10 jun. 2019

Chernobyl


Chernobyl

Una mirada desde México 



El 26 de abril de 1986, a la 01:23 horas, una serie de explosiones destruyeron el reactor y el edificio del cuarto bloque energético de la Central Eléctrica Atómica (CEA) de Chernóbil, situada cerca de la frontera bielorrusa. La catástrofe de Chernóbil se convirtió en el desastre tecnológico más grave del siglo XX.
«Chernóbil», Belarússkaya entsiklopedia.


El siglo XXI sigue a paso firme su curso, sin embargo, para muchos de los flamantes adultos del día de hoy, denominados así mismos: “atrapados en los 80´s”, esa década, esa gloriosa época, parece extenderse hasta nuestros días, se puede decir que los playlists nos delatan. En México 1986 fue el año del Mundial de Fútbol no había tema más importante que ese, y claro que nos enteramos (varios días después como el resto del mundo) del terrible suceso en la entonces llamada Unión Soviética; sin embargo no entendíamos de qué se trataba, sí, seguro era una cosa muy mala, pero sucedió muy lejos, el Mundial estaba a punto de comenzar y por lo tanto nunca nos importó, la noticia quedó sepultada por “la mano de Dios”.


        Para todos aquellos que pensaron que la tragedia de Chernóbil no nos alcanzaría (más allá de las partículas en aire que nos tocaron), nuestros gobernantes a cargo, y pese a la advertencia recibida, nos hicieron el favor de comprar leche en polvo contaminada por la nube radioactiva que se generó en el accidente nuclear. Eso que al final quedó en nuestro país como una leyenda urbana, significó un aumento del 300% en la incidencia de cáncer infantil (1987-1997). Se calcula que todos los mexicanos en esa época consumimos, al menos una vez, una porción de las 40.000 toneladas de leche en polvo, distribuidas en más de treinta empresas de productos alimenticios, principalmente a través de CONASUPO a todo el territorio nacional. Así que ningún ruso nos va a venir a dar cátedra sobre mentiras y artilugios.


        Dentro de las tendencias actuales cada día se habla más de ese “accidente” nuclear gracias a la miniserie Chernobyl, una coproducción de la cadena estadounidense HBO y la cadena inglesa Sky, basada en los hechos reales que se describen en los libros: “Voces de Chernóbil” (Svetlana Alexiévich. Premio Nobel de Literatura 2015) y “Medianoche en Chernóbil” (Adam Higginbotham. Periodista). Gracias a eso, y quizá a momento histórico por el que pasan nuestras comunicaciones, esta catástrofe nuclear tiene ahora la atención que no tuvo nunca. Hoy los ojos están sobre el sarcófago gigante que contiene más de 200 toneladas de material radioactivo que no ha muerto, sigue y seguirá escupiendo radionúclidos por miles de años.


        El director Johan Renck (Breaking Bad) y el guionista y creador de la serie Craig Mazin (Superhero Movie) lograron recrear de manera impresionante el lugar de la tragedia. Sin perder de vista que Chernobyl es una serie de ficción, es decir, que no todos los personajes que ahí aparecen son reales y algunos de los hechos se exageraron u ocurrieron en momentos diferentes, la miniserie logra transmitir las emociones y los acontecimientos generales de esa catástrofe. A manera personal puedo hablar de la angustia, el coraje y la tristeza con la que viví el recorrido visual de esos cinco episodios y las cápsulas “fuera de cámara” que se agregaron al final de cada uno.


        En un formidable despliegue actoral van apareciendo los protagonistas principales. Valere Legasov, el físico nuclear en jefe interpretado por Jared Harris; Stellan Skarsgård como Boris Shcherbin el Viceprimer Ministro de la Unión Soviética; Adam Nagaitis y Jessie Buckley interpretan al bombero Vasily Ignatenko y su esposa Lyudmilla Ignatenko. David Dencik da vida al Secretario General del Partido Comunista en ese momento, Mikhail Gorbachev.


Entre los personajes ficticios sobresalen Emily Watson quien toma el rol de Ulana Khomyuk otra física nuclear, pero que en realidad no sólo representa a los cientos de científicos que se abocaron a minimizar los daños por radiación en el lugar del accidente, sino que tiene un papel como de “La Conciencia”, como esa voz en la cabeza que los incita a hacer lo correcto. En un rol parecido esta Barry Keoghan que interpreta a un soldado de nombre Pavel, a quien hacen notar que lo levantaron del pupitre y lo vistieron como militar, el personaje de Keoghan hace las veces de “La Inocencia”, que quizá se puede referir a la ingenuidad de un pueblo que todavía cree en sus gobernantes. Por último quiero mencionar el papel de Donald Sumpter quien da vida a un anciano identificado como Zharkov. Sumpter representa el régimen que agoniza, al “dinosaurio” que se aferra a su falso poderío momentos antes de morir.


