17 abr 2015

Los amores imaginarios

Les amours imaginaires
Xaviel Dolan


No cabe duda que ver en retrospectiva el trabajo de Xavier Dolan (y de cualquier otro) nos permite ver su evolución y aprender a distinguir su sello, son muchos los directores que vuelven muy personales sus proyectos, Dolan es uno de ellos y si sigue así pronto encabezará ésta lista. Los amores imaginarios bien podrían pasar como una película testimonial y no sólo hablando de la vida del director, sino hablando de la vida de todos en algún momento.

Marie (Monia Chokri) y Francis Riverekim (Xavier Dolan) son los mejores amigos, siempre van juntos para todos lados, son confidentes y se conocen perfecto uno al otro, Francis es homosexual así que no hay manera de que surja una relación de pareja entre ellos. En una reunión conocen a Nicolas (Niels Schneider) un joven recién llegado del campo por el que los dos se sienten atraídos. Conforme su enamoramiento aumenta su relación comienza a fraccionarse.

La película habla de amor, al menos así la titula, pero eso de “imaginarios” para mí lo traduce, por un lado, en enamoramiento, y por el otro, en algo que sólo pasa en nuestro universo personal, es decir que es un sentimiento en el que el objeto de deseo ni siquiera está enterado. Así pasa Nicolas por la vida de Marie y Francis, con esa belleza que raya en lo inhumana, cual dios griego, como un  David de mármol que respira; andrógino, etéreo…sublime. Nicolas no es ajeno a los sentimientos que despierta, es más, hasta parece que conforme avanza la amistad lo va disfrutando cada vez más, a la par que Marie y Francis lo van sufriendo. Francis mira el muro del baño y se tortura pensando en que puede agregarle una raya más a su tablero, Marie recurre al sexo ocasional y la nicotina para descargar su frustración, mientras Nicolas los mira entretenido.

Dolan inserta una serie de videos con jóvenes que hablan de sus frustraciones en el amor, de ese eterno esperar por una llamada o un mensaje, de convertirse en acosadores con tal de saber algo más de la persona que los tiene encadenados a sus encantos, o de esos largos tiempos de espera que desaparecen de inmediato cuando su cara se asoma con la más estúpida excusa por haberte tenido esperando, pero ya nada más importa… ¡ya llegó!

Pocos miedos más grandes que el miedo al rechazo, ver a los jóvenes tratando de convencerse a sí mismos  de que en realidad no importa, es igual a verlos en plena fuga de la realidad. En la guerra y en el amor todo se vale, así que veremos engaños, mentiras, contradicciones y actitudes muy “sin pendiente” utilizadas como parte de la cacería.

Dolan se vuelve más estético en su segunda película, llena la cinta de tomas lentas y en corto, tan en corto que puedes ver el abrir y cerrar de los poros en piel de los personajes, hace una invitación a su fotografía con una paleta de colores otoñal (muy representativo de su tierra natal), para pasar al rojo y al verde. Vintage  es una palabra que la puede definir; por la cinta Xavier Dolan destila el estilo de James Dean y Monia Chokri  pasa de  Paula Nelson (Anna Karina) en Made in usa a  Holly Golightly (Audrey Hepburn) en Breakfast at Tiffany's, cosa que le queda perfecto. La referencia a sus figuras de admiración también están presentes, Andy Warhol bien pudo firmar el póster de la película.

Con esta cinta se nota que la música comienza a ser un detalle importante para el neófito director canadiense, ayuda bastante a generar una atmósfera alrededor de los personajes, más cuando los acompaña de esas tomas lentas que los hacen parecer irreales. Temas actuales que la juventud fácilmente identifica ayudan a darle un sentido y una identidad compartida entre los personajes y los espectadores; la mezcla con los temas clásicos o populares puede desconcentrar un poco, pero al final el resultado es fantástico.

Los amores imaginarios no supera a su opera prima (Yo maté a mi madre)  en intensidad, pero si es una película más estilizada, más pensada me da la impresión. Las actuaciones son muy buenas, Anne Dorval, la diva de este niño genio, vuelve a participar con él en un pequeño papel como la madre de Nicolas, su presencia se empieza a marcar como un amuleto para él.


“No quiero malgastar mi vida queriéndote mal” se interpreta igual a la temida frase “No eres tú, soy yo”. Vivir al filo del miedo al rechazo convierte al enamoramiento en un sentimiento extremo que nos hace entrar en la guerra del amor dispuestos a jugarnos el todo por el todo, sin importar a quien le pasemos por encima, porque al final:

 “No hay mayor verdad en el mundo que el delirio amoroso”

Alfred de Musset



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