico y la destreza fílmica de estos cineastas.

Leobardo López Arretche

Leobardo López Arretche dejó su marca con El Grito (1968) uno de los pocos testimonios cinematográficos del movimiento estudiantil del 68 que sobrevivió la censura. Tras dos meses como preso estudiantil, López Aretche fue encargado de dirigir y dar orden al material reunido, un total de ocho horas de grabación.



Nicolás Echevarría

Este nayarita ha destacado por su particular interés en la religiosidad indígena como en María Sabina (1979), una curandera legendaria de la Sierra de Oaxaca, quien solía utilizar hongos alucinógenos en sus ritos de sanación. Su conexión con la cosmogonía huichol y cora de la Sierra Madre Occidental lo han llevado a abordar este tema en repetidas ocasiones: Hikure-Tame. La peregrinación del peyote entre los huicholes (1975), Judea: Semana Santa entre los coras (1974) y también de él recordamos su último trabajo Eco de la montaña (2014).




Arturo González Villaseñor

El tema de la migración en México tiene muchos ángulos para explorar, y en los últimos años los documentales sobre este tema han hecho mucho eco en todo el mundo. González Villaseñor no ha logrado producir nada más desde Llévate mis amores (2014), en donde nos ofrece una visión íntima de Las Patronas, un grupo de mujeres desde 1995 preparan y entregan alimentos pagados por ellas mismas a aquellos migrantes que viajen sobre “La Bestia”.
En la sección de migración también quiero mencionar a Juan Manuel Sepúlveda por La frontera infinita (2007) y Al otro lado (2005), de Natalia Almada.



Roberto Hernández

Originario de Monterrey y de formación abogado, Roberto Hernández cimbró la escena documental mexicana con Presunto Culpable (2008), la cual codirigió junto con Geoffrey Smith. El documental que narra la historia de José Antonio Zuñiga y su lucha en contra del Sistema Penal y Judicial mexicano por un asesinato que no cometió. Esta cinta fue retirada de las pantallas por una demanda impuesta en su contra, de la que salió libre de culpa. Este evento no hizo más que aumentar el número de personas que asistieron a verlo. Previo a este documental y sin tener experiencia como cineasta realizó un cortometraje documental titulado: El Túnel (2006) con la intención de aclarar la percepción del sistema judicial.




José Cohen y Lorenzo Hagerman

H2OMX (2013) Documental que resulta un llamado urgente a la acción y al compromiso de los ciudadanos y gobiernos, alertando que para el año 2025 podría agotarse el suministro de los mantos acuíferos en la Ciudad de México. José Cohen se anima en la dirección después de producir varios documentales. Él,  junto con Lorenzo Hagerman lograron un documental imprescindible en el rescate ecológico del país.



Everardo González

Sin duda uno de los mejores documentalistas mexicanos, su producción no solo es fructífera sino que es de una excelente calidad, de él destacan: Cuates de Australia (2011). El Paso (2016), una historia sobre las familias de aquellos que alguna vez fueron nuestros ojos y nuestra voz, pero fueron amenazados, y tuvieron que salir de México y obligados a vivir en el exilio, y su última producción: La Libertad del Diablo (2017), documental psicológico en el que nos acercaremos a algunas de las maneras en las que el fenómeno de violencia mexicana se ha insertado en nuestro inconsciente.




Alejandra Islas

Las mujeres también han dado mucho de qué hablar (bien) en el terreno documental, Alejandra Islas es una excelente representante de ello. Entre sus trabajos tenemos: Polvo en el viento (1975-1979), una visión general de los primeros años del gobierno de José López Portillo. Muxes: Auténticas Intrépidas Buscadores del Peligro (2005), las transgénero oaxaqueñas que han desafiado a la sociedad heterosexual desde entonces. Los demonios del edén (2007), donde aborda la historia de Lydia Cacho al enfrentarse a poderosos empresarios y políticos que protegen a una red de pornografía infantil. El Albergue (2012) en donde habla sobre la labor del Padre Alejandro Solalinde con los migrantes. Una temática muy variada y no menos interesante.