En Chernobyl no hay escenas sin sentido, cada cuadro, cada mirada, cada tropezón tiene un objetivo y genera una reacción en la audiencia. Es cierto que puede resultar tendenciosa y que hay partes que parecen “cortadas” de forma prematura, tal vez necesitaba un poco más de tiempo para contarse, aunque no sé si hubiera podido soportarlo. Hay terror en su belleza, no puedo quitar de mi cabeza la escena en el puente.


        Craig Mazin estremece con su manera de contar las cosas, lo cual no deja de sorprender, más cuando caemos en cuenta de sus antecedentes como director o guionista. Tal vez uno de sus mejores logros fue explicar con manzanas los fenómenos ocurridos, ya que nadie en la vida real se dio a la tarea de hacerlo como lo haría Jared Harris a lo largo de la serie y especialmente en el juicio. Así que no se preocupe, aunque no sea físico nuclear, entenderá la gravedad del asunto, y eso, será lo que le haga perder el sueño; o al menos se convertirá el mejor tema de conversación para estos días.


        Las mentiras cuestan y cuestan demasiado, ésta en especial costó y sigue costando muchísimas vidas, costó pérdidas económicas, ecológicas y territoriales de proporciones épicas, costó la caída de un régimen obsoleto pero aferrado a la falsa percepción del poder.




29 mar. 2019

Dumbo


Burton sucumbe ante lo correcto


No puedo hablar del impacto de Dumbo allá por 1941, pero puedo hablar de lo que esos sesenta y cuatro minutos provocaron en mí a mediados de los años setenta, puedo hablar también de la reacción de mis hijos en los inicios de los dos mil; o de la mi sobrino pequeño hace unos años a esta misma cinta protagonizada por un elefante bebé de orejas gigantescas, su impacto fue tal que hasta ahora se rehúsa a ver de nuevo la película en donde la Sra. Jumbo es encadenada. Lo curioso de todo esto, en las tres generaciones, es que ninguno de nosotros pensó en un animal de circo maltratado, sino que todos humanizamos a aquella elefanta que echó abajo un circo por defender a su cría. Nosotros lloramos por la mamá de Dumbo y su posterior separación.


        En el 2019 Tim Burton, con la venia de Disney, presenta una nueva versión de aquella película en donde los humanos figuraban sólo para maltratar a madre e hijo, o para embriagar a este último. Ahora tenemos a Holt Farrier (Colin Farrel) un soldado que regresa de la guerra para integrarse de nuevo en el circo en donde se encuentran su hija Milly (Nico Parker) y su hijo Joe (Finley Hobbins), ya que al morir su madre quedaron al cuidado de otros trabajadores circenses bajo la dirección de Max Medici (Danny DeVito) dueño del circo. Cuando Max Medici ve las enormes orejas del pequeño paquidermo se desentiende de él y lo deja al cuidado de los niños, pero cuando se descubre que puede volar, se aparece V.A. Vandevere (Michael Keaton) un frío empresario acompañado de Colette Marchat (Eva Green) una trapecista francesa. El Sr Vandevere quiere asociarse con Medici para así tener derechos sobre el pequeño Dumbo.


        La lista del elenco humano que acompaña a la familia de paquidermos se hace larga y la de los animales prácticamente desaparece, lo que no explica en qué momento la película se deshumanizó. No puedo culpar a los animales creados por computadora, porque hasta eso que les quedaron muy bien, Dumbo sigue siendo encantador; salvo Keaton, DeVito y la breve participación de Alan Arkin, el resto de los protagonistas están acartonados, sobre todo los niños, que se supone que son los que debían inyectar las emociones a la cinta.


        Ehren Kruger fue el guionista que adaptó, o que mejor dicho, despedazó la versión original de Joe Grant y Dick Huemer, tomada del libro Dumbo, the Flying Elephant de Helen Aberson, del que quiero asumir, tomaron al menos parte de esta nueva historia; por desgracia aquí se refleja de manera muy clara que “menos es más”. La música estuvo a cargo de Danny Elfman, quien quedó muy lejos del trabajo que hicieron Frank Churchill y Oliver Wallace en 1941. Baby Mine, tenía todo para estremecer al público con sus acordes, pero ni la escena, ni los nuevos arreglos lograron hacernos derramar una lagrimita siquiera.


