29 mar. 2019

Dumbo


Burton sucumbe ante lo correcto


No puedo hablar del impacto de Dumbo allá por 1941, pero puedo hablar de lo que esos sesenta y cuatro minutos provocaron en mí a mediados de los años setenta, puedo hablar también de la reacción de mis hijos en los inicios de los dos mil; o de la mi sobrino pequeño hace unos años a esta misma cinta protagonizada por un elefante bebé de orejas gigantescas, su impacto fue tal que hasta ahora se rehúsa a ver de nuevo la película en donde la Sra. Jumbo es encadenada. Lo curioso de todo esto, en las tres generaciones, es que ninguno de nosotros pensó en un animal de circo maltratado, sino que todos humanizamos a aquella elefanta que echó abajo un circo por defender a su cría. Nosotros lloramos por la mamá de Dumbo y su posterior separación.


        En el 2019 Tim Burton, con la venia de Disney, presenta una nueva versión de aquella película en donde los humanos figuraban sólo para maltratar a madre e hijo, o para embriagar a este último. Ahora tenemos a Holt Farrier (Colin Farrel) un soldado que regresa de la guerra para integrarse de nuevo en el circo en donde se encuentran su hija Milly (Nico Parker) y su hijo Joe (Finley Hobbins), ya que al morir su madre quedaron al cuidado de otros trabajadores circenses bajo la dirección de Max Medici (Danny DeVito) dueño del circo. Cuando Max Medici ve las enormes orejas del pequeño paquidermo se desentiende de él y lo deja al cuidado de los niños, pero cuando se descubre que puede volar, se aparece V.A. Vandevere (Michael Keaton) un frío empresario acompañado de Colette Marchat (Eva Green) una trapecista francesa. El Sr Vandevere quiere asociarse con Medici para así tener derechos sobre el pequeño Dumbo.


        La lista del elenco humano que acompaña a la familia de paquidermos se hace larga y la de los animales prácticamente desaparece, lo que no explica en qué momento la película se deshumanizó. No puedo culpar a los animales creados por computadora, porque hasta eso que les quedaron muy bien, Dumbo sigue siendo encantador; salvo Keaton, DeVito y la breve participación de Alan Arkin, el resto de los protagonistas están acartonados, sobre todo los niños, que se supone que son los que debían inyectar las emociones a la cinta.


        Ehren Kruger fue el guionista que adaptó, o que mejor dicho, despedazó la versión original de Joe Grant y Dick Huemer, tomada del libro Dumbo, the Flying Elephant de Helen Aberson, del que quiero asumir, tomaron al menos parte de esta nueva historia; por desgracia aquí se refleja de manera muy clara que “menos es más”. La música estuvo a cargo de Danny Elfman, quien quedó muy lejos del trabajo que hicieron Frank Churchill y Oliver Wallace en 1941. Baby Mine, tenía todo para estremecer al público con sus acordes, pero ni la escena, ni los nuevos arreglos lograron hacernos derramar una lagrimita siquiera.


A Dumbo le puedo aplaudir la fotografía de Ben Davis y el montaje de Chris Lebenzon. A la mano de Burton le agradezco la escena de los elefantes rosas, otra parte emblemática de la película, que aunque no me gustó la modificación del origen, me pareció bellísima, lo mismo que los detalles retro del mundo circense, pero es aquí justo cuando me pregunto ¿por qué si hicieron una película de época, no respetaron el momento histórico?


Es cierto que no todo en los tiempos pasados fue mejor que ahora, es cierto también que como sociedad hemos cambiado y dimos marcha atrás a cosas que nunca debieron ser, como al maltrato de los animales en el circo o incluso al hecho de alcoholizar a un menor, por más accidental que parezca, pero la historia está para aprender de ella, no para editarla y maquillarle los errores. La cinta no refleja la realidad de ese momento, ¿por qué?, ¿por no herir susceptibilidades actuales? ¿Dónde está el drama entonces? ¿Dónde quedó todo ese cúmulo de detalles que nos hicieron reír por la inocencia y llorar por las injusticias? ¿Dónde quedó el Dumbo que era empático con nosotros, que era UNO de nosotros? ¿En dónde quedó todo lo que hemos aprendido de errores pasados, si ahora parece que nunca existieron?


