martes, 28 de octubre de 2014

El Origen del Día de Muertos. Parte II

Día de Muertos

La necesidad de trascender llevó a los hombres a concebir un mundo mágico, los dioses fueron creados por el hombre, tal vez en parte por miedo y en parte como señal de esperanza. Con el fin de lograr una comunión entre el hombre y los dioses se llevaron a cabo rituales en donde se representa la escena que dio origen a determinados dioses. Estos ritos llegaron a ser una necesidad colectiva, una vía de comunicación y también una manera de control de los monarcas a la sociedad.


Mictlantecuhtli, Dios de la Muerte

Foto: México Desconocido

Amo y señor del inframundo, rey del Mictlán (Lugar de los muertos), él y su esposa Mictecacihuatl habitan en la casa sin ventanas por la que pasan todas las almas al morir el cuerpo.  Sólo podrán salir de ahí los más meritorios,  para llegar después a un lugar más agradable. Por eso es que en vida o enfermedad debían estar bien con el “Señor de los muertos”.

Venerado con sangre, ya sea de prisioneros sacrificados o por auto sacrificios con los que se bañaba su preciosa y a la vez aterradora imagen. La sangre es considerada energía pura, lo que la haca ideal para dar fuerza a los pasos del difunto en el más allá. Durante los rituales funerarios se ponen con el difunto varias ofrendas como ropa, manta, comida, agua y un perro. El difunto viaja con estas ofrendas y al llegar a Mictlán las entrega a Mictlantecuhtli (Códice Florentino Tomo III : 43-44). Cuatro años después de la muerte los familiares se seguían haciendo ofrendas de alimentos, flores y copal. En el caso de los difuntos de alto rango se hacen sacrificios humanos para seguir pidiendo por su salida del mundo de los muertos. Todos los muertos pasan por  el Mictlán, sin importar las causas de su muerte, ya sea de muerte natural (vejez o enfermedad), las muertes heroicas (en batalla o durante el parto), y las muertes no-heroicas.

                        Foto: Roberto Armocida

En el Templo Mayor junto a la casa de los Guerreros Águila se encontró la figura de Mictlantecuhtli, una de las piezas que muestra perfectamente el arte mexica. En ella se puede ver al Señor de los muertos descarnado, con una cabeza prominente, sin la presencia de labios, con las uñas largas y las orejas crecidas (el cabello, las uñas y las orejas siguen creciendo después de la muerte), por lo que es inconfundible la presencia de la muerte. Debajo del tórax se aprecia un órgano que en un principio se pensó sería el corazón, pero con la ayuda de los análisis de los códices se concluyó que se trataba del hígado. En los orificios que se muestran en el cráneo se cree que anudaban largos cabellos. En esta como en otra estatua de Mictlantecuhtli descubiertas en la Casa de las Águilas  se encontró que tenían sobre los hombros una capa de una sustancia color marrón con alto nivel de albúmina, que desde luego se identifica como  sangre humana, lo que viene a corroborar las descripciones en los códices.

Urna funeraria

Xiuhtecuhtli el dios del fuego, señor del año y de Tezcatlipoca era quien patrocinaba el impulso viril de los hombres, su imagen estaba grabada en la Urna funeraria encontrada en el templo de Huitzilopochtli en la zona arqueológica del Templo Mayor y aunque se han encontrado otras urnas con otros dioses grabados en ellas, es el dios del fuego el que le puede dar más significado a la cremación de los restos de los grandes guerreros o sacerdotes.

    Foto: México Desconocido 

Xiuhtecuhtli también se encontra en el inframundo, su presencia en el Mictlán se evidencia por sus denominaciones en el ámbito del cosmos, como Chicnauhyotecuhtli “señor del conjunto de nueve” que hace referencia a los niveles del inframundo. El dios del fuego baja al inframundo a propiciar la renovación y la fecundación de la naturaleza. Las almas son quemadas en el Mictlán, por eso el quinto sol acostumbra cremar los cuerpos de los difuntos y guardar las cenizas para que Mictlantecuhtli les permitiera resucitar. El dios del fuego ejerce su calidad vivificadora desde el ámbito de la muerte para regenerar el mundo por la acción transformadora del fuego; tanto el fuego como el perro pueden ser considerados como mediadores entre la vida y la muerte.

La presencia de cenizas en la urna funeraria permite asociar la pieza con el ceremonial que los aztecas llevaban a cabo para mantener vivo el espíritu o la esencia de los personajes de alto rango.

