jueves, 15 de enero de 2015

Ida, la gran ganadora del cine europeo

Ida
Pawel Pawlikowski


Polonia en los inicios de los años 60’s Anna/Ida (Agata Trzebuchowska) es una novicia a punto de tomar los votos en el convento en donde se ha vivido desde pequeña. A petición de la madre superiora debe pasar unos días con su único pariente vivo, su tía Wanda (Agata Kulesza), una hermana de su madre con la que cree no tener nada en común. Wanda es una juez del Estado comunista quien revela a Anna su origen judío. Juntas harán un viaje al pasado, al tiempo de la ocupación nazi en Polonia para enfrentarse al origen de Anna y a las consecuencias de las decisiones de Wanda.

Ida se coronó como la gran ganadora de la  27ª edición de los Premios de Cine Europeo, llevándose el premio a mejor película, dirección,  guion y fotografía entre otros. Pawel Pawlikowski entrega una película rodada totalmente en blanco y negro en un ambiente desolado y frío en la Polonia de la posguerra.



La verdad es que yo esperaba un “dramonón”, iba preparada con los pañuelos en la mano pero no fueron necesarios. La película definitivamente es un drama, es una historia devastadora pero la belleza de sus encuadres te envuelven en una burbuja que te protege suavemente de los horrores de la guerra.

La segunda película que veo en blanco y negro en menos de una semana, las dos con una fotografía extraordinaria, es increíble como la ausencia del color te abre los ojos en una perspectiva diferente. Ryszard Lenczewski fue el responsable de la armonía de esta película que en general es de pocas palabras, pero vuelve elocuente el ambiente gélido y gris en que se desarrolla la historia. Imágenes por demás estéticas,  que rayan en lo ético porque tienen un gusto exquisito.



El guión, autoría de del mismo  Pawel Pawlikowski en colaboración con  Rebecca Lenkiewicz ,es parco pero con muchas cosas que decir, cada frase está cargada de un gran significado, además el dúo de Agatas le dan a las palabras la mejor representación. Dos personajes principales, Ida y Wanda no podrían ser más opuestas una de otra y sin embargo tienen un punto en donde hacen comunión. Agata Trzebuchowska muestra una belleza virginal, impasible, pareciera que nada es capaz de perturbarla, su inocencia no se escandaliza ante la dureza del personaje de Agata Kulesza, quien lleva muy bien puesta a una Wanda La Roja que fuga en el alcohol no sólo su resentimiento sino también su desasosiego  por los actos de los que ha sido partícipe.


Wanda orilla a Ida a cuestionarse su fe, una fe que por principio de cuentas no debería de ser suya. Una fe fincada en un mundo aislado de la realidad, pero que la salvó de un cruel destino. Ida es expuesta a la tentación, a conocerla al menos, porque ¿qué de glorioso hay en no tener malos pensamientos si la verdad es que no se conocen? Arriesgarse a salir al mundo real para darse cuenta que Dios no existe significa un gran reto para la inocencia.

Ida no tiene color, tiene pocas palabras y tiene una historia desgarradora, pero también tiene una razón de vida, también tiene un momento por el que vale la pena vivir inmersa en un invierno infinito.








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