Yo no voy a hablar, como muchos lo están haciendo, de que Burton “perdió el toque”, para mí el director se aferró hasta donde pudo a la parte oscura que lo caracteriza y eso me gustó muchísimo, yo quería más de eso porque él se mueve cómodo en la oscuridad y la historia pintaba a ser perfecta en sus manos, el problema fue que lo forzaron a ser verde y no negro.


Tal vez mi sobrino, si es que se atreve a verla, logre sanar el corazón que se hizo pedazos con la versión original y ahora pueda sentirse más tranquilo por el destino de Dumbo y su mamá. Para los niños que jamás la han visto puede ser una linda película que no les recordará a nada ni a nadie, pero igual querrán comprar los nuevos juguetes coleccionables. Yo me quedé con pañuelos desechables intactos.

   

21 mar. 2019

Mary Queen of Scots


Desapasionada versión

 del amor-odio


¿Tendencia o casualidad? ¿De qué depende que un personaje histórico se ponga de moda en el cine? Tal vez los movimientos sociales tienen algo que ver aquí, o quizá la historia tiene una cuota que pagar a figuras que en su momento fueron menospreciadas por su género, color, orientación sexual y muchos etcéteras más. El rol de reina protagónica (solita, sin un rey que la acompañe) se ha visto mucho últimamente, ya pasamos por muchas versiones de Elizabeth (Isabel I de Inglaterra) y ahora la Casa Estuardo es el linaje de moda, primero con Ana I en The Favourite  y ahora con María I en Mary Queen of Scots (Las dos reinas).


         Basada en la biografía Queen of Scots: The True Life of Mary Stuart, de John Guy, la directora Josie Rourke habla sobre el regreso a Escocia de Marie I (Saoirse Ronan) para reclamar el trono que por derecho le pertenece, sin embargo, su prima Isabel I (Margot Robbie) es quien tiene bajo el mandato de la corona de Inglaterra a dicho territorio.


Beau Willimon (House of Cards) lleva el guion en un camino diferente al que alguna vez tomó la versión dirigida por John Ford, Mary of Scotland, en 1936; suavizando el odio y los celos de este par de regias parentelas. Para la versión 2018 tenemos sí, dos monarcas en guerra, pero más que mostrarlas celosas una de la otra, resulta que son víctimas de la maquinación de los hombres a su alrededor… ¿le suena esto suficientemente feminista? No es que se odien, por el contrario, se aman y se admiran, pero una cabeza debe de rodar.


¿Qué fue lo que pasó en realidad? Creo que es muy difícil saberlo, no he leído la biografía de John Guy y no sé qué tanto se apegó el guion a ella, así que sólo me queda hablar de la cinta por lo que muestra la pantalla. Por lo tanto les diré que para ser una película de época la ambientación, el vestuario y maquillaje están impecables. Tanto Robbie como Ronan tienen actuaciones “suficientes”, lo cual es una desgracia sobre todo para Margot Robbie, quien se ha esforzado tanto en destacar más allá de su belleza, reconocimiento que estuvo a punto de alcanzar por I,Tonya, y que sin duda a este paso conseguirá muy pronto.


Mary Queen of Scots no logra transmitir las emociones que se fraguan entre estas dos mujeres, personajes maravillosos, eso que ni qué. El ritmo no se mantiene y al final, sin sorpresa además, nos quedamos con una historia bellamente presentada, pero muy plana.