A Dumbo le puedo aplaudir la fotografía de Ben Davis y el montaje de Chris Lebenzon. A la mano de Burton le agradezco la escena de los elefantes rosas, otra parte emblemática de la película, que aunque no me gustó la modificación del origen, me pareció bellísima, lo mismo que los detalles retro del mundo circense, pero es aquí justo cuando me pregunto ¿por qué si hicieron una película de época, no respetaron el momento histórico?


Es cierto que no todo en los tiempos pasados fue mejor que ahora, es cierto también que como sociedad hemos cambiado y dimos marcha atrás a cosas que nunca debieron ser, como al maltrato de los animales en el circo o incluso al hecho de alcoholizar a un menor, por más accidental que parezca, pero la historia está para aprender de ella, no para editarla y maquillarle los errores. La cinta no refleja la realidad de ese momento, ¿por qué?, ¿por no herir susceptibilidades actuales? ¿Dónde está el drama entonces? ¿Dónde quedó todo ese cúmulo de detalles que nos hicieron reír por la inocencia y llorar por las injusticias? ¿Dónde quedó el Dumbo que era empático con nosotros, que era UNO de nosotros? ¿En dónde quedó todo lo que hemos aprendido de errores pasados, si ahora parece que nunca existieron?


Yo no voy a hablar, como muchos lo están haciendo, de que Burton “perdió el toque”, para mí el director se aferró hasta donde pudo a la parte oscura que lo caracteriza y eso me gustó muchísimo, yo quería más de eso porque él se mueve cómodo en la oscuridad y la historia pintaba a ser perfecta en sus manos, el problema fue que lo forzaron a ser verde y no negro.


Tal vez mi sobrino, si es que se atreve a verla, logre sanar el corazón que se hizo pedazos con la versión original y ahora pueda sentirse más tranquilo por el destino de Dumbo y su mamá. Para los niños que jamás la han visto puede ser una linda película que no les recordará a nada ni a nadie, pero igual querrán comprar los nuevos juguetes coleccionables. Yo me quedé con pañuelos desechables intactos.

   

21 mar. 2019

Mary Queen of Scots


Desapasionada versión

 del amor-odio


¿Tendencia o casualidad? ¿De qué depende que un personaje histórico se ponga de moda en el cine? Tal vez los movimientos sociales tienen algo que ver aquí, o quizá la historia tiene una cuota que pagar a figuras que en su momento fueron menospreciadas por su género, color, orientación sexual y muchos etcéteras más. El rol de reina protagónica (solita, sin un rey que la acompañe) se ha visto mucho últimamente, ya pasamos por muchas versiones de Elizabeth (Isabel I de Inglaterra) y ahora la Casa Estuardo es el linaje de moda, primero con Ana I en The Favourite  y ahora con María I en Mary Queen of Scots (Las dos reinas).


         Basada en la biografía Queen of Scots: The True Life of Mary Stuart, de John Guy, la directora Josie Rourke habla sobre el regreso a Escocia de Marie I (Saoirse Ronan) para reclamar el trono que por derecho le pertenece, sin embargo, su prima Isabel I (Margot Robbie) es quien tiene bajo el mandato de la corona de Inglaterra a dicho territorio.


Beau Willimon (House of Cards) lleva el guion en un camino diferente al que alguna vez tomó la versión dirigida por John Ford, Mary of Scotland, en 1936; suavizando el odio y los celos de este par de regias parentelas. Para la versión 2018 tenemos sí, dos monarcas en guerra, pero más que mostrarlas celosas una de la otra, resulta que son víctimas de la maquinación de los hombres a su alrededor… ¿le suena esto suficientemente feminista? No es que se odien, por el contrario, se aman y se admiran, pero una cabeza debe de rodar.


¿Qué fue lo que pasó en realidad? Creo que es muy difícil saberlo, no he leído la biografía de John Guy y no sé qué tanto se apegó el guion a ella, así que sólo me queda hablar de la cinta por lo que muestra la pantalla. Por lo tanto les diré que para ser una película de época la ambientación, el vestuario y maquillaje están impecables. Tanto Robbie como Ronan tienen actuaciones “suficientes”, lo cual es una desgracia sobre todo para Margot Robbie, quien se ha esforzado tanto en destacar más allá de su belleza, reconocimiento que estuvo a punto de alcanzar por I,Tonya, y que sin duda a este paso conseguirá muy pronto.