Sacerdote de la Muerte

El sacrificio más común consiste en arrancar el corazón a la víctima, ofreciéndolo enseguida a un  dios. Para ello se requiere la presencia de cinco sacerdotes, cuatro sujetan al sacrificado colocándole sobre una piedra (Techcatl) y un quinto Sacerdote ejecuta la operación con un cuchillo de pedernal, con el que le da un golpe en el pecho para arrancarle el corazón, mismo que después se ofrecía a los dioses.

Estos sacerdotes también fueron inmortalizados en piedra y barro, sus atuendos los distinguen de cualquier otro personaje. El tocado y el rosetón de la muerte nos permiten asociarlo con el culto y los ceremoniales dedicados a la muerte.


    Foto: México Desconocido 

Xólotl (El perro)

En varias culturas, no sólo en las mesoamericanas se relaciona a los perros con la muerte, los perros hacen de guía en el mundo de los muertos para ayudar a su amo a llegar al otro lado.

En el caso de los mexicas, Xólotl representa al Señor de la Estrella de la Tarde del Inframundo, también es el  Dios del Relámpago y el Dios del Juego de Pelota, pero su papel más importante es ser el guía de los muertos en su viaje al Mictlán. Se describe a Xólotl, como el perro bermejo con un hilo de algodón atado al cuello. Sobre él los muertos pueden cruzar el río Chiconahuapan o Nueve Ríos, para llegar a Chiconaumictlan, el lugar de los muertos. Su cuerpo se  representa como un esqueleto humano con cabeza de perro. A veces, se le ve con las orejas desiguales.


Cuando alguien moría los familiares le sacrificaban un perro para que acompañara sus restos mortales en su difícil viaje de cuatro años hasta llegar al río sagrado. Si no contaban con el cadáver porque la persona fuese un guerrero que hubiera muerto en batalla, se hacía un bulto mortuorio sin el cuerpo y se le agregaba la imagen del perro divino.
Xólotl es el amo de la transformación, experto en huir a la muerte, durante la creación del Quinto Sol al que pertenece la humanidad actual, los dioses decidieron sacrificarse para darle movimiento al Sol, Xólotl, acobardado ante su auto sacrificio, se escondió para no morir. Se refugió en un maizal para convertirse en un elote doble. Se escondió en un magueyal tomando la forma de una doble penca  de maguey, mexólotl. Cuando lo encontraron volvió a huir, en esta ocasión dentro del agua para convertirse en Axólotl, el ajolote. Finalmente los dioses lo atraparon y le dieron muerte.

Este dios puede tomar la forma de  objetos, plantas y animales, acompañante al inframundo y gemelo de una divinidad. Es la representación mítica de la dualidad, prestó su nombre para designar al maravilloso Xoloitzcuintle.

Techcatl (Piedra de los sacrificios)

Durante las Guerras Floridas se hicieron muchos sacrificios en donde los prisioneros eran los protagonistas. En los ritos que se celebraban al inicio de cada mes del calendario ritual o Tanalámatl, había muchas variantes pero la esencia era la misma: morir para nacer;  morir para satisfacer a los dioses.

    Foto: Haupt & Binder

Piedra de los los sacrificios o Techcatl, palabra náhuatl que significa "penitencia", "dolor" y "daño". Era el vértice en donde se coloca a la víctima sostenida de pies y manos, con el tórax proyectado hacía arriba por la presión de la punta de la piedra sobre la espalda, lo que facilitaba al Gran Sacerdote la tarea de extraer el corazón. Según los arqueólogos e historiadores los inmolados eran esclavos o “imágenes” de la personificación de los dioses que hacían la vez de sus representantes. El corazón es el símbolo del alma y por lo tanto lo más preciado que podía obsequiarse a los dioses.

Después del sacrificio se realizaba un tratamiento post mortem que consiste principalmente en “limpiar” los huesos para colocarlos en el Tzompantli o para hacer máscaras, más tarde sepultarían los restos.

     Foto: INAH   Cuauhxicalli

Otros objetos que acompañan a esta piedra son: el cuchillo de pedernal y empuñadura de madera, un recipiente para ofrendar los corazones llamado Cuauhxicalli.  Cuauhxicalli o "Jícara de las águilas", en ellas la divinidad bebía la sangre de los sacrificados en su honor. También hay braseros en donde el fuego siempre esta presente y tambores, ya que la música es parte importante del ritual. Con todos estos objetos, y otros tantos más, se revestía de gran importancia el hecho de que a la vida siguiera la muerte  como parte de un ciclo constante, al igual que en las cosechas. El concepto de dualidad, tan importante en el mundo prehispánico, proviene de esa realidad presente en la naturaleza, por lo que se dice que no es un culto a la muerte sino un culto a la vida a través de la muerte. 

Cuchillo de pedernal 
Foto: Haupt & Binder 
            



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