viernes, 22 de julio de 2016

Feministas vs Feminazis

Feminismo distorsionado es igual a “Feminazi”
La sociedad actual tiene a sus máximos exponentes en guerra, hombres y mujeres se pelean como insaciables depredadores el liderazgo de la cadena alimenticia. El concepto de igualdad entre los sexos se ha distorsionado al grado de buscar la superioridad, no la equidad. Si bien es cierto que la sociedad y nuestro entorno han influido en lo que somos, les quiero recordar que fue la madre naturaleza la que tuvo a bien crearnos con características diferentes, dando tanto a hombres como a mujeres las “armas” necesarias para sobrevivir, repito, para sobrevivir, no para matarse unos a otros.

Si hablamos de los orígenes de la especie, recordemos que la aparición del Australopithecus se remonta a cuatro millones de años, mientras que  el origen del último eslabón conocido de la  evolución del hombre, el Homo Sapiens Sapiens, ocurrió hace 150 mil años (años más años menos, las publicaciones no se ponen de acuerdo), dando como resultado humanos con un cerebro más pequeño, pero neurológicamente superiores.

Entonces, saque cuentas, si entre el primer hombre que caminó erguido y lo que se conoce como el “hombre moderno”  hay 3.9 millones de años de evolución, y entre el hombre moderno y  usted hay 150  mil años, ¿qué tanto cree que ha evolucionado desde entonces?

Definir al ser humano (hombre o mujer) como un animal de instintos es algo muy delicado. Nuestra evolución biológica, la educación que ha recibido nuestra especie, la presión social, la influencia de las diferentes ciencias, corrientes filosóficas y/o religiosas, hasta lo que es políticamente correcto, nos ha puesto a parir chayotes por miles y miles de años.

Nuestra raza, como todas las demás, tiene hembras y machos. Cada uno de ellos dotado de diferentes características e instintos. Los machos y hembras humanos, nunca, nunca, nunca de los “nuncas” van a ser iguales. O tal vez sí, pero en unos cuantos millones de años.

Estamos en uno de los momentos más álgidos de las relaciones hombre-mujer. Hombres emasculados y mujeres "empoderadas" en mal sentido. Y aquí me quiero detener un momento para afirmar que no voy en contra de ninguno de los dos, al contrario, estoy tratando de ver esa guerra desde un punto fuera de conflicto y dando una opinión.

Las mujeres nos hemos sentido menospreciadas y oprimidas por siglos, la educación que recibimos nos proyecta a cambiar esa postura de víctima, lo cual no sólo es válido, sino que es urgente. El feminismo ha venido a cambiar, para bien, el panorama de las mujeres, sin embargo, en vez de mejorar, digamos que de finales del siglo XX para acá, se ha distorsionado el concepto, convirtiéndose en algo que ahora conocemos como “feminismo radical” o “feminazi”.

Por definición entendemos, que feminismo es la filosofía que defiende que las mujeres deben tener los MISMOS DERECHOS que los hombres. Punto y nada más. 

Feminazi según Wikipedia, porque en la RAE no existe, es un término, tanto adjetivo como sustantivo, que es usado en sentido peyorativo para referirse a feministas que son percibidas como radicales o que promueven la vulneración de derechos de los varones. Por último, y en lo que esperamos que el Diccionario de la Real Academia Española y Arturo Pérez Reverte se pongan de acuerdo, entendemos por empoderamiento: la adquisición de poder e independencia por parte de un grupo social desfavorecido para mejorar su situación (no para colocarse en una posición de superioridad).

El feminismo no dice nada de compartir alguna otra característica de género con los hombres. Las verdaderas feministas no quieren ser físicamente más fuertes para ponerle en su madre a cuanto macho les pase por enfrente. Las feministas no quieren ni tener pene, ni andar por ahí cortando falos para demostrar su superioridad. Ser feminista no nos dota de una inteligencia superior o nos hace aptas para desempeñar un puesto de trabajo para el que no estamos calificadas. Ser feminista no es igual a ser lesbiana (al menos no necesariamente), ni el feminismo es lo contrario al machismo, como mucha gente supone. Las feministas no necesitan pintarse las axilas de colores, o abortar sólo porque puedo, porque “mi cuerpo mi decisión”.

