martes, 22 de marzo de 2016

Dentro del Mercado Negro


El instinto de supervivencia
 tiene precio


Millones de personas en el mundo necesitan el trasplante de algún órgano para volver a ver, para dejar de prescindir de las diálisis, para una siembra de piel, para seguir viviendo. Los integrantes de esa larga lista esperan por años, ¡décadas!, el milagro que mejore su calidad de vida. Muchos de ellos morirán esperando.

Según el documental Dentro del Mercado Negro, de National Geographic filmado hace ya algunos años (2009 creo), asegura que a lo largo de los Estados Unidos hay más de 95,000 personas que aguardan desesperadamente por un nuevo órgano. En Reino Unido se habla de unas  9,000 personas, en Alemania de  14,000 y en China de dos millones de personas ya que en ese país sólo seis de cada diez millones de ciudadanos dona sus órganos.

Sabemos que de alguna u otra manera, todos vamos que morir, ¿o no? La ciencia ha transformado el “más allá” en algo diferente, ahora los vivos se mantienen vivos gracias a los muertos. El cuerpo se ha convertido en un producto, en piezas de repuesto que no sólo pueden mejorar la calidad de vida, sino dar la vida misma. De un solo cuerpo se pueden obtener 200 piezas diferentes.

Como un milagro en muchos hospitales del mundo comienza a brotar vida gracias a los trasplantes de órganos, por desgracia, los donantes vivos o muertos, no son suficientes para cubrir las demandas; lo que lleva, por un lado, a los más necesitados a ofrecer sus órganos para conseguir dinero, y por el otro a los delincuentes a abrir un mercado ilegal de venta de órganos.

Le interesa a usted saber ¿de dónde vienen esos órganos? ¿Qué tan lejos estaría dispuesto a llegar para conseguir el órgano que necesita? ¿Le gustaría saber quién se lo dio, o, a quién se lo quitaron? Su hijo, su madre, su hermano, usted, necesita un trasplante de órgano, su número en la lista de espera de México es el 20,443.

La desesperación, el instinto de supervivencia diría yo, es el motor que hace girar ese mercado. En la India la gente vende sus riñones por 700 € (menos de 14 mil pesos), cuando su precio de lista en el mercado negro es de más de cien mil euros. Los pacientes en lista de espera de Estados Unidos encontraron el paraíso de los trasplantes en China. Sí, en ese país en donde sus habitantes más requieren de un órgano, y no los donan por cuestiones religiosas, ahí el tiempo de espera puede ser de dos semanas.

China es el país con mayor número de reclusos condenados a la pena de muerte. Ejecuciones prácticamente en masa de un certero tiro en la cabeza ponen sobre la mesa del quirófano decenas de donantes en un día. Esto, aunado a uno de los mejores y más eficientes sistemas de trasplantes, colocan sin dilatar los órganos sanos en los pacientes extranjeros que pagan enormes cantidades por ellos. Los prisioneros no son notificados de esto, no se tiene su consentimiento y su familia no recibe un peso, mejor dicho, un renminbi como remuneración. Aunque actualmente China asegura que ya no realiza esas prácticas, la gran cantidad de ceros en las cifras me lleva a pensar que no es así.

En el documental usted se dará cuenta de otras tantas maneras de traficar con órganos, inclusive dentro del “incorruptible” territorio estadounidense. Aunque Latinoamérica no se menciona, sabemos que por estas latitudes el tráfico de órganos sólo tiene ganancias para uno de los involucrados. El traficante.

La cultura de la donación de órganos podría terminar con este problema, en la actualidad sólo España tiene suficientes órganos para trasplantar, todo gracias a su impecable sistema de donación de órganos. En México muchas personas se han sentido en riesgo de hacer pública su intención de ser donante. La corrupción no es ajena a ese departamento y muchos órganos se pierden ante la ineficacia de la red de trasplantes que no siempre tiene los medios para colocar en pocas horas un órgano en un receptor.

Dentro del mercado negro, más que un documental informativo, es un documental para hacer conciencia. Mucho podemos hacer por detener, o al menos disminuir el tráfico de órganos.







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