“En la artesanía hay un continuo
vaivén entre utilidad y
belleza; ese vaivén tiene un nombre: placer.
Las cosas son placenteras porque son hermosas.
La conjunción copulativa disyuntiva
define al arte
y a la técnica: utilidad y belleza. El objeto
artesanal
satisface una necesidad no menos
imperiosa que la sed
y el hambre: la necesidad de
recrearnos con las cosas que
vemos y tocamos, cuales quiera que
sean sus usos diarios”
Octavio Paz
La alfarería es uno de los oficios más antiguos de la
humanidad, es el arte más practicado en México. Por siglos los alfareros han
transformado la tierra de sus lugares de origen con sus manos, para convertirla
en objetos utilitarios, decorativos o
ceremoniales.Con base en una necesidad
elemental, como puede ser el resguardo de la comida y bebida se han elaborado
piezas no sólo útiles, sino que además expresan un pensamiento ancestral y una
sensibilidad artística relacionada con sus creencias o tradiciones, dando como
resultado piezas bellísimas.
Los mexicanos recreamos, tanto en nuestra memoria como
en el paladar, los sabores del agua de cántaro, el café en jarro y los frijoles
en olla de barro, entre otras tantas cosas. El uso de otros materiales como el
acero, aluminio y hasta el plástico nos han facilitado muchas cosas en la
cocina, pero no hay nada que agregue sabor y belleza a los alimentos como lo hace el
barro.
En los últimos años la cocina mexicana ha intentado
huir de la modernidad, regresar a sus orígenes, tal vez es hoy el momento en
que queremos aprender de nuestras abuelas o de las cocineras tradicionales antes de perderlas para siempre. Más que
convertir a la alfarería en una moda, muy cara por cierto, nos aferramos al
recuerdo y a los sabores que evocan la calidez del hogar que se forjaba con
piedra y lodo, mientras los leños crujían en la cocina.
Muchas piezas de alfarería perdieron su belleza ante
nuestros ojos al convertirse en objetos cotidianos. En muchos hogares fueros
repudiados por su origen humilde, los despojaron de cualquier asomo de arte que
pudiera existir en ellos. Tanto la alfarería utilitaria como algunos alimentos
fueron eliminados de nuestra mesa porque cargaban con ellos la etiqueta de la
pobreza. Los platos de barro sucumbieron a las vajillas francesas, aunque éstas
fueran de imitación, porque lo único que importaba era “dar el gatazo”.
Hoy, literalmente, estamos pagando caro nuestro error,
pero no todo está perdido, todavía podemos tener acceso a algunas de estas
piezas de manera accesible, hasta nos podemos dar el lujo de utilizarlas como
parte de la decoración y presumirlas con orgullo.
Los colores de
las piezas y las técnicas de nuestros alfareros hablan de alguna región del
país. Barro rojo, negro, verde. Los modernos tonos mate, talaveras azules, el petatillo o el bruñido y
cientos de variantes más, convierten a cada pieza en única e irrepetible, sin
importar que usted utilice el cántaro tan solo para beber agua.
México fue el primer país del
continente americano en proyectar una película. Mientras que en EEUU ThomasAlva Edison bloqueó el
acceso del cinematógrafo, el General Porfirio Díaz
recibía en audiencia privada, en uno de los salones del Castillo de Chapultepec
a Claude Ferdinand Von Bernard y a Gabriel Veyre, los proyeccionistas enviados
por Louis y Auguste Lumière a México el 6 de agosto de 1896. El cinematógrafo
se presentó a prensa una semana más tarde y un día después, el 15 de agosto, se
llevó a cabo la primera función de cine abierta al público en nuestro país, con
la película: “Llegada de un tren”. La cinta se proyectó en el sótano de la droguería
Plateros, muy cerca de donde, unos años después, se ubicaría la primera sala de
cine en México: El Salón Rojo.
El Senado de la República aprobó conmemorar
a partir de este año, y cada 15 de agosto, el Día Nacional del Cine Mexicano.