15 mar. 2019

The Professor and the Madman


Hace falta más que una

 buena historia


El profesor James Murray (Mel Gibson) se ve involucrado en la ardua tarea de compilar palabras para la primera edición del Oxford English Dictionary a mediados del siglo XIX. Mientras tanto el Dr. William Minor (Sean Penn), declarado demente tras el asesinato de un hombre inocente, se convierte en el mejor de sus colaboradores al enviar más de diez mil palabras para el diccionario.


        Tal parece que desde que Mel Gibson dirigió, escribió y produjo The Passion of the Christ, el mote de “loco” aparece de forma repetitiva. Más tarde llegó Apocalypto y la locura se hizo oficial, para cuando se estrena Hacksaw Ridge, estábamos seguros de haberlo perdido para siempre. Deschabetado de atar, pero con la genialidad propia de los locos más evidente que nunca. The Professor and the Madman se convirtió en su siguiente gran proyecto, sin embargo, en el largo y tortuoso camino de esta producción, el Sr. Gibson decidió ceder la dirección a alguien que creyó más cuerdo que él. Farhad Safinia pasó de guionista a director de la noche a la mañana y ahora no sabemos cuál locura fue mayor.


        Retrasar el estreno de una película, se puede dar por diversas razones, pese a que ese retraso no la hará mejorar ahí guardada en donde está. Tal vez la puede mantener a distancia de otras cintas que la hagan ver peor, pero tal parece que lo único que consiguieron con el retraso fue “salir tablas”.


        La historia es fascinante, en verdad le digo que vaya a verla nada más por conocer la gran proeza de estos dos hombres. El diseño de producción y la ambientación no tienen pero alguno, las actuaciones son bastante decentes; todos sabemos que Sean Penn no necesita esforzarse mucho para dar la impresión de haber perdido la cabeza, pero hace un buen papel.


        Tal vez el mayor pecado de esta cinta fue la duración, el equipo de guionistas, en donde también se cuenta al director, junto con John Boorman y Todd Komarnicki, no logra mantener el ritmo en la historia, por lo que se puede sentir un poco larga. La adaptación del guion es pobre, quizá se deba a que había tanto que decir al respecto de los personajes que circulaban alrededor de los protagonistas o simplemente porque la problemática legal en la que se vieron envueltos acabó con su inspiración.



        The Professor and the Madman es apenas un asomo de lo que pudo haber sido, sin embargo, después de que terminó la racha de estrenos de las mejores películas del año pasado, ahora aparece en la cartelera como algo de lo poco bueno que se puede ver. Como acontecimiento histórico, vale la pena, además no voy a negar cierto placer de volver a ver a Gibson en un papel, digamos serio, aunque no lo salva que esa locura implícita en todas sus producciones, sea cada vez más evidente.





10 mar. 2019

Captain Marvel


Llámame frívola


Captain Marvel, también conocida, muchos años atrás, como Ms. Marvel; "la heroína más grande del Universo Marvel", o quizá “La Vengadora más poderosa". Carol Danvers, oficial de la Fuerza Aérea de los EEUU, o Vers, miembro de la Fuerza Estelar de los Krees, hace su aparición en el cine, en un momento muy diferente al que se presentó en los cómics por primera vez, allá por 1968. Aterriza justo en la era del empoderamiento femenino, en el apogeo del movimiento Me Too y en pleno Día de la Mujer.


        En el año 2017 DC Comics se les adelantó presentando a  su superheroína Wonder Woman (Gal Galdot), quien vino a levantar del suelo a Batman y Superman, portando una minifalda, una impecable cabellera y toda la belleza y fortaleza característica de las Amazonas. El resultado fue avasallador. ¿Qué fue lo que se le ocurrió a Marvel para superar esta proeza?