Lucía Gajá

Otra de mis féminas favoritas en cuanto a documental se refiere, nos ha entregado interesantes trabajos como: Mi vida adentro (2007) y la maravillosa Batallas íntimas (2016), en donde aborda el tema de la violencia contra la mujer en varias ciudades del mundo.

Como es imposible hacer un reconocimiento a todos, me veo obligada a mencionar el trabajo de los últimos años de María José Cuevas, con sus Bellas de noche (2016). Dalia Reyes hace lo suyo con Baño de vida (2016) en un recorrido por los baños públicos de la Ciudad de México. Alberto Cortés abre un camino a través de diferentes comunidades indígenas para el rescate de tierras para el cultivo de maíz en: El maíz en tiempos de guerra (2017), bajo la misma temática Teresa Camou fija su lente en la comunidad Rarámuri para protestar en contra del maíz transgénico en Sunú (2015).

Un reconocimiento especial para quienes se han dedicado a pedir justicia por medio de sus investigaciones e imágenes, como es el caso de Carolina Platt con La Hora de la Siesta, documental que cuenta el vía crucis de los padres de los niños de la Guardería ABC después de la tragedia. Así como a Xavier Robles y a los periodistas Colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad encabezados por Témoris Grecko por abordar tan cuidadosamente el caso de los estudiantes de Ayotzinapa con sus respectivos: Ayotzinapa: crónica de un crimen de estado y Mirar Morir. No quiero cerrar la nota sin felicitar al tapatío Pablo Márquez Cervantes por el maravilloso trabajo que sacó de las entrañas de mi querida Guadalajara: Entre lo sagrado y lo profano. A todos ellos, ¡enhorabuena!



“Somos parte del movimiento de protesta, nos manifestamos con el cine, que es lo mejor que sabemos hacer, porque el cine es un arma de conciencia”
Xavier Robles
Director y Guionista.


13 dic 2016

Flor de Nochebuena

La flor robada
Entre las muchas y muy hermosas flores  originarias de nuestro país se encuentra la “euphorbia pulcherrima”,  mejor conocida por los mexicanos como “Flor de Nochebuena”.

“Cuenta la leyenda, que en el norte del territorio de Taxco  de Alarcón, se daba un arbusto de bellas flores blancas. Después de una batalla en la cual los mexicas derrotaron a los chontales y los diezmaron, las flores sin razón alguna, se marchitaron. Cuando llegó el tiempo de la siguiente floración, los arbustos se cubrieron de flores de un hermoso color rojo  debido a la sangre derramada por los vencidos chontales”.

Los Tlahuicas en Guerrero, que era una de las regiones en donde se daba en abundancia, la llamaban “Tlazóchitl” (flor que se marchita) y la utilizaban para curar heridas.  Para los mexicas,  la flor simbolizaba la pureza y la nueva vida que obtenían los guerreros muertos en batalla, pues pensaban que  tenían la facultad de regresar a la Tierra en forma de mariposas o colibríes para chupar el néctar de la “Cuetlaxóchitl” (flor de cuero, debido a su textura). Por esta razón, se la ponía en las ofrendas mortuorias dedicadas a los guerreros muertos en el cumplimiento de su deber.

Con la Colonia, y debido a ser una flor propia de la temporada, se utilizó como un elemento de decoración cristiana de la época navideña,  gracias al color carmesí de sus pétalos (que en realidad son hojas). Fray Bernardino de Sahagún, allá por el año 1535 fue el primero en utilizarlas en las pastorelas, que es de donde toma su nombre de “Flor Nochenuena”.  Bernardino de Sahagún, publicó también un breviario medicinal de esta flor.

Para utilizar  la flor a las celebraciones navideñas, los frailes evangelizadores la adaptaron  a la nueva religión creando una nueva leyenda. En  ella se hablaba de la pequeña y muy pobre niña que no tenía ningún regalo que ofrendar a la Virgen María y al Niño Dios. Un ángel la vio desde el Cielo y se le acercó para indicarle que recogiese hierbas que se daban en el camino y las llevase al altar de la Virgen. La pequeña obedeció. Cuando colocó las hierbas en el altar se convirtieron en bellísimas flores de un rojo intenso que hicieron felices a la niña, la Virgen María y el Niño Jesús.