Con esta iniciativa se busca reconocer las aportaciones de la cinematografía
nacional, así como destacar esta expresión como un elemento de identidad
nacional y como un representante de la libertad de expresión.
El cine en México ha tenido
maravillosos momentos, con nostalgia recordamos su bella y lejana ya, Época de
Oro. Dentro de la filmografía mexicana hay cientos de personajes por mencionar,
mas no mencionaré a ninguno por no pecar de exclusión, solo diré que hemos
tenido extraordinarios cineastas, galanes a caballo, divas hermosas y magníficos
comediantes. Pasamos por los “Western” mexicanos, por el cine de luchadores y
hasta el cine de ficheras. En los últimos años viene ganando terreno el cine de
animación y sobre todo, el cine
documental.
En el 2016 se produjeron en México 162
películas, un récord histórico en la historia de nuestro cine, registrando más de 30 millones de
espectadores. Pero, y aquí viene un gran pero, las opiniones en cuanto a la
calidad de las cintas nos llevaron a pensar en lo acertado o no de los fondos
destinados a la producción de cine en el país. Presupuestos millonarios que sí,
en efecto, abarrotaron las salas de cine, pero saturaron los anales
cinematográficos nacionales de cine chatarra. Es por eso que para celebrar este
día y como buena “chaira” que soy, mi homenaje al Cine Mexicano está dedicado
al cine documental.
Los documentalistas mexicanos están
en su mejor momento, casi podría decir que están: “envalentonados”, porque en
una realidad como la que vivimos en este momento, hacer cine documental en nuestro país no deja de ser
peligroso. No solo es el tema, que para bien o para mal, tiene muchas vertientes.
Si tomamos los documentales como un instrumento de protesta o como una llamada
de atención a determinada problemática, entonces las opciones se multiplican,
porque el cine de conciencia nos obliga a tocar temas como: migración,
violencia contra la mujer, discriminación, conflictos estudiantiles e indígenas,
desapariciones forzadas y narcotráfico. Los documentales abarcan también el rescate
de personajes históricos o tradiciones, hasta temas ecológicos.
Así que aquí tienen algunos de los
mejores documentalistas de México, un tipo de cine que por desgracia no rompe
records de taquillas, pero que cuenta con la entrega, el desinterés económico y
la destreza fílmica de estos cineastas.
Leobardo
López Arretche
Leobardo López Arretche dejó su
marca con El Grito (1968) uno de los
pocos testimonios cinematográficos del movimiento estudiantil del 68 que
sobrevivió la censura. Tras dos meses como preso estudiantil, López Aretche fue
encargado de dirigir y dar orden al material reunido, un total de ocho horas de
grabación.
Nicolás
Echevarría
Este nayarita ha destacado por su
particular interés en la religiosidad indígena como en María Sabina (1979), una curandera legendaria de la Sierra de
Oaxaca, quien solía utilizar hongos alucinógenos en sus ritos de sanación. Su conexión
con la cosmogonía huichol y cora de la Sierra Madre Occidental lo han llevado a
abordar este tema en repetidas ocasiones: Hikure-Tame.
La peregrinación del peyote entre los huicholes (1975), Judea: Semana Santa entre los coras (1974)
y también de él recordamos su último trabajo Eco de la montaña (2014).
Arturo
González Villaseñor
El tema de la migración en México
tiene muchos ángulos para explorar, y en los últimos años los documentales
sobre este tema han hecho mucho eco en todo el mundo. González Villaseñor no ha
logrado producir nada más desde Llévate
mis amores (2014), en donde nos ofrece una visión íntima de Las Patronas, un grupo de mujeres desde
1995 preparan y entregan alimentos pagados por ellas mismas a aquellos
migrantes que viajen sobre “La Bestia”.
En la sección de migración también
quiero mencionar a Juan Manuel Sepúlveda por La frontera infinita (2007) y Al
otro lado (2005), de Natalia Almada.