        Bueno, Marvel se preparó para éste momento desde el 2012  cuando en los comics se dio el inicio de una nueva etapa para Carol Danvers gracias a la guionista Kelly Sue DeConnick y al nuevo diseño de su traje. Como todos los superhéroes a lo largo del tiempo, Captain Marvel ha pasado por muchas transformaciones, es imposible en una película, apegarse a una historia tan cambiante como la de éste personaje tan curvilíneo que además posee una poderosísima cabellera rubia; pero parece que conforme fueron reivindicando su poder, le fueron restando atributos FE-ME-NI-NOS.


        Captain Marvel fue muy pensada, tanto que Wonder Woman le comió el mandado, porque con los superhéroes como en la vida real, “el que pega primero, pega dos veces”. Si bien procuraron involucrar a la mayor cantidad de mujeres en el proyecto, tal como DC lo hizo, para esta cinta quisieron ser, digamos, un poco más intelectuales, más pensantes. Es por eso que trajeron a Anna Boden y Ryan Fleck directores y guionistas de cine independiente, a arriesgarse con una producción gigantesca que se les salió de las manos. La elección de la protagonista; una ferviente feminista y una de las principales abanderadas precisamente del movimiento Me Too: Brie Larson. Una actriz joven considerada “seria”, ganadora de un Oscar por Room, en donde maquillaje y peinado no figuraban; no una cara bonita, ni siquiera una carismática, pero su personaje está más forzado que el de Jessica Alba como Sue Storm (La Mujer Invisible). La verdad es que nunca me gustó Larson para éste papel.


        Antes de decir nada más, he de confesar que la película me divirtió bastante, se me hizo entretenida y para mí, que no soy una experta en cómics, me resultó muy ilustrativa. Pese a todo lo que se ha dicho de las secuencias de acción, yo no le puse pero a ninguna y me parece que Larson lo hizo bien en los combates cuerpo a cuerpo. Sólo hay algunos detalles que no me gustaron, el menor de ellos es la arrastrada por el suelo que le dieron al respetable Nick Fury (Samuel L. Jackson), no habrá manera de rescatar su reputación en las cuarenta películas que le falten a este universo.


        La segunda, y muy importante, lo predecible de la trama, hasta los ajenos a la historia original (me incluyo claro está) nos dimos cuenta hacia dónde iba todo el asunto y el señor Yon-Rogg (Jude Law) quedó como una simple “carta abierta”. Y la tercera y más importante de todas, el que hicieron todo lo posible por mostrar a una heroína fea y desaliñada, poderosa eso sí, más poderosa que ningún otro superhéroe que yo conozca y que además nos llena de esperanza para la llegada de Avengers:Endgame, pero, ¿por qué le quitaron todo aquello que sí le permitieron a Black Widow (Scarlett Johansson) o a Scarlet Witch (Elizabeth Olsen)? ¡A Mystique! (Rebecca Romijn/Jennifer Lawrence) la experta pateadora de traseros masculinos.


Ustedes me disculparán, pero es algo que no entiendo. ¿Por qué para ser, ya no digo feminista, sino mujer empoderada, hace falta despojarse de la feminidad? Hablando como mujer, como toda la mujer feminista que me considero, no me gusta que de forma obligada la feminidad nos convierta en frívolas. No es así, al menos no necesariamente.

Los superhéroes o superheroínas son personajes de ensueño, son seres mitológicos, mutantes, extraterrestres, fantásticos o como guste usted llamarlos, que tienen cualquier poder que se les ocurra y que además, al menos en la mayoría de ellos, se puede considerar la belleza como parte de ese poder que tanto nos atrae. Son todas esas cosas las que los hacen tan ajenos a nosotros y quizá, la razón por la que los admiramos tanto. Esos seres extraordinarios traen también muchas virtudes consigo, que nos inspiran a sacar lo mejor de nosotros mismos, no se necesita sacrificar todo eso por un contenido ideológico. Perdón, pero para eso tenemos la vida real, para pelear todas las guerras que deben ser peleadas por las mujeres por alcanzar algo que por derecho nos pertenece. El cine de superhéroes no debería estar a obligado a ser parte de un movimiento social.