Su belleza  la hizo víctima de la tentación, y muy tentado a apropiarse de ella quedó el primer embajador estadounidense en México, Joel Roberts Poinsett, quien la noche del 25 de diciembre de 1825 en la iglesia de Santa Prisca de Taxco, Guerrero, la vio adornando un nacimiento y quedó prendado de ella. Poinsett  envió la flor a Estados Unidos  e inició una plantación, registró  la planta con su nombre y luego vendió la patente. Debido a eso nuestra querida flor se conoce en EEUU y Europa como poinsettia o poinsetia.


Podrá ser un bello adorno o una cura, una ofrenda mortuoria o  un inmaculado regalo divino, de lo único que estamos seguros es de su orgulloso origen mexicano.





27 oct 2016

El Día de Muertos de Sergei Eisenstein

"No hay evento más maravilloso, ni de mayor dignidad que pueda ser capturado por una cámara como lo es el Día de Muertos en México"
Sergei Eisenstein

En un intento por enumerar las películas que se han hecho sobre el día de muertos en México, caí atrapada por la historia del paso por nuestro país del cineasta  ruso Sergei Eisenstein (“Bronenósets Potiomkin” o “El acorazado Potemkin”, 1925). Eisenstein, cual “rojo” que era,  fijó sus ojos en un México revolucionario, en el país de la primera revolución del siglo XX, pero antes de llegar a fraguar este proyecto quedó fascinado por las calaveras que su amigo Diego Rivera le había mostrado.

Al maestro del montaje, las tradiciones que hacían sentir a los vivos en conexión directa con sus seres queridos muertos lo sumergieron más y más en la cultura mexicana. Animado con el financiamiento que le ofreció el escritor Upton Sinclair, Eisenstein arrancó a finales de 1930 la filmación de “Da zdravstvuyet Meksika!” (¡Que viva México!), una de las películas inconclusas más famosas de la historia.

“¡Que viva México!” es un conglomerado de escenas que incluyen diferentes tradiciones, ritos y danzas. Abre con un prólogo de imágenes del México prehispánico,  en donde deja asomar los rituales de la muerte. Continúa con cuatro capítulos: “Sandunga”, “Maguey”, “Fiesta” y “Soldadera”. En estos capítulos se incluyen luchas sociales y campesinas, así como bodas y funerales, sin dejar de lado un espacio para la fiesta brava. Sergei Eisenstein habla de caudillos, pero hace honor a las “Adelitas”.

Con el epílogo regresa a tomar el tema de la muerte, pero de la muerte como fiesta de colores, a pesar de que la cinta es en blanco y negro. Con estas escenas Sergei Eisenstein se convierte en el primer cineasta en filmar y hacer trascender las festividades del día de muertos.  Aunque estas escenas nunca llegaron realmente a ser una película, ya que su afán de encontrar la perfección le impidió ajustarse al presupuesto y Sinclair ordenó el cese del rodaje en principios de 1932. Se lograron filmar no sólo infinidad de rollos de película, sino miles de kilómetros de viaje por un país en donde la muerte solía ser azucarada.

Sinclair quedó en posesión de todo el material, dejando a  Eisenstein sin el poder de decisión sobre “¡Que viva México!”,  nunca llegó a montarla, ni a poner su firma a la edición final. El director ruso sufrió el hecho de que su trabajo fue “mutilado” varias veces, ya que el productor Sol Lesser realizó “Thunder Over Mexico” en 1933, para luego editar dos cortometrajes: “Death Day” y “Eisenstein in Mexico” en 1934. “Death Day” (Día de Muertos) es oficialmente la primera película sobre este tema filmada en nuestro país con una duración de 17 minutos.

Más adelante la amiga y biógrafa de Eisenstein, Marie Seaton editó “Time in the Sun” en 1956. La última edición que se tiene del material se hizo en 1979 por el amigo del director, quien actuó en “The Battleship Potemkin” y que viajó con Eisenstein a México para el rodaje,  Grigori Aleksandrov. Algunos dicen que Aleksandrov entregó una versión muy personal de la cinta, otros aseguran que fue el montaje más cercano a la concepción original, ya que se basó en los “story boards” de Eisenstein; por desgracia las pruebas para verificar esto, se perdieron en el incendio de la Cineteca Nacional en 1982, lugar en donde se guardaban tanto positivos como negativos de película, que incluían los materiales inéditos sobre la festividad del Día de Muertos y una colección de dibujos también de su autoría.