Roberto
Hernández
Originario de Monterrey y de
formación abogado, Roberto Hernández cimbró la escena documental mexicana con Presunto Culpable (2008), la cual
codirigió junto con Geoffrey Smith. El documental que narra la historia deJosé Antonio Zuñiga y su lucha
en contra del Sistema Penal y Judicial mexicano por un asesinato que no cometió.
Esta cinta fue retirada de las pantallas por una demanda impuesta en su contra,
de la que salió libre de culpa. Este evento no hizo más que aumentar el número
de personas que asistieron a verlo. Previo a este documental y sin tener
experiencia como cineasta realizó un cortometraje documental titulado: El Túnel (2006) con la intención de
aclarar la percepción del sistema judicial.
José
Cohen y Lorenzo Hagerman
H2OMX
(2013) Documental
que resultaun llamado urgente a la acción y al compromiso de los ciudadanos y
gobiernos, alertando que para el año 2025 podría agotarse el suministro de
los mantos acuíferos en la Ciudad de México. José Cohen se anima en la dirección
después de producir varios documentales. Él, junto con Lorenzo Hagerman lograron un
documental imprescindible en el rescate ecológico del país.
Everardo
González
Sin duda uno de los mejores
documentalistas mexicanos, su producción no solo es fructífera sino que es de
una excelente calidad, de él destacan: Cuates
de Australia (2011). El Paso (2016), una historia sobre las familias de
aquellos que alguna vez fueron nuestros ojos y nuestra voz, pero fueron
amenazados, y tuvieron que salir de México y obligados a vivir en el exilio, y
su última producción: La Libertad del
Diablo (2017), documental psicológico en el que nos acercaremos a algunas
de las maneras en las que el fenómeno de violencia mexicana se ha insertado en
nuestro inconsciente.
Alejandra
Islas
Las mujeres también han dado mucho
de qué hablar (bien) en el terreno documental, Alejandra Islas es una excelente
representante de ello. Entre sus trabajos tenemos:Polvo en el viento
(1975-1979), una visión
general de los primeros años del gobierno de José López Portillo. Muxes: Auténticas Intrépidas Buscadores del
Peligro (2005), las transgénero oaxaqueñas que han desafiado a la sociedad
heterosexual desde entonces. Los
demonios del edén (2007), donde aborda la historia de Lydia Cacho al
enfrentarse a poderosos empresarios y políticos que protegen a una red de
pornografía infantil. El Albergue (2012)
en donde habla sobre la labor del Padre Alejandro Solalinde con los migrantes.
Una temática muy variada y no menos interesante.
Lucía
Gajá
Otra de mis féminas favoritas en
cuanto a documental se refiere, nos ha entregado interesantes trabajos como: Mi vida adentro (2007) y la maravillosa
Batallas íntimas (2016), en donde
aborda el tema de la violencia contra la mujer en varias ciudades del mundo.
Como es imposible hacer un
reconocimiento a todos, me veo obligada a mencionar el trabajo de los últimos
años de María José Cuevas, con sus Bellas de noche (2016). Dalia Reyes hace lo suyo con Baño de vida (2016) en un recorrido por
los baños públicos de la Ciudad de México. Alberto
Cortés abre un camino a través de diferentes comunidades indígenas para el
rescate de tierras para el cultivo de maíz en: El maíz en tiempos de guerra (2017), bajo la misma temática Teresa Camou fija su lente en la
comunidad Rarámuri para protestar en contra del maíz transgénico en Sunú (2015).
Un reconocimiento especial para
quienes se han dedicado a pedir justicia por medio de sus investigaciones e
imágenes, como es el caso de Carolina
Platt con La Hora de la Siesta,
documental que cuenta el vía crucis de los padres de los niños de la Guardería
ABC después de la tragedia. Así como aXavier Robles y a los periodistas Colectivo Ojos
de Perro vs la Impunidad encabezados por Témoris
Grecko por abordar tan cuidadosamente el caso de los estudiantes de
Ayotzinapa con sus respectivos: Ayotzinapa:
crónica de un crimen de estado y Mirar Morir. No quiero cerrar la nota sin
felicitar al tapatío Pablo Márquez
Cervantes por el maravilloso trabajo que sacó de las entrañas de mi querida
Guadalajara: Entre lo sagrado y lo
profano. A todos ellos, ¡enhorabuena!
