29 oct. 2017

The Munsters

El divertido horror de una familia funcional
1964 fue un gran año televisivo para los monstruos, series que incluían brujas, vampiros, vampiresas y otros personajes propios de los grandes clásicos literarios, se colaron en el catálogo de los programas infantiles de mayor popularidad. En el mes de septiembre de ese año, con tan solo unos días de diferencia entre ellas se estrenaban: Bewitched (Hechizada), The Addams Family (Los locos Adams) y The Munsters (La familia Monster).

Bewitched se mantuvo con mucho éxito por ocho temporadas, convirtiéndose en la serie más larga con una temática sobrenatural entre los años 1960 - 1970,  consiguiendo entrar en la lista de Las 50 Mejores Series de todos los Tiempos. The Addams Family y The Munster significaron para la ABC y CBS respectivamente, una guerra de rating a lo largo de dos años, hasta que Batman los dejara fuera del aire con un tremendo ¡Pow!

En general las dos series tratan sobre lo mismo, una familia terrorífica en situaciones cotidianas, que hacen notar que los monstruos son otros y no ellos. La nota sería muy larga si trato de detallar las dos series, así que tuve que escoger entre una y otra, y tras una difícil decisión me incliné por The Munster.

Su emisión comenzó sin muchas expectativas, aunque la idea original era hacerla a colores, por cuestiones de presupuesto la mantuvieron en blanco y negro, lo cual agregó un extra a su encanto. Al reparto original se incluyeron: Fred Gwynne como Herman Munster y  Al Lewis como Sam Dracula, el abuelo. Los dos actores venían de trabajar juntos en la serie Car 54, where are you?, sin embargo, ni antes ni después, lograron superar a sus personajes en esta serie, no hubo manera de que se los quitaran de la piel. Igual le pasó a Yvonne De Carlo con Lily Munster, sin importar sus destacados antecedentes en el cine, fue la televisión la que la volvió inmortal. Beverly Owen y Pat Priest dieron vida a Marilyn Munster,  la sobrina  “rara” de la familia y Butch Patrick se convirtió en Eddie Munster, un pequeño hombre lobo.

El que el tema de estas series haya salido a flote no es casualidad, la fecha tendrá algo que ver, pero en realidad  surgió hace unos días en una plática casual con un amigo psicólogo, con quien me he dedicado a comentar los simbolismos de algunas películas y personajes, dando como resultado analogías interesantes que ya les contaré. Tanto Los Munster como Los Addams son comedias de contrastes, en donde ser monstruo era algo común. Se compadecían de los humanos “normales” por considerarlos raros, sin embargo los dos excéntricos clanes, son un perfecto modelo de una familia funcional, en donde los problemas existen, pero a diferencia de aquellas que se tornan en disfuncionales, estas monstruosas familias  convierten el problema en parte de la solución.

La cotidianidad es parte de su encanto y son precisamente esas situaciones las que las hicieron empáticas con nosotros. Hablando de Los Monsters, que se acercan un poco más al común de nosotros por ser una familia de clase media; Herman sale todos los días a trabajar, mientras Lily se queda en casa (como era lo más habitual en la época). En el intro de la serie Lily despide en la puerta a cada miembro de la familia, como seguro lo hizo nuestra madre más de una vez.

Eddie es travieso como cualquier niño, pero responde a la autoridad de los padres y respeta la figura del abuelo, quien es una persona importante para él. El abuelo con ese aire excéntrico, siempre habla de los buenos tiempos en Transilvania y se muestra encantado de que su nieto pase el tiempo con él y sus experimentos. El personaje de Al Lewis se respetaba como corresponde a un adulto mayor, más nunca fue el responsable de Eddie, esos eran sus papás.

El personaje de Herman contrasta su imponente aspecto con su inocencia y su gran corazón. Y aunque la figura que denota más estabilidad en la casa es la de Lily, las decisiones se toman en pareja. La comunicación entre los miembros resultó un punto clave y el amor entre ellos siempre estuvo presente. Con  Los Addams  este punto fue un poco más allá, porque Homero y Morticia tienen demostraciones de afecto más pasionales, lo cual deja ver lo sano de su relación íntima. El amor no se esconde en ninguna de esas casas, es visto con naturalidad y todos lo festejan.

El último miembro de la familia, y en apariencia el más distante, fue en gran medida el pilar de la serie. Marilyn, creada a semejanza de Marilyn Monroe, una típica jovencita rubia  de rasgos perfectos, un icono de la belleza de esos tiempos. Por este personaje todos en casa sentían compasión por considerarla fea y diferente a los demás. Por ser sobrina y no hija de Herman y Lily, el amor hacia ella no es una cuestión sanguínea, sino que radica en la aceptación y tolerancia de la familia. Bajo estos conceptos La familia Monster veía al resto del mundo, su grado de tolerancia era tal que si no entendían las acciones de los demás, solo las aceptaban agregando un poco de compasión. Estaban incapacitados para percibir una mala intención, incluso la maldad misma, porque en ellos no existía.
Una familia funcional,  indistintamente de su apariencia externa, establece relaciones con el entorno, están abiertas a las bondades que ofrece el diálogo, son capaces de alojar la diferencia dentro de ellos sin que esto les cause problema. Los padres mantienen la jerarquía, sin llegar a ser una dictadura, están receptivos a escuchar la retroalimentación de los otros miembros. La relación de pareja está tanto al margen como dentro de la familia, el amor es evidente y cada miembro funciona muy bien, ya sea de manera individual o colectiva.

Considere esta nota como una sugerencia para volver a reír con esta comedia de humor absurdo y gags que dan rienda suelta a las carcajadas. Esta serie, solo tuvo dos temporadas, cada una con 35 capítulos, pero eso fue suficiente para considerarla actualmente como una Serie de Culto y un icono de la Cultura Pop. Está llena de mensajes vigentes al día de hoy, incita al respeto a las minorías y  a no juzgar por el aspecto, sino por las acciones. Somos tantas las familias disfuncionales que la funcionalidad se ha convertido en una leyenda urbana, en un fantasma imposible de atrapar. Todo parece indicar que hay que ser un poco monstruo para conseguirla.  ¿Lo intentamos?


Muchas gracias al psicólogo Robert Martínez, profesor de la Universidad Iberoamericana de León, Guanajuato, por su aportación para esta nota.









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