Todo este caos entre los sexos está infectando nuestras vidas y nuestra sociedad a través de nuestra educación y cultura. Todos lo sufrimos, porque no nos queda de otra, el feminismo radical lo padecen hombres y mujeres, de la misma manera que sufrimos el machismo, la discriminación y otros tantos menesteres.

La biología evolutiva señala a los machos de nuestra especie  (y de todas las especies) como violentos, lo cual tiene que ver con el instinto de supervivencia. El macho no sólo lucha por su vida, sino también por la de su “manada”, sobre todo por la vida de su hembra. Las hembras al ser físicamente más débiles se unen al macho por protección y por el instinto de reproducirse de ambos.

La mayor misión en la vida de un macho, es eso, ser macho; ser el macho dominante, el macho alfa. Imagínese el paquetote que es lidiar con esa meta en la vida. ¿Cuántos machos alfa hay en una manada? ¡Uno! Y ¿por qué quiere ser el macho alfa? Pues para que la hembra lo escoja a él. Las hembras prefieren a los machos más fuertes. Entre nuestros parientes más cercanos, los primates, el hombre es quien tiene el pene más grande. Eso es una prueba innegable de la evolución, la selección natural en este punto se inclina en favor de las hembras, fueron ellas las que dictaron este cambio, y muchos otros más en su beneficio.


Ahora ¿cuál era la meta en la vida de las hembras de las cavernas? Pues conservar al macho que la protege. Lo cuida, lo alimenta, lo complace sexualmente, se somete ante él. Y mucho ojo con esto. No me mate todavía, deme unas líneas para explicarlo. Cuando otro miembro de la manada se convierte en el más fuerte, automáticamente el alfa actual desaparece. Para las hembras la sumisión es parte de su poder sobre el macho, no le conviene castrarlo, no es más fuerte que él, las posibilidades de que lo supere en combate son mínimas. Y entonces piensa… un macho debilitado no le sirve para sobrevivir.

Los machos reaccionan de manera violenta contra todo aquello que amenace su poderío, es instinto. En algunas especies llegan a matar a las crías machos, por aquello de no darles tiempo a que se fortalezcan. ¿Usted cree que un macho va a tolerar que una hembra lo enfrente? ¿Que una hembra quiera tomar el poder que otro macho no pudo quitarle? Las superioridad de las  hembras  no le vienen bien. ¿Ya me está entendiendo por dónde voy? Recuerde que estoy hablando de lo que pasaba hace más de cien mil años.

Seguimos,  vamos de regreso a la época actual,  después de miles de años de evolución, y aclarando que evolución no quiere decir que las cosas son mejores que antes, porque no estamos hablando de computadoras, de autos o pantallas de televisión. Estamos hablando de la manera en que nos hemos adaptado para sobrevivir, lo que hemos dejado atrás porque dejó de sernos útil,  o de características que estaban y ahora no están, o viceversa.

Nuestros instintos primitivos siguen ahí, se encuentran en la base cerebral, lo que vamos aprendiendo los va modificando, y conforme más se educan más se acercan a la superficie. En la corteza cerebral está lo que nos hace “civilizados”, aunque algo en el sótano de patadas de vez en cuando. Es por eso que los hombres ya no traen un tronco en una mano y a la mujer arrastrando de las greñas en la otra. Los instintos primitivos se han domesticado, al menos en la mayoría de nosotros.

Entonces, volviendo al asunto feminazi, tal vez ahora pueda entender más claramente por qué los hombres las desprecian por sentirse amenazados, y porque muchas otras féminas no están de acuerdo con ellas. La mujeres necesitamos que se respeten nuestros derechos (al igual que los hombres), queremos tener libertad de estudiar, de trabajar, de tener hijos si queremos, de tener la vida y la orientación sexual que se nos dé la gana llevar. Queremos que la violencia de género termine, que nuestros salarios sean equivalentes a los de un hombre en el mismo puesto y con las mismas responsabilidades. Eso queremos en general, aunque yo agregaría también el deseo de comer y no engordar. El empoderamiento de la mujer (cosa con la que estoy muy a favor), no requiere la degradación del hombre y viceversa.