“Somos
parte del movimiento de protesta, nos manifestamos con el cine, que es lo mejor
que sabemos hacer, porque el cine es un arma de conciencia”
Entre las muchas y muy
hermosas floresoriginarias de nuestro
país se encuentra la “euphorbia pulcherrima”, mejor conocida por los mexicanos como “Flor de
Nochebuena”.
“Cuenta
la leyenda, que en el norte del territorio de Taxco de Alarcón, se daba un arbusto de bellas
flores blancas. Después de una batalla en la cual los mexicas derrotaron a los
chontales y los diezmaron, las flores sin razón alguna, se marchitaron. Cuando
llegó el tiempo de la siguiente floración, los arbustos se cubrieron de flores
de un hermoso color rojo debido a la
sangre derramada por los vencidos chontales”.
Los Tlahuicas en Guerrero,
que era una de las regiones en donde se daba en abundancia, la llamaban
“Tlazóchitl” (flor que se marchita) y la utilizaban para curar heridas.Para los mexicas,la flor simbolizaba la pureza y la nueva vida
que obtenían los guerreros muertos en batalla, pues pensaban quetenían la facultad de regresar a la Tierra en
forma de mariposas o colibríes para chupar el néctar de la “Cuetlaxóchitl” (flor
de cuero, debido a su textura). Por esta razón, se la ponía en las ofrendas
mortuorias dedicadas a los guerreros muertos en el cumplimiento de su deber.
Con la Colonia, y debido
a ser una flor propia de la temporada, se utilizó como un elemento de
decoración cristiana de la época navideña,gracias al color carmesí de sus pétalos (que en realidad son hojas).
Fray Bernardino de Sahagún, allá por el año 1535 fue el primero en utilizarlas
en las pastorelas, que es de donde toma su nombre de “Flor Nochenuena”.Bernardino de Sahagún, publicó también un
breviario medicinal de esta flor.
Para utilizar la flor a las celebraciones navideñas, los
frailes evangelizadores la adaptarona
la nueva religión creando una nueva leyenda. Enella se hablaba de la pequeña y muy pobre niña que no tenía ningún
regalo que ofrendar a la Virgen María y al Niño Dios. Un ángel la vio desde el
Cielo y se le acercó para indicarle que recogiese hierbas que se daban en el
camino y las llevase al altar de la Virgen. La pequeña obedeció. Cuando colocó
las hierbas en el altar se convirtieron en bellísimas flores de un rojo intenso
que hicieron felices a la niña, la Virgen María y el Niño Jesús.
Su belleza la hizo víctima de la tentación, y muy tentado
a apropiarse de ella quedó el primer embajador estadounidense en México, Joel
Roberts Poinsett, quien la noche del 25 de diciembre de 1825 en la iglesia de
Santa Prisca de Taxco, Guerrero, la vio adornando un nacimiento y quedó
prendado de ella. Poinsettenvió la flor
a Estados Unidose inició una
plantación, registró la planta con su
nombre y luego vendió la patente. Debido a eso nuestra querida flor se conoce
en EEUU y Europa como poinsettia o poinsetia.
Podrá
ser un bello adorno o una cura, una ofrenda mortuoria o un inmaculado regalo divino, de lo único que
estamos seguros es de su orgulloso origen mexicano.
