lunes, 27 de octubre de 2014

El origen del Día de Muertos Parte I

Día de Muertos

 Orígenes parte I


Para llegar a lo que hasta el día de conocemos como la celebración del Día de Muertos tuvieron que pasar muchos, muchos, muchísimos años. La culturas alrededor del mundo han tenido sus rituales hacia lo que desconocen y temen, han buscado esa manera de “el bien llegar” al mundo de los muertos.

Entre sus dioses han buscado las explicaciones a lo que afecta su vida, desde las cosechas hasta su salud. ¿Qué hay más preciado que vida? ¿Qué puede poseer más energía que la sangre misma? Tal vez estas mismas preguntas se formularon alguna vez hace cientos de años, porque fue con vida y sangre que alabaron y pidieron a los dioses para que la vida floreciera o para garantizar a su alma un mejor lugar en el más allá.

A la llegada de los españoles se dio fin a muchos de estos rituales, algunos desaparecieron por completo, ídolos y templos fueron derrumbados para erigir sobre ellos los templos que sólo daban cabida a la religión católica. Los indígenas cedieron ante el yugo e imposición, pero siempre encontraron la manera de seguir adorando y pidiendo a sus dioses. En esta lucha de resistencia cultural colocaron a sus dioses justo debajo de sus  santos y transformaron sus rituales en tradiciones de apariencia inofensiva.

Los sacrificios humanos terminaron para dar paso a una celebración llena de simbolismos, de color y de belleza; una de las más grandes fiestas de los mexicanos, reconocida y aclamada en muchas partes del mundo, sin embargo no todos saben lo que hay detrás de esos bellos altares. A continuación les hablaré de las figuras más representativas  del ritual de la muerte.

Tzompantli “Muro de cráneos”

El ritual de la muerte es casi tan antiguo como México, para nuestros antepasados la conexión entre el mundo de los vivos y los muertos era de suma importancia. Por temor o por respeto siempre quisieron estar bien con la muerte los tzompantli son las primeras representaciones de los altares de muertos.

Tzompantli significa “muro de cráneos” y como tal se mencionaba en los escritos de los conquistadores, quienes estaban más que sorprendidos con estas estructuras. El nombre proviene del náhuatl clásico de los aztecas, sin embargo, también se aplica a otras estructuras similares en otras civilizaciones. La palabra está compuesta por tzontecomtl “cráneo”; de tzontli o tzom “pelo”, “cuero cabelludo” y pantli que el lingüista Frances Karttunen ha propuesto que pantli significa simplemente "fila" o "muro".

     Foto: Kenneth Garret

Las cabezas que se exhibían en los tzompantli eran de las personas sacrificadas en honor de los dioses, la mayor parte de ellas eran de prisioneros., también se incluían cabezas de los Ixiptla que eran considerados los  representantes de los dioses y quienes vivían un año tratados como tal para después ofrecerlos en sacrificio. La vida que se les daba a los ixiptla era para simbolizar el poder y los placeres de los que gozaban los dioses, con su muerte demostraban que las riquezas eran transitorias, por lo tanto los dioses te las pueden dar un día y quitar al día siguiente, esta es la razón por la que ixiptla debía ser despojado de sus riquezas antes de morir.
                         
La mayoría de las veces los cráneos eran despojados de la carne, aunque no siempre era así,  hay algunas descripciones e ilustraciones en las que las cabezas muestran los rasgos faciales y el cabello, por lo que se sabe que en esos muros había muchos españoles que fueron sacrificados y colocados como trofeos, Bernal Díaz del Castillo llegó a describir incluso algunas cabezas de caballos.
      
El tzompantli de mayor tamaño del que se tiene conocimiento es el  del Templo Mayor y se  aprecia dentro del vestigio más visible de lo que fuera el gran centro ceremonial de los mexicas; se conserva junto al palacio dedicado a la orden de los Caballeros Águila. Se dice que el de Tenochtitlán tenía no menos de 60,000 cráneos a la llegada de los españoles y hasta 136,000 (dato sin confirmar) en el tiempo de la Conquista. Bernardino de Sahagún menciona que sólo en Tenochtitlan existían siete tzompantlis.

     Foto: Bonnie Gunkel

El templo mayor simboliza la dualidad del pensamiento mexica. Huitzilopochtli representa el fuego y la guerra, es un festejo a la muerte y Tláloc es la lluvia y la fertilidad agrícola, es decir, la celebración de la vida. El Templo Mayor representa al cerro de Coatepec, que fue en donde Huitzilopochtli derrotó a Coyolxauhqui (su hermana), quien yace desmembrada al pie del Templo o Teocalli ("Calli, Casa o Recinto" y "Teotl, energía"
Otros tzompantlis famosos son el de Chichén Itzá y el Tula, pero hay restos o descripciones de muchos otros en las diferentes culturas mesoamericanas. Con la conquista de los españoles y la imposición de la fe católica la fusión de las culturas nos presenta en la época moderna sólo el eco de esos muros de cráneos en lo que el día de hoy conocemos como los Altares de Muertos.


Máscara cráneo

Las   máscaras  son  los   objetos  que muy  comúnmente  se  utilizan  en  los  rituales, celebraciones  o  danzas  mexicanas, su significado cambia según cada evento en el que se use.  Los  materiales con los que  elaboran  pueden ser muy diversos, pero en  esta  ocasión la   máscara a  la  que nos referimos   es la Máscara  cráneo,  que como  su   nombre  lo  dice  estaban  hechas   precisamente  de   eso, de  cráneos humanos.

Para elaborarlas obviamente se necesitaba al menos un cráneo, aunque en la gran mayoría que se han encontrado se han percatado que las “piezas” de la máscara no pertenecían a un solo individuo, sino que pertenecían a dos o más personas, supongo que en su manufactura se quebraban varias piezas porque había que retirar los parietales, el occipital y parte del hueso temporal. En todos los casos al elaborar la máscara se buscaba que la mandíbula guardara proporción con la cara,  así que seguramente tenían muchas “piezas” de dónde elegir.

      Foto: México Desconocido

Se complementaban con aplicaciones de concha y pirita en las órbitas, pero lo que les daba su aspecto más aterrador era el cuchillo de pedernal que se colocaba entre la cavidad nasal y oral, que daba a entender que el aliento del personaje que poseyó el cráneo en vida había sido cortado de tajo y brutalmente.

Se cree que estas máscaras eran utilizadas como máscaras mortuorias ya que contaban con un cordón que permitía sujetarla al rostro, tal vez, aunque no encontré ningún dato que lo corroborara, se utilizaban por los sacerdotes en los rituales de los sacrificios humanos, porque si hay algo seguro es que este tipo de máscaras inevitablemente nos remite al símbolo de la muerte.





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