martes, 13 de diciembre de 2016

Flor de Nochebuena

La flor robada
Entre las muchas y muy hermosas flores  originarias de nuestro país se encuentra la “euphorbia pulcherrima”,  mejor conocida por los mexicanos como “Flor de Nochebuena”.

“Cuenta la leyenda, que en el norte del territorio de Taxco  de Alarcón, se daba un arbusto de bellas flores blancas. Después de una batalla en la cual los mexicas derrotaron a los chontales y los diezmaron, las flores sin razón alguna, se marchitaron. Cuando llegó el tiempo de la siguiente floración, los arbustos se cubrieron de flores de un hermoso color rojo  debido a la sangre derramada por los vencidos chontales”.

Los Tlahuicas en Guerrero, que era una de las regiones en donde se daba en abundancia, la llamaban “Tlazóchitl” (flor que se marchita) y la utilizaban para curar heridas.  Para los mexicas,  la flor simbolizaba la pureza y la nueva vida que obtenían los guerreros muertos en batalla, pues pensaban que  tenían la facultad de regresar a la Tierra en forma de mariposas o colibríes para chupar el néctar de la “Cuetlaxóchitl” (flor de cuero, debido a su textura). Por esta razón, se la ponía en las ofrendas mortuorias dedicadas a los guerreros muertos en el cumplimiento de su deber.

Con la Colonia, y debido a ser una flor propia de la temporada, se utilizó como un elemento de decoración cristiana de la época navideña,  gracias al color carmesí de sus pétalos (que en realidad son hojas). Fray Bernardino de Sahagún, allá por el año 1535 fue el primero en utilizarlas en las pastorelas, que es de donde toma su nombre de “Flor Nochenuena”.  Bernardino de Sahagún, publicó también un breviario medicinal de esta flor.

Para utilizar  la flor a las celebraciones navideñas, los frailes evangelizadores la adaptaron  a la nueva religión creando una nueva leyenda. En  ella se hablaba de la pequeña y muy pobre niña que no tenía ningún regalo que ofrendar a la Virgen María y al Niño Dios. Un ángel la vio desde el Cielo y se le acercó para indicarle que recogiese hierbas que se daban en el camino y las llevase al altar de la Virgen. La pequeña obedeció. Cuando colocó las hierbas en el altar se convirtieron en bellísimas flores de un rojo intenso que hicieron felices a la niña, la Virgen María y el Niño Jesús.

Su belleza  la hizo víctima de la tentación, y muy tentado a apropiarse de ella quedó el primer embajador estadounidense en México, Joel Roberts Poinsett, quien la noche del 25 de diciembre de 1825 en la iglesia de Santa Prisca de Taxco, Guerrero, la vio adornando un nacimiento y quedó prendado de ella. Poinsett  envió la flor a Estados Unidos  e inició una plantación, registró  la planta con su nombre y luego vendió la patente. Debido a eso nuestra querida flor se conoce en EEUU y Europa como poinsettia o poinsetia.


Podrá ser un bello adorno o una cura, una ofrenda mortuoria o  un inmaculado regalo divino, de lo único que estamos seguros es de su orgulloso origen mexicano.





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