"No hay evento más maravilloso, ni de mayor dignidad que pueda ser capturado por una cámara como lo es el Día de Muertos en México"
Sergei
Eisenstein
En un intento por
enumerar las películas que se han hecho sobre el día de muertos en México, caí
atrapada por la historia del paso por nuestro país del cineasta ruso Sergei Eisenstein (“Bronenósets
Potiomkin” o “El acorazado Potemkin”, 1925). Eisenstein, cual “rojo” que era, fijó sus ojos en un México revolucionario, en
el país de la primera revolución del siglo XX, pero antes de llegar a fraguar
este proyecto quedó fascinado por las calaveras que su amigo Diego Rivera le
había mostrado.
Al maestro del montaje,
las tradiciones que hacían sentir a los vivos en conexión directa con sus seres
queridos muertos lo sumergieron más y más en la cultura mexicana. Animado con
el financiamiento que le ofreció el escritor Upton Sinclair, Eisenstein arrancó
a finales de 1930 la filmación de “Da zdravstvuyet Meksika!” (¡Que viva México!),
una de las películas inconclusas más famosas de la historia.
“¡Que viva México!” es un
conglomerado de escenas que incluyen diferentes tradiciones, ritos y danzas.
Abre con un prólogo de imágenes del México prehispánico, en donde deja asomar los rituales de la
muerte. Continúa con cuatro capítulos: “Sandunga”, “Maguey”, “Fiesta” y
“Soldadera”. En estos capítulos se incluyen luchas sociales y campesinas, así
como bodas y funerales, sin dejar de lado un espacio para la fiesta brava.
Sergei Eisenstein habla de caudillos, pero hace honor a las “Adelitas”.
Con el epílogo regresa a
tomar el tema de la muerte, pero de la muerte como fiesta de colores, a pesar
de que la cinta es en blanco y negro. Con estas escenas Sergei Eisenstein se
convierte en el primer cineasta en filmar y hacer trascender las festividades
del día de muertos. Aunque estas escenas
nunca llegaron realmente a ser una película, ya que su afán de encontrar la
perfección le impidió ajustarse al presupuesto y Sinclair ordenó el cese del
rodaje en principios de 1932. Se lograron filmar no sólo infinidad de rollos de
película, sino miles de kilómetros de viaje por un país en donde la muerte
solía ser azucarada.
Sinclair quedó en
posesión de todo el material, dejando a Eisenstein
sin el poder de decisión sobre “¡Que viva México!”, nunca llegó a montarla, ni a poner su firma a
la edición final. El director ruso sufrió el hecho de que su trabajo fue
“mutilado” varias veces, ya que el productor Sol Lesser realizó “Thunder Over
Mexico” en 1933, para luego editar dos cortometrajes: “Death Day” y “Eisenstein
in Mexico” en 1934. “Death Day” (Día de Muertos) es oficialmente la primera
película sobre este tema filmada en nuestro país con una duración de 17 minutos.
Más adelante la amiga y
biógrafa de Eisenstein, Marie Seaton editó “Time in the Sun” en 1956. La última
edición que se tiene del material se hizo en 1979 por el amigo del director,
quien actuó en “The Battleship Potemkin” y que viajó con Eisenstein a México
para el rodaje, Grigori Aleksandrov.
Algunos dicen que Aleksandrov entregó una versión muy personal de la cinta,
otros aseguran que fue el montaje más cercano a la concepción original, ya que
se basó en los “story boards” de Eisenstein; por desgracia las pruebas para verificar esto, se perdieron en el incendio de la Cineteca Nacional en 1982, lugar en donde se
guardaban tanto positivos como negativos de película, que incluían los
materiales inéditos sobre la festividad del Día de Muertos y una colección de
dibujos también de su autoría.
Lo totalmente cierto es
que las imágenes que filmó Sergei Eisenstein para “¡Que viva México!” fueron dignas de
admiración desde el momento de su rodaje. Es imposible dejar de mencionar la influencia que significó su trabajo en la estética del cine mexicano, sobre todo en los trabajos del director Emilio “El Indio” Fernández
y el cinefotógrafo Gabriel Figueroa.
