lunes, 15 de diciembre de 2014

Marie Celeste, el navío que llora

Marie Celeste

Tras el destierro de la isla de tu cuerpo, he perdido el rumbo. Fuimos dos los que un día nos abrazamos al exilio, dos los que  naufragamos en un mar de cuerpos, de lenguas y suspiros.  Estoy varada en un páramo salado añorando el agua infinita que humedecía mi cuerpo cuando tus velas guiaban mis velas.

Juntos nos convertimos en espuma y sal, en tormentas de olas y mareas; a  través de nosotros el mar ruge, no hubo eco más poderoso. El sonar ha enmudecido, no hay registro de nuestras voces. La inmensidad del mar se ha permeado de silencios. La soledad nunca fue tan estridente.

Desde la proa de mi alma busco en la mira restos de tu mirada, no estás ahí y mi corazón se vuelve un estallido de astillas, el mástil que da soporte a mi vida se desmorona. Sobre mí ha caído un manto salino que cual ácido quema mi piel y transforma lo que fue tu  cálido abrazo en una llaga salitrosa.

El doloroso oleaje me ha llevado a los límites entre tu mundo y el mío, tú vas en busca de las piezas que te faltan, yo voy detrás de ti. Detrás del recuerdo de lo que fuimos juntos. El horizonte es tan árido como infinito, las huellas que dejaste sobre la arena se han borrado, no hay manera de seguir el curso que has tomado.Tu recuerdo no será suficiente para sobrevivir la sequía.

El cielo se ha nublado, una veta gris hace sombra sobre  los ocres del cielo, la luz dibuja una leve penumbra; el sol está ausente mas no deja de ser abrazador. Extraño esas noches cuando mi mundo se convierte en un espejo de luna y  atrae  las mareas, las caderas que bordean mi costa oscilarán con ellas llamándote.

Bajo la luz de la luna el Marie Celeste cobra vida, las mareas vuelven y la travesía sigue. Voluptuosas sirenas acompañan su recorrido con el mortal  canto que clama por ti. El barco zarpa de nuevo en tu busca,  navega dejando rastro de su herida sangrante. La estela de sequía se transforma en luz, en algún momento la luz de la herida será el faro que te guíe de regreso a los confines de mi cuerpo.


Fotografía: Mary Celeste de  Saúl Landell




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