lunes, 9 de junio de 2014

Viviendo el Dolor Bajo la Misma Estrella

El Dolor Imperial que causa Bajo la Misma Estrella




Por lo general trato de no hablar de lo que no sé, no siempre lo consigo pero bueno,lo intento. Comienzo por confesar que no he leído el libro Bajo la misma estrella de John Green, es un libro que me pidió mi hija, que leyó y que bueno obviamente como los miles y miles… ¿o millones de adolescentes serán? Quería ver la película, otra de esas películas que han venido saliendo de los libros para adolescentes que están haciendo el milagro de poner a nuestra juventud a leer. Bueno el caso es que aunque no quería ver la película hasta leer el libro, la prisa de mi “puberta” me convenció de verla.

Alguien me dijo que cuando hablo de películas no hago una reseña, que las reseñas son otra cosa y tengo una amiga que realmente es buena para eso, pero lo mío, según me dicen, es una reflexión de la película; lo cual en este caso en particular lo acepto sin chistar. Poco voy a decir de una película que envuelve emociones tan fuertes con actores tan jóvenes, quienes por cierto, no lo hacen nada mal. Mi querido Willem Dafoe, el actor con más tablas de toda la película, encarna al escritor Peter Van Houten autor del libro “Dolor Imperial” sobre el que gira la película (y el libro) y que no son más que parte de la misma novela…porque no existen. Su pequeña participación es intensa y ayuda mucho a los chicos a sacar lo mejor de ellos en la película.

Hace 15 años que trabajo con pacientes con cáncer, hace 15 años he sido parte de esa etapa tan difícil de aferrarse a la vida de mucha gente. No quiero hacer menos el dolor de nadie, ni menospreciar lo difícil que es para cualquiera que pase por una enfermedad como esta; pero en estos años me he percatado de lo devastador que es una enfermedad como el cáncer en los adolescentes y de igual manera en sus familias. Tratar con los niños sencillamente me demanda más entereza de la que a veces puedo llegar a tener, aunque nunca me ha llegado a vencer, al menos no delante de ellos, siempre he podido conseguir ese equilibrio entre la autoridad y la paciencia y entre su confianza y su sonrisa.

Ser adolescente es por mucho uno de los mayores retos de la vida, esa lucha entre crecer y  no crecer, entre integrarse a un mundo y ser único al mismo tiempo. Esa supremacía que los  lleva a querer comerse el mundo a mordidas. La rebeldía, la independencia, los padres, los amigos. Científicamente comprobado  es la edad en la que más cambios bioquímicos pasan por el cerebro humano, una guerra de hormonas y emociones. ¡Wow! Demasiadas cosas al mismo tiempo para quien se está descubriendo a sí mismo. Ahora cuélgale una enfermedad terminal, que no sólo les va menguando su calidad de vida, sino que su conciencia tiene la capacidad de entender que su vida no llegará muy lejos.

La película refleja todo esto perfectamente, sentía que era una película que ya había visto demasiadas veces, me he topado con esa rebeldía, con ese enojo ante la injusticia de esta enfermedad que simplemente no saben hacía dónde dirigirlo. Los más cercanos son obviamente los padres, que están a nada de partirse en pedazos por acompañar a sus hijos en un camino como este y la verdad reconozco que es esta parte la que conocía bien, con esta parte era con la que me sentía identificada, por esta parte pido a Dios todos los días que libre a mis hijos de pasar por una enfermedad así. Sin embargo me desentendí del otro lado, del lado de los hijos a los padres. De esas represiones de dolor, no digo físico, sino emocional por no hacerlos sufrir, de sentirse con la responsabilidad de los momentos de felicidad que un padre con un hijo enfermo puede tener.

Creo que será la película más lacrimógena de la historia por mucho tiempo, en donde cada espectador toma el lado de la emoción que lo hace llorar, los sollozos se escuchan por toda la sala, pero yo estaba concentrada en los de mi hija y los míos, cada una situada en su lado de la emoción. ¿En qué coincidimos? En vivir la vida al máximo, en disfrutar esos famosos días buenos, en vivir el amor por sobre todas las cosas, sea el tipo de amor que sea, el amor de padres a hijos, de hijos a padres, de los amigos, de ese amor a los extraños que son compañeros de lucha que sólo conocen los que están lidiando una misma batalla, de ese insuperable primer amor.


No he leído ninguna crítica de la película, ni la quiero leer, no quiero saber quién está de acuerdo o en descuerdo, La historia está hecha para que cada quien tome su parte de identidad con ella, sobre todo los que la están viviendo en carne propia, también están los otros, los que viven con el miedo de verse en ella y seguramente estarán los ajenos a todo este mundo que sólo ven un amor tormentoso. Como dice mi admirado Óscar de la Borbolla: “lo que se escribe del amor, siempre son las vicisitudes, las desgracias”. O como los solía llamar García Márquez: “los amores contrariados”, porque el amor feliz no tiene historia”, dicen.


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