Eisenstein se enamoró en
más de un sentido de la tierra Azteca, se dejó abrazar por el embrujo de
nuestras tradiciones y se perdió en ellas con una libertad que no tenía en su
país de origen. Nunca pudo recuperarse de la pérdida de su trabajo, se mantuvo
aislado por una temporada para después entregar tres películas más: “Alexander
Nevsky” en 1938, y la primera y segunda
parte de la trilogía de “Iván el Terrible”, saga que también quedó inconclusa. Jamás logró filmar el ambicioso proyecto
que lo trajo a México “La primera revolución del siglo XX”. Sufriendo los
achaques de la censura, murió víctima de una hemorragia cerebral a los 50 años
de edad.
“¡Que viva México!” no llegó a ser ni
película, ni documental, para su creador fue una expedición a un país que lo
embrujó con el encanto de sus raíces y su cultura. Fue un proyecto insólito en
un país insólito. Un sueño que le permitió ser revolucionario en la tierra
donde las revoluciones no llevan a ningún lado. Conoció diferentes tipos de
amor y se dejó ser lejos de la censura, la libertad que encontró México lo
llevó a enamorarse de la muerte.
“El
culto a la muerte es lo que hace a México ser México” Sergei Eisenstein
La lucha libre mexicana tiene sus orígenes en el año 1863. Enrique Ugartechea, primer luchador mexicano, desarrolló e inventó la lucha libre mexicana a partir de la lucha grecorromana. Los primeros duelos entre las compañías de Giovanni Relesevitch y Antonio Fournier significaron el nacimiento de los primeros luchadores en el Teatro Colón. En septiembre de 1933 Salvador Luttherot González funda la Empresa Mexicana de Lucha Libre (hoy conocida como Consejo Mundial de Lucha Libre), razón por la cual es considerado el "padre de la lucha libre".
Hay tres características principales en la lucha libre mexicana, la primera, las llaves que magistralmente realizan sus luchadores volando dentro y fuera del cuadrilátero. La segunda es la máscara, los diseños son parte esencial de la creación de los personajes, lo que les da un halo de misterio. La máscara es lo más preciado que tiene el luchador y no hay mayor deshonra que perderla en una apuesta; ya que no la pueden volver a portar nunca jamás en su carrera deportiva (salvo contadas excepciones). Las primeras máscaras hacían alusión a los personajes del bien y el mal lo que dio origen a los míticos personajes como El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras. Esta lucha entre el bien y el mal es la tercera de las características, ya que hasta la fecha los bandos se dividen en Técnicos y Rudos (buenos y malos).
La lucha libre es el deporte-espectáculo más popular, sólo por debajo del fútbol, sus características la hacen única mundialmente en donde es reconocida y hasta imitada. La Arena México es el recinto más grande del mundo dedicado únicamente a la Lucha Libre, en él se encuentra este maravilloso mural de Miguel Valverde.
Se ha preguntado alguna vez: ¿cuántas
cosas existen en nuestro país que podrían representar a un mexicano? La lista
es larga, y puede incluir desde alguna zona arqueológica, música, una de muchas
tradiciones, hasta un personaje ilustre; pero si hay algo a lo que el mexicano
siente un particular apego es sin duda la comida. Así que podemos decir que
cuando se piensa en un mexicano de inmediato vienen a la mente: el tequila, el
mariachi y los tacos.
Desde el año 2007, el 31 de marzo se
celebra el Día del Taco en México. No hay duda de que este “platillo” tan
característico de la gastronomía mexicana debía tener un día especial en el
calendario. Al parecer fue una iniciativa de la empresa Televisa otorgar el
reconocimiento a este manjar.
Es difícil hurgar en los orígenes del
taco, Wikipedia asegura que no se puede determinar con exactitud el momento
preciso en que El Taco hace su aparición en el mundo, cosa que me parece difícil
de creer, porque para el primer ser humano que probó un taco debería ser una
revelación, un milagro… ¡una epifanía!
