lunes, 18 de abril de 2016

Desierto de Jonás Cuarón

El sueño americano según Trump
Es complicado venirse a meter con la realeza del cine en México, más aún cuando estamos hablando de una gran producción que toca un tema en el candelero; así que trataré de hacerlo de la manera más justa posible. Para esto voy a hacer dos aclaraciones importantes. La primera: ésta película NO es de Alfonso Cuarón. La segunda: ésta película NO es Gravity, así que NO voy a hablar de ella.

Como cosa de todos los días (literal) un grupo de migrantes, acompañados de la santa mano de un “pollero” intentan cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Pasando la frontera se encuentran con Sam (Jeffrey Dean Morgan), un vigilante que comienza a matar uno a uno a los indocumentados. Un pequeño grupo sobrevive al primer asalto, Moisés (Gael García Bernal), un mexicano que ya anteriormente había sido deportado, se convierte en el líder de migrantes que tendrán que escapar del inhóspito desierto perseguidos por el despiadado Sam y su mortífero perro Tracker.

Vamos primero por las cosas buenas. Jonás Cuarón (Año uña) le dio a Desierto una muy buena fotografía, que mucho tiene que ver con las locaciones seleccionadas, y aunque dudo que esas locaciones tengan mucho que ver con las verdaderas vías de cruce de migrantes, funcionan muy bien para dar esa sensación de inmensidad en donde no hay escondites. Damián García (El infierno, Güeros), le encuentra el buen ángulo al desierto, trabaja muy bien los contrastes y la luz. La desolación le viene bien a sus encuadres panorámicos.

El peso de la película cae sobre dos personajes y un perro. Jeffrey Dean Morgan (The Walking Dead), quien aunque no tiene una actuación memorable  sale bien librado con su personaje. A Gael García Bernal le viene de maravilla este papel, es cierto que estamos acostumbrados a ver a García Bernal (Y tu mamá también, Amores perros) con ese look de indocumentado, sin embargo, su actuación fue mucho más allá de vestuario. Tal vez su compromiso con la causa de los migrantes ayudó en este punto. Por su parte, Tracker (tres caninos de raza pastor belga malinois) hace gala de su entrenamiento y te mantiene en vilo durante sus persecuciones.


La banda sonora a cargo del francés Woodkid es extraordinaria, digna de un coleccionista. El artista multimedia logró poner las notas claves para dar la sonoridad perfecta a un lugar que demanda silencios. Doce temas creados exclusivamente para la película, en donde se incluye “Land of all” (Tierra de todos), la única canción que tiene su voz y que, según comenta el mismo artista, nació después de los atentados en París. La pista “Tracker”, le queda que ni pintada a la persecución del perro.

"I came to break the wall that rose around you
To see the land of all
I will fall for you
I will fall for you.”
("Vine a romper el muro que se elevaba a su alrededor/Para ver la tierra de todos/Voy a caer por ti/Voy a caer por ti".)

En general a Jonás Cuarón le va muy bien con la dirección, más no así con el guion a mi parecer. Pasando al lado negativo de Desierto, les puedo decir que me hicieron mucha mella las incoherencias en varias cosas. Para empezar el look hípster que le dieron al “guardián de la frontera”, corrieron a ponerle la “bufandita” antes de que comenzara a disparar como enloquecido, además le pusieron en la mano una botella de whiskey que no baja de nivel por más que la empina y un rifle que se convierte en automático como por arte de magia.

La diversidad en las locaciones los llevó a pasar de las tomas panorámicas de inmensidad estéril a enfocar  las piedrotas aquí, los cactus por acá, pase usted a la sección de las serpientes de este lado y caminos de terracería por allá. Haga de cuenta que está viendo una aventura de “Dora la exploradora” y un desierto acomodado por departamentos.

Ya hemos visto muchas películas de cacerías humanas, en la mayoría de ellas existe un móvil, una historia que nos acerca o nos distancia de los protagonistas. En Desierto no hay una razón de ser, salvo la escueta historia de la promesa al hijo de Moisés, sólo vemos morir a gente que no nos dice nada, cuando los migrantes tienen mil cosas que decir. Tal vez no era la idea de Cuarón Jr., y quiso dar un enfoque diferente a la cinta, dejando así la sensación de que  estos pistoleros fronterizos no necesitan una razón para matar.

Sabemos que Sam es el malo de la película, pero ¿por qué es el malo? Los vigilantes fronterizos como Jim Gilchrist (Proyecto Minuteman) o Tim “Nailer” Foley (Documental Cartel Land), tienen una ideología torcida, pero firme. Ese “bienvenidos a la tierra de los libres” como que no dice mucho. Por otro lado los migrantes, tampoco muestran esa convicción que los lleva a jugarse la vida por llegar a la tierra prometida, están desangelados y muy mal actuados. No hay una complejidad moral, no se puede considerar tampoco como que tiene tintes políticos por más que se cuelguen de Donald Trump para promocionarla.

Jonás Cuarón se perdió en los retos cinematográficos y se olvidó de la historia. Con un tema como este y con ese presupuesto, pudo tocar fibras y hacer voltear la mirada a la comunidad internacional, a pesar de que con el tema migrantes, la comunidad internacional ya no atina  para dónde voltear. Sus antecesoras en el tema, “La jaula de oro”  (Diego Quemada-Diez) o “Sin nombre” (Cary Joji Fukunagam), producida por el mismo Gael García, dejaron al público con al menos algo en qué pensar cada que ven un migrante pasar.


Desierto podrá salir a relucir en algunos festivales, porque el tema no deja de ser tan real como escandaloso, y sus detalles técnicos son bastante buenos,  sin dejar de mencionar que el apellido pesa y mucho; pero el público que asiste a las salas de cine a lo más que va a llegar, es a tener pesadillas relacionadas con un perro.




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