Lo totalmente cierto es que las imágenes que filmó Sergei Eisenstein para  “¡Que viva México!” fueron dignas de admiración desde el momento de su rodaje. Es imposible dejar de mencionar la influencia que significó su trabajo en la estética del cine mexicano, sobre todo en los trabajos del director  Emilio “El Indio” Fernández y el cinefotógrafo Gabriel Figueroa.

Eisenstein se enamoró en más de un sentido de la tierra Azteca, se dejó abrazar por el embrujo de nuestras tradiciones y se perdió en ellas con una libertad que no tenía en su país de origen. Nunca pudo recuperarse de la pérdida de su trabajo, se mantuvo aislado por una temporada para después entregar tres películas más: “Alexander Nevsky” en 1938, y la primera  y segunda parte de la trilogía de “Iván el Terrible”, saga que también quedó inconclusa. Jamás logró filmar el ambicioso proyecto que lo trajo a México “La primera revolución del siglo XX”. Sufriendo los achaques de la censura, murió víctima de una hemorragia cerebral a los 50 años de edad.  

 “¡Que viva México!” no llegó a ser ni película, ni documental, para su creador fue una expedición a un país que lo embrujó con el encanto de sus raíces y su cultura. Fue un proyecto insólito en un país insólito. Un sueño que le permitió ser revolucionario en la tierra donde las revoluciones no llevan a ningún lado. Conoció diferentes tipos de amor y se dejó ser lejos de la censura, la libertad que encontró México lo llevó a enamorarse de la muerte.


“El culto a la muerte es lo que hace a México ser México”
Sergei Eisenstein




3 oct 2016

Lucha Libre

Un invento muy mexicano


La lucha libre mexicana tiene sus orígenes en el año 1863.  Enrique Ugartechea, primer luchador mexicano, desarrolló e inventó la lucha libre mexicana a partir de la lucha grecorromana. Los primeros duelos entre las compañías de Giovanni Relesevitch y Antonio Fournier significaron el nacimiento de los primeros luchadores en el Teatro Colón. En septiembre de 1933 Salvador Luttherot González funda la Empresa Mexicana de Lucha Libre (hoy conocida como Consejo Mundial de Lucha Libre), razón por la cual es considerado el "padre de la lucha libre".


Hay tres características principales en la lucha libre mexicana, la primera, las llaves que magistralmente realizan sus luchadores volando dentro y fuera del cuadrilátero. La segunda es la máscara, los diseños son parte esencial de la creación de los personajes, lo que les da un halo de misterio. La máscara es lo más preciado que tiene el luchador y no hay mayor deshonra que perderla en una apuesta; ya que no la pueden volver a portar nunca jamás en su carrera deportiva (salvo contadas excepciones). Las primeras máscaras hacían alusión a los personajes del bien y el mal lo que dio origen a los míticos personajes como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras. Esta lucha entre el bien y el mal es la tercera de las características, ya que hasta la fecha los bandos se dividen en Técnicos y Rudos (buenos y malos).


La lucha libre es el deporte-espectáculo más popular, sólo por debajo del fútbol, sus características la hacen única mundialmente en donde es reconocida y hasta imitada. La Arena México es el recinto más grande del mundo dedicado únicamente a la Lucha Libre, en él se encuentra este maravilloso mural de Miguel Valverde.




31 mar 2016

Día del Taco

"Por la manera de agarrar el taco
 se conoce al que es tragón" 


Se ha preguntado alguna vez: ¿cuántas cosas existen en nuestro país que podrían representar a un mexicano? La lista es larga, y puede incluir desde alguna zona arqueológica, música, una de muchas tradiciones, hasta un personaje ilustre; pero si hay algo a lo que el mexicano siente un particular apego es sin duda la comida. Así que podemos decir que cuando se piensa en un mexicano de inmediato vienen a la mente: el tequila, el mariachi y los tacos.