Fray Bernardino de Sahagún, en su obra
Historia General de las Cosas de la Nueva España, habla de los gloriosos
momentos gastronómicos del emperador Moctezuma, hace detalladas descripciones
de los mercados (tianquiztli), o tianguis para que me entienda; y menciona las
muchas formas en que se podía encontrar el maíz. Brebajes, atoles, tamales,
corundas, tlacoyos y claro, en la tortilla. Sin embargo, Fray Bernardino no maneja
del concepto de “el taco”. También existe registro de la primera taquiza en México,
misma que fue protagonizada por Hernán Cortés y sus capitanes en Coyoacán. El glorioso
evento está documentado en la crónica de Bernal Díaz del Castillo "Historia
Verdadera de la Conquista de la Nueva España".
Por los registros históricos sabemos
que las tortillas se preparaban sobre piedras calientes, algunas veces con
frijol y chile. El guiso para acompañar, según la carne que se consumía durante
esa época, podía ser: guajolote o xoloitzcuintle. Fue así como nacieron los
quauhtaqualli, palabra con la los indígenas llamaron a este platillo, por lo difícil
de la pronunciación, los españoles se referían a él como taqualli, y con el
tiempo se adoptó el nombre de taco. Se asume que la razón de colocar este guiso
sobre la tortilla se debe a cuestiones prácticas, que facilitaban el trasporte
del alimento a los jornaleros.
Pero mientras en México especulamos
sobre todo esto, resulta que en Bagdad, Irak, sí se han encontrado grabados que
muestran el uso de una masa delgada, redonda, cocinada previamente, para
contener sobre ella ingredientes (que envuelta sobre sí misma cumple un doble
propósito: sujetar y ser comida). Durante el siglo V de nuestra era, en el
Kitab al-Tabeekh (libro de cocina) de Ibn Sayyar al-Warraq, se indica la receta
del kebap reposando sobre pan pita con especias. Esta comida llegó a ser muy
popular en la época, por práctica, económica, rápida y sabrosa.
En algunos de estos grabados se puede
observar como la carne de ternera y sobre todo de cordero era apilada (o más
bien atravesada por un alambre), conformando una brocheta al estilo del kebap. Esto
es lo que nosotros conocemos como “trompo” en los establecimientos que venden
los famosos “tacos al pastor”. Tal vez los culpables de esas similitudes entre
los gyros griegos y el donner kebab turco que finalmente llegaron a los puestos
de tacos mexicanos, son esos incansables viajeros como Marco Polo o Colón y su
ir y venir con especias y alimentos.
Los tacos han hecho gala de su mestizaje,
las variedades al día de hoy parecen infinitas, ahora resulta que tenemos tacos
en hojas de lechuga o en hojuelas de jícama, ¡hágame usted el favor! Si el maíz
era un alimento sagrado, ahora su hijo prodigo (la tortilla) se ha convertido
en una herejía.
“De
maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron
los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne
de nuestros padres”
Popol Vuh, el Libro del Consejo, donde
se narra el origen de la vida Maya.
Cada Estado, cada región del país se
ha maquilado su propia versión del taco, los mexicanos no pensamos, o no
queremos pensar en raíces asiático-europeas, nos aferramos a un guiso vernáculo y lo montamos en una tortilla para formar el taco con el que hablamos de Mérida
y su cochinita pibil, de Ensenada y su pescado, de la ciudad de México y las vísceras
que nunca se pensó comer. De Sonora y sus carnes, de Guadalajara y la birria, de
Hidalgo y su barbacoa, de León y sus (sin sentido) tacos de espíritu. De mi mamá
y sus frijoles para acabar pronto.
Vida hay una, tacos hay muchos por
obra y gracia de los dioses. Blanditos, dorados, sudados, con todo, sin nada.
Tacos para carnívoros, tacos para veganos y hasta tacos para alérgicos al
gluten. Los tacos tienen personalidad, la misma personalidad que tiene quien
magistralmente lo porta sujetando los extremos en posición erguida y levantando el dedito.
“Por la forma de agarrar el taco se
conoce al que es tragón”
Si esta filosofía no es mexicana, entonces no sé qué lo
es.