Mary Queen of Scots no logra transmitir las emociones que se fraguan entre estas dos mujeres, personajes maravillosos, eso que ni qué. El ritmo no se mantiene y al final, sin sorpresa además, nos quedamos con una historia bellamente presentada, pero muy plana.




15 mar. 2019

The Professor and the Madman


Hace falta más que una

 buena historia


El profesor James Murray (Mel Gibson) se ve involucrado en la ardua tarea de compilar palabras para la primera edición del Oxford English Dictionary a mediados del siglo XIX. Mientras tanto el Dr. William Minor (Sean Penn), declarado demente tras el asesinato de un hombre inocente, se convierte en el mejor de sus colaboradores al enviar más de diez mil palabras para el diccionario.


        Tal parece que desde que Mel Gibson dirigió, escribió y produjo The Passion of the Christ, el mote de “loco” aparece de forma repetitiva. Más tarde llegó Apocalypto y la locura se hizo oficial, para cuando se estrena Hacksaw Ridge, estábamos seguros de haberlo perdido para siempre. Deschabetado de atar, pero con la genialidad propia de los locos más evidente que nunca. The Professor and the Madman se convirtió en su siguiente gran proyecto, sin embargo, en el largo y tortuoso camino de esta producción, el Sr. Gibson decidió ceder la dirección a alguien que creyó más cuerdo que él. Farhad Safinia pasó de guionista a director de la noche a la mañana y ahora no sabemos cuál locura fue mayor.


        Retrasar el estreno de una película, se puede dar por diversas razones, pese a que ese retraso no la hará mejorar ahí guardada en donde está. Tal vez la puede mantener a distancia de otras cintas que la hagan ver peor, pero tal parece que lo único que consiguieron con el retraso fue “salir tablas”.


        La historia es fascinante, en verdad le digo que vaya a verla nada más por conocer la gran proeza de estos dos hombres. El diseño de producción y la ambientación no tienen pero alguno, las actuaciones son bastante decentes; todos sabemos que Sean Penn no necesita esforzarse mucho para dar la impresión de haber perdido la cabeza, pero hace un buen papel.


        Tal vez el mayor pecado de esta cinta fue la duración, el equipo de guionistas, en donde también se cuenta al director, junto con John Boorman y Todd Komarnicki, no logra mantener el ritmo en la historia, por lo que se puede sentir un poco larga. La adaptación del guion es pobre, quizá se deba a que había tanto que decir al respecto de los personajes que circulaban alrededor de los protagonistas o simplemente porque la problemática legal en la que se vieron envueltos acabó con su inspiración.



        The Professor and the Madman es apenas un asomo de lo que pudo haber sido, sin embargo, después de que terminó la racha de estrenos de las mejores películas del año pasado, ahora aparece en la cartelera como algo de lo poco bueno que se puede ver. Como acontecimiento histórico, vale la pena, además no voy a negar cierto placer de volver a ver a Gibson en un papel, digamos serio, aunque no lo salva que esa locura implícita en todas sus producciones, sea cada vez más evidente.





10 mar. 2019

Captain Marvel


Llámame frívola


Captain Marvel, también conocida, muchos años atrás, como Ms. Marvel; "la heroína más grande del Universo Marvel", o quizá “La Vengadora más poderosa". Carol Danvers, oficial de la Fuerza Aérea de los EEUU, o Vers, miembro de la Fuerza Estelar de los Krees, hace su aparición en el cine, en un momento muy diferente al que se presentó en los cómics por primera vez, allá por 1968. Aterriza justo en la era del empoderamiento femenino, en el apogeo del movimiento Me Too y en pleno Día de la Mujer.


        En el año 2017 DC Comics se les adelantó presentando a  su superheroína Wonder Woman (Gal Galdot), quien vino a levantar del suelo a Batman y Superman, portando una minifalda, una impecable cabellera y toda la belleza y fortaleza característica de las Amazonas. El resultado fue avasallador. ¿Qué fue lo que se le ocurrió a Marvel para superar esta proeza?


        Bueno, Marvel se preparó para éste momento desde el 2012  cuando en los comics se dio el inicio de una nueva etapa para Carol Danvers gracias a la guionista Kelly Sue DeConnick y al nuevo diseño de su traje. Como todos los superhéroes a lo largo del tiempo, Captain Marvel ha pasado por muchas transformaciones, es imposible en una película, apegarse a una historia tan cambiante como la de éste personaje tan curvilíneo que además posee una poderosísima cabellera rubia; pero parece que conforme fueron reivindicando su poder, le fueron restando atributos FE-ME-NI-NOS.