Desde el año 2007, el 31 de marzo se celebra el Día del Taco en México. No hay duda de que este “platillo” tan característico de la gastronomía mexicana debía tener un día especial en el calendario. Al parecer fue una iniciativa de la empresa Televisa otorgar el reconocimiento a este manjar.


Es difícil hurgar en los orígenes del taco, Wikipedia asegura que no se puede determinar con exactitud el momento preciso en que El Taco hace su aparición en el mundo, cosa que me parece difícil de creer, porque para el primer ser humano que probó un taco debería ser una revelación, un milagro… ¡una epifanía!

Fray Bernardino de Sahagún, en su obra Historia General de las Cosas de la Nueva España, habla de los gloriosos momentos gastronómicos del emperador Moctezuma, hace detalladas descripciones de los mercados (tianquiztli), o tianguis para que me entienda; y menciona las muchas formas en que se podía encontrar el maíz. Brebajes, atoles, tamales, corundas, tlacoyos y claro, en la tortilla. Sin embargo, Fray Bernardino no maneja del concepto de “el taco”. También existe registro de la primera taquiza en México, misma que fue protagonizada por Hernán Cortés y sus capitanes en Coyoacán. El glorioso evento está documentado en la crónica de Bernal Díaz del Castillo "Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España".


Por los registros históricos sabemos que las tortillas se preparaban sobre piedras calientes, algunas veces con frijol y chile. El guiso para acompañar, según la carne que se consumía durante esa época, podía ser: guajolote o xoloitzcuintle. Fue así como nacieron los quauhtaqualli, palabra con la los indígenas llamaron a este platillo, por lo difícil de la pronunciación, los españoles se referían a él como taqualli, y con el tiempo se adoptó el nombre de taco. Se asume que la razón de colocar este guiso sobre la tortilla se debe a cuestiones prácticas, que facilitaban el trasporte del alimento a los jornaleros.


Pero mientras en México especulamos sobre todo esto, resulta que en Bagdad, Irak, sí se han encontrado grabados que muestran el uso de una masa delgada, redonda, cocinada previamente, para contener sobre ella ingredientes (que envuelta sobre sí misma cumple un doble propósito: sujetar y ser comida). Durante el siglo V de nuestra era, en el Kitab al-Tabeekh (libro de cocina) de Ibn Sayyar al-Warraq, se indica la receta del kebap reposando sobre pan pita con especias. Esta comida llegó a ser muy popular en la época, por práctica, económica, rápida y sabrosa.


En algunos de estos grabados se puede observar como la carne de ternera y sobre todo de cordero era apilada (o más bien atravesada por un alambre), conformando una brocheta al estilo del kebap. Esto es lo que nosotros conocemos como “trompo” en los establecimientos que venden los famosos “tacos al pastor”. Tal vez los culpables de esas similitudes entre los gyros griegos y el donner kebab turco que finalmente llegaron a los puestos de tacos mexicanos, son esos incansables viajeros como Marco Polo o Colón y su ir y venir con especias y alimentos.


Los tacos han hecho gala de su mestizaje, las variedades al día de hoy parecen infinitas, ahora resulta que tenemos tacos en hojas de lechuga o en hojuelas de jícama, ¡hágame usted el favor! Si el maíz era un alimento sagrado, ahora su hijo prodigo (la tortilla) se ha convertido en una herejía.

“De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres”
Popol Vuh, el Libro del Consejo, donde se narra el origen de la vida Maya.


Cada Estado, cada región del país se ha maquilado su propia versión del taco, los mexicanos no pensamos, o no queremos pensar en raíces asiático-europeas, nos aferramos a un guiso vernáculo y lo montamos en una tortilla para formar el taco con el que hablamos de Mérida y su cochinita pibil, de Ensenada y su pescado, de la ciudad de México y las vísceras que nunca se pensó comer. De Sonora y sus carnes, de Guadalajara y la birria, de Hidalgo y su barbacoa, de León y sus (sin sentido) tacos de espíritu. De mi mamá y sus frijoles para acabar pronto.


Vida hay una, tacos hay muchos por obra y gracia de los dioses. Blanditos, dorados, sudados, con todo, sin nada. Tacos para carnívoros, tacos para veganos y hasta tacos para alérgicos al gluten. Los tacos tienen personalidad, la misma personalidad que tiene quien magistralmente lo porta sujetando los extremos en posición erguida y levantando el dedito.