Sé que mi queja con Captain Marvel tiene un enfoque frívolo, porque no estoy hablando de la carencia de sus villanos, de lo ridículo por el que hicieron pasar a personajes tan importantes, o incluso de su falta de creatividad. Repito, a mí la película me divirtió bastante, pero parte de las risas que me provocó la cinta tienen que ver con la enmarañada cabellera de un rubio forzado y la cara llena de mugre de la mujer más poderosa de éste y otros muchos universos. Captain Marvel es uno de los mejores soldados que he visto, sin embargo, no creo que fuera necesario convertirla en hombre para considerarla una súper mujer.




7 mar. 2019

El Ángel


Maldad que seduce


Con 20 años recién cumplidos, la policía argentina detuvo a Carlos Eduardo Robledo Puch, conocido como “El ángel de la muerte”, a quien se le imputaban al menos 17 robos, 11 asesinatos y varios cargos de agresión sexual y violación. Su juventud y belleza, su mirada de ángel, lo convirtieron en el preso más popular de Argentina, en donde después de 46 años, sigue cautivo.


        El Ángel, dirigida y co-escrita por Luis Ortega se basa en la historia de Robledo Puch, para mostrar a Carlitos (Lorenzo Ferro), un jovencito con la vocación de ser ladrón. En la escuela conoce a Ramón (Chino Darín), por quien se siente atraído. Ramón pertenece a una familia de delincuentes y cuando lo lleva a conocer a sus padres José (Daniel Fanego) y Ana María (Mercedes Morán) quedan fascinados con el potencial del muchacho, mientras sus propios padres, Aurora (Cecilia Roth) y Héctor Robledo Puch (Luis Gnecco) temen por las actividades de su hijo.


        Ángeles y serafines palidecen ante el rostro de Lorenzo Ferro en lo es su primera película. Su extraordinario parecido con Robledo Puch lo convirtió en el mejor candidato a interpretarlo, pese a su inexperiencia. El director se arriesgó con él y por fortuna salió más que bien librado. Este chico de 20 años supo plantarse frente a la cámara de desplegar su encanto, lo hizo de tal manera que los “flacos” de la cinta se pueden pasar por alto, al menos hablando como espectadora.


        Su imagen me recordó a Niels Schneider, el actor francés que participó en la cinta Les amours imaginaires (Los amores imaginarios) del joven director Xavier Dolan; de hecho no podía dejar de pensar en lo que podría hacer Dolan con un actor como Ferro. El Ángel funciona por dos cosas, sin duda el carisma y la belleza del protagonista, por la comodidad con que se desenvuelve en el personaje y en segundo lugar por el tino del director y guionista al hacer girar la historia precisamente en ese punto, sin enredarse en elementos de fondo; que podrían significar  éxito o fracaso rotundo para la película. Tendrá como bonus el buen desempeño del resto del elenco, que sirvieron para sustentar la actuación del novato.


        Robledo Puch es digno de ser libro, película, estudio psicológico y muchas cosas más, en tan sólo once meses puso de cabeza a Argentina matando a sangre fría, principalmente por la espalda o disparando a las víctimas cuando estaban dormidas. Aunque la cara de infante hace esto más estremecedor, lo cierto es que no estaba tan chico cuando todo esto pasó, pero por lo visto tenía ese mismo switch que se activa en los niños sicarios o guerrilleros y que los deja con una sensación de curiosidad más que de culpa o remordimiento por tomar de manera tan “sencilla” la vida de alguien. Delincuentes sin ambición, para los que ir en contra de la ley es sólo un juego. 


        El Ángel es una buena opción en cartelera para el fin de semana, vaya y sorpréndase por los sentimientos que despertará en usted este querubín de labios carnosos que baila al ritmo de una banda sonora fantástica y con los caireles al aire, mientras disfruta el descubrir que nació para ser un verdadero demonio.