        Captain Marvel fue muy pensada, tanto que Wonder Woman le comió el mandado, porque con los superhéroes como en la vida real, “el que pega primero, pega dos veces”. Si bien procuraron involucrar a la mayor cantidad de mujeres en el proyecto, tal como DC lo hizo, para esta cinta quisieron ser, digamos, un poco más intelectuales, más pensantes. Es por eso que trajeron a Anna Boden y Ryan Fleck directores y guionistas de cine independiente, a arriesgarse con una producción gigantesca que se les salió de las manos. La elección de la protagonista; una ferviente feminista y una de las principales abanderadas precisamente del movimiento Me Too: Brie Larson. Una actriz joven considerada “seria”, ganadora de un Oscar por Room, en donde maquillaje y peinado no figuraban; no una cara bonita, ni siquiera una carismática, pero su personaje está más forzado que el de Jessica Alba como Sue Storm (La Mujer Invisible). La verdad es que nunca me gustó Larson para éste papel.


        Antes de decir nada más, he de confesar que la película me divirtió bastante, se me hizo entretenida y para mí, que no soy una experta en cómics, me resultó muy ilustrativa. Pese a todo lo que se ha dicho de las secuencias de acción, yo no le puse pero a ninguna y me parece que Larson lo hizo bien en los combates cuerpo a cuerpo. Sólo hay algunos detalles que no me gustaron, el menor de ellos es la arrastrada por el suelo que le dieron al respetable Nick Fury (Samuel L. Jackson), no habrá manera de rescatar su reputación en las cuarenta películas que le falten a este universo.


        La segunda, y muy importante, lo predecible de la trama, hasta los ajenos a la historia original (me incluyo claro está) nos dimos cuenta hacia dónde iba todo el asunto y el señor Yon-Rogg (Jude Law) quedó como una simple “carta abierta”. Y la tercera y más importante de todas, el que hicieron todo lo posible por mostrar a una heroína fea y desaliñada, poderosa eso sí, más poderosa que ningún otro superhéroe que yo conozca y que además nos llena de esperanza para la llegada de Avengers:Endgame, pero, ¿por qué le quitaron todo aquello que sí le permitieron a Black Widow (Scarlett Johansson) o a Scarlet Witch (Elizabeth Olsen)? ¡A Mystique! (Rebecca Romijn/Jennifer Lawrence) la experta pateadora de traseros masculinos.


Ustedes me disculparán, pero es algo que no entiendo. ¿Por qué para ser, ya no digo feminista, sino mujer empoderada, hace falta despojarse de la feminidad? Hablando como mujer, como toda la mujer feminista que me considero, no me gusta que de forma obligada la feminidad nos convierta en frívolas. No es así, al menos no necesariamente.

Los superhéroes o superheroínas son personajes de ensueño, son seres mitológicos, mutantes, extraterrestres, fantásticos o como guste usted llamarlos, que tienen cualquier poder que se les ocurra y que además, al menos en la mayoría de ellos, se puede considerar la belleza como parte de ese poder que tanto nos atrae. Son todas esas cosas las que los hacen tan ajenos a nosotros y quizá, la razón por la que los admiramos tanto. Esos seres extraordinarios traen también muchas virtudes consigo, que nos inspiran a sacar lo mejor de nosotros mismos, no se necesita sacrificar todo eso por un contenido ideológico. Perdón, pero para eso tenemos la vida real, para pelear todas las guerras que deben ser peleadas por las mujeres por alcanzar algo que por derecho nos pertenece. El cine de superhéroes no debería estar a obligado a ser parte de un movimiento social.


Sé que mi queja con Captain Marvel tiene un enfoque frívolo, porque no estoy hablando de la carencia de sus villanos, de lo ridículo por el que hicieron pasar a personajes tan importantes, o incluso de su falta de creatividad. Repito, a mí la película me divirtió bastante, pero parte de las risas que me provocó la cinta tienen que ver con la enmarañada cabellera de un rubio forzado y la cara llena de mugre de la mujer más poderosa de éste y otros muchos universos. Captain Marvel es uno de los mejores soldados que he visto, sin embargo, no creo que fuera necesario convertirla en hombre para considerarla una súper mujer.