“Por la forma de agarrar el taco se conoce al que es tragón” 
Si esta filosofía no es mexicana, entonces no sé qué lo es.

¡Feliz día del Taco!



Fotografías tomadas de internet. Autor desconocido.
http://vinisfera.com/r/archivo/122

7 mar 2016

Día Internacional de la Mujer

Por un planeta 50/50 en 2030


Mucho van a escuchar en este día que las mujeres no tenemos nada que celebrar, que es un día en el que amerita que todas las mujeres del mundo se sienten a llorar la mala suerte de haber nacido mujer. Tal vez por ahí se asome uno que otro que diga: “¿y el día de los hombres qué?”, si las mujeres quieren igualdad, también los hombres tenemos derecho a…


No me voy a desgastar en explicar eso último, sólo diré que el Día Internacional de la Mujer nació, no de una historia sangrienta provocada por la explotación y la impunidad, sino de muchas historias así. Sucedió en un año o en otro, en un siglo o en otro, en un país o en otro, en un continente o en otro. Wikipedia tiene una larga  lista de eventos que dieron lugar a la proclamación de este día, escoja el que más le acomode. Todos nacieron de una tragedia.


A lo largo de la historia, las mujeres han peleado muchas batallas, todavía no terminan de pelear  una y ya están emprendiendo batalla por alguna otra causa. Lejos de ir restando obstáculos,  vamos agregando nuevos retos ligados a nuestra condición de mujer, porque tal parece que “ser mujer” es el reto a vencer, y esto, en resumidas cuentas es hablar de desigualdad. Pero ¡ojo!, esa desigualdad de la que hablo no tiene nada que ver con ser superior a los hombres o tener más consideraciones que ellos. Las mujeres pelean la igualdad de derechos, la igualdad de oportunidades. El empoderamiento de la mujer no tiene nada que ver con someter a los hombres, sino con nivelar los sexos en condiciones de vida.


Para lograr esto, la ONU tiene una lista de metas en su programa ODS 5 (Objetivos de Desarrollo Sustentable), mismas que pretende alcanzar en el año 2030. Tal vez nos sea un poco difícil de visualizar la complejidad de alcanzar esa meta en quince años más, pero en pleno siglo XXI seguimos hablando de millones de niñas y mujeres que sufren la mutilación genital, hablamos de que una de cada tres mujeres en el mundo son víctimas de la violencia. Hablamos también de millones de niñas casadas a la fuerza, de un número incontable de  mujeres que reciben un salario menor al de los hombres por el mismo puesto,  incluso por mayor cantidad de trabajo realizado. Hablamos de millones de niñas y jóvenes en el mundo a quienes se les ha negado el derecho a la educación,  a la dignidad y a la vida.


Hoy por hoy, las mujeres siguen llevando una familia y trabajando al parejo que los hombres. En cifras, la mayor fuerza laboral de nuestro país podría estar pintada de rosa. Las mujeres juegan un papel importante en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, continúan alcanzando metas deportivas más altas y además; siguen siendo pilares del núcleo familiar, de la sociedad y  la cultura. Sin embargo, y sin ir más allá de nuestras fronteras, en México mueren diariamente siete de esas maravillosas mujeres víctimas de feminicidio. Ser mujer en México, significa que la posibilidad de morir, por causas no naturales, es mucho más alta que la de los hombres.



Con orgullo reconocemos en este día la lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades. Lo utilizamos también para hacer conciencia y para motivar a otras mujeres a no perder la fe. Aplaudimos los logros de las mujeres obreras o sin escolaridad, que son capaces de mantener una familia con el fruto de su trabajo. En igual medida aplaudimos a las mujeres profesionistas que requieren un doble de esfuerzo para alcanzar la cima. Por sobre todas las cosas nos unimos a la voz que grita ¡no más violencia contra las mujeres y las niñas!


El 2016 no será, todavía,  un año para celebrar; pero sí será un año de reconocer logros y acortar la distancia a la meta programada en el 2030. Nos falta mucho por alcanzar, pero estamos en el camino y trabajamos por ello.