Con esto quiero recalcar lo que la educación ha hecho por nosotros como raza. La educación nos lleva a  alcanzar esa equidad entre los sexos, es importante no perder de vista que los seres humanos no fueron creados para ser iguales, que uno de ellos fue hecho más fuerte para proteger al otro. Tras miles de años de evolución, y porqué no decirlo, de abusos, las mujeres han conseguido muchas cosas, pero a pesar de eso todavía hay en el mundo millones de mujeres maltratadas de alguna manera.  Eso debe cambiar, pero no creo que deba cambiar el orden de los factores, es decir, que el rol de víctima no debe caer sobre los hombres. Lo que necesitamos es una trasformación social.


Ahora, a manera personal, y en este punto cada quien se inclina a donde quiera, le confieso que a mí me encanta la idea de sentirme protegida, de sentirme segura y no amenazada por el hombre que está a mi lado. Me gusta la idea de ser madre y decidí libremente entre mi vida profesional y la familiar. Me considero una mujer inteligente, muy inteligente, a la que cocinar o hacer el aseo en la casa no denigra, al contrario, me hace muy feliz, tengo la psicosis del trapito ¿qué le vamos a hacer? Me gusta cultivar y cuidar las plantas. Me gusta tener la libertad de hacer lo que yo quiera, siempre y cuando no perjudique o viole el derecho de alguien más. Me gusta que me abran la puerta o me acerquen la silla, jamás pensaría que alguien me toma como idiota por eso. Para la sumisión, acá a la sorda le diré que tengo mis atenuantes, pero como mi vida íntima no le importa, pues me guardo mis comentarios. ¿Qué quiero decir con esto? Que no todas las mujeres queremos lo mismo, seguro los hombres tampoco.

Los términos de igualdad se están pervirtiendo en pos de la superioridad de la mujer y la discriminación del hombre. Nos estamos convirtiendo en lo que estamos tratando de erradicar. Violentar las relaciones no beneficia a nadie. No sería capaz de disfrutar un mundo sin feminicidios teniendo a cambio la discriminación y la violencia contra los hombres. No disfrutaría mi derecho de estudiar, de superarme y de destacar profesionalmente encajando mis tacones sobre un hombre, que por ser hombre, no tiene las mismas oportunidades que yo.

En verdad no me importa que se me especifique el género de los adjetivos que usamos, de hecho me duelen los oídos con aquello de “presidente y presidenta” “contentos y contentas” “mexicanos y mexicanas”. O soy inmune a la discriminación que esto pudiera representar o sencillamente tengo mejores cosas de qué preocuparme. No tengo problema con que en los puestos de gobierno exista o no la misma cantidad de plazas asignadas a mujeres y a hombres, quiero asumir que cada quien se gana su lugar de acuerdo a sus capacidades, no a su sexo.


Señora, señorita, no llene su vida de odio. No se deje, pero tampoco abuse. Sea libre, pero no  a costa de esclavizar a alguien más. Sea fuerte porque quiere serlo, no porque tenga algo que demostrar. Tenga hijos, no tenga hijos, estudie y sea una profesional exitosa. Gane todo el dinero del mundo porque su trabajo lo vale, pero no fije su valor en el dinero.  Cocine no cocine, agarre el trapeador o no lo agarre, que le abran la puerta del auto o atiéndase usted solita, escoja arriba o abajo en la cama, haga lo que le dé su real gana hacer, sin pensar que lo hace porque las mujeres son superiores que los hombres. Los seres humanos merecemos la soberanía en nuestras decisiones, merecemos respeto y ser tratados con dignidad. Ejerzamos ese derecho con responsabilidad y justicia.





5 comentarios:

  1. Con tanta lucidez he quedado deslumbrado. ¡¡¡Felicitaciones!!! y Salud!!!

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  2. Respuestas
    1. Pues tal vez un poco rebuscado, pero la idea es alcanzar la equidad, no la superioridad. Saludos!

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  3. Objetivo, claro y de lectura agradable, me gusto.
    :)

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