¡Feliz día del Taco!
Fotografías tomadas de internet. Autor desconocido.
Mucho van a escuchar en este día que
las mujeres no tenemos nada que celebrar, que es un día en el que amerita que
todas las mujeres del mundo se sienten a llorar la mala suerte de haber nacido
mujer. Tal vez por ahí se asome uno que otro que diga: “¿y el día de los
hombres qué?”, si las mujeres quieren igualdad, también los hombres tenemos
derecho a…
No me voy a desgastar en explicar eso
último, sólo diré que el Día Internacional de la Mujer nació, no de una
historia sangrienta provocada por la explotación y la impunidad, sino de muchas
historias así. Sucedió en un año o en otro, en un siglo o en otro, en un país o
en otro, en un continente o en otro. Wikipedia tiene una larga lista de eventos que dieron lugar a la
proclamación de este día, escoja el que más le acomode. Todos nacieron de una tragedia.
A lo largo de la historia, las mujeres
han peleado muchas batallas, todavía no terminan de pelear una y ya están emprendiendo batalla por alguna
otra causa. Lejos de ir restando obstáculos, vamos agregando nuevos retos ligados a nuestra
condición de mujer, porque tal parece que “ser mujer” es el reto a vencer, y esto,
en resumidas cuentas es hablar de desigualdad. Pero ¡ojo!, esa desigualdad de
la que hablo no tiene nada que ver con ser superior a los hombres o tener más
consideraciones que ellos. Las mujeres pelean la igualdad de derechos, la
igualdad de oportunidades. El empoderamiento de la mujer no tiene nada que ver
con someter a los hombres, sino con nivelar los sexos en condiciones de vida.
Para lograr esto, la ONU tiene una lista de metas en su
programa ODS 5 (Objetivos de
Desarrollo Sustentable), mismas que pretende alcanzar en el año 2030. Tal vez
nos sea un poco difícil de visualizar la complejidad de alcanzar esa meta en
quince años más, pero en pleno siglo XXI seguimos hablando de millones de niñas
y mujeres que sufren la mutilación genital, hablamos de que una de cada tres
mujeres en el mundo son víctimas de la violencia. Hablamos también de millones
de niñas casadas a la fuerza, de un número incontable de mujeres que reciben un salario menor al de los
hombres por el mismo puesto, incluso por
mayor cantidad de trabajo realizado. Hablamos de millones de niñas y jóvenes en
el mundo a quienes se les ha negado el derecho a la educación, a la dignidad y a la vida.
Hoy por hoy, las mujeres siguen
llevando una familia y trabajando al parejo que los hombres. En cifras, la
mayor fuerza laboral de nuestro país podría estar pintada de rosa. Las mujeres
juegan un papel importante en el desarrollo de la ciencia y la tecnología,
continúan alcanzando metas deportivas más altas y además; siguen siendo pilares
del núcleo familiar, de la sociedad y la
cultura. Sin embargo, y sin ir más allá de nuestras fronteras, en México mueren
diariamente siete de esas maravillosas mujeres víctimas de feminicidio. Ser
mujer en México, significa que la posibilidad de morir, por causas no
naturales, es mucho más alta que la de los hombres.
Con orgullo reconocemos en este día la
lucha de las mujeres por alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades. Lo
utilizamos también para hacer conciencia y para motivar a otras mujeres a no
perder la fe. Aplaudimos los logros de las mujeres obreras o sin escolaridad,
que son capaces de mantener una familia con el fruto de su trabajo. En igual
medida aplaudimos a las mujeres profesionistas que requieren un doble de
esfuerzo para alcanzar la cima. Por sobre todas las cosas nos unimos a la voz
que grita ¡no más violencia contra las mujeres y las niñas!
El 2016 no será, todavía,un año para celebrar; pero sí será un año de
reconocer logros y acortar la distancia a la meta programada en el 2030. Nos
falta mucho por alcanzar, pero estamos en el camino y trabajamos por ello.