sábado, 10 de mayo de 2014

Las Frases de mi Mamá Parte V

De urbanidad y buenos modales


Ni Carreño se sabía estas, y si las sabía las guardó solo para él y las disfrazó para hacerlas públicas. Ese bendito sonsonete de media hora antes de que llegue la visita. Cómo había que portarse, qué hacer y qué no hacer. Cuando eres niño las visitas adultas por lo general no nos emocionan y menos cuando son esos parientes que no sabías que existían, esa tía que en tu vida has visto, el tener que comer “eso” que pa’ empezar ya se ve muy mal y aparte hay que hacerlo con buena cara, porque comerse lo experimentos de tu madre es una cosa pero comerse los de otra gente… diplomacia creo que le dicen en otros países. Eso sí, mamá siempre saldrá a disculparte, extrañada por ese comportamiento que jamás habías mostrado… ¡ajá! Ah pero llegando a la casa te aplicará el correctivo correspondiente

¿Y qué tal cuando la plática estaba buena y te corría? Ella siempre salvaguardando tu integridad y la pureza de tus castos oídos, no creas que era para que no te fueras enterar de algo, o lo que es peor, te fuera a dar por opinar a media platica y no le fueras a decir a tus tías o a la vecina lo que en realidad se dice de ellas, porque no se tu, pero a mi alguna vez se me salió el que: “mi mamá dice que…” y ándale que la echo de cabeza con la sacrosansata comadre a la que tanto quiere y todo ¿por qué? Pues por andar de metiche en lo que no me importa, si bien me lo decía mi madre.

¡Saluda m’ijito!

¿Cómo se dice?

¡Pórtate bien!

¡Enderézate!

¡Siéntate bien!

¡Baja los pies!

¡Dale beso a tu tía!

¡Te comes todo lo que te den!

¡Si te encanta lucirte delante de la mendiga visita!

¡Síguele y verás!

¿Qué se te perdió? ¡Esta plática no es para niños!

¡Ve a ver si ya puso la puerca!

¡No estés de metiche!

¡¿Quién te habló?!

¡Pero si parece que lo haces adrede!

¿Qué va pensar la gente? ¡Que no les enseño nada!

¡Ah pero deja que lleguemos a la casa!

¡Ah pero no te podías aguantar!

¡La gente va a pensar que no tienes madre que te eduque!


Sana, sana colita de rana

¡Doctor sálveme! Mi mamá me quiere curar, o al menos eso dice ella porque a mí me da la impresión de que es otra cosa.

¿Se cayó el niño?, ¿se machucó su dedito?, ¿le sacaron el mole? Pues nada bueno debió de andar haciendo el chamaco, porque si se hubiera estado quietecito tal como su mamá se lo decía, pues claro que no le habría pasado nada, pero no, ahí vas, ¡ahí vas!

No os preocupéis eres el poseedor de una madre que todo lo puede y todo lo cura, además ya casi nadie se muere por los efectos de la herbolaria. Es bien sabido que el conocimiento se transmite de generación en generación, pero ¿de dónde salió tanta mezcolanza? Entre hierbitas, aceites, sobadas, asoleadas y/o serenadas, ¿no será que algo se les ha tergiversado con el paso de los años?

Mira sabe, el caso que aquí estamos, al menos la mayoría, después de litros y litros de aceite de hígado de bacalao, de sobadas pal’ empacho, friegas con alcohol, salivita para desinfectar, hilitos (rojos por supuesto) para quitar el hipo o para sanar perforaciones de oídos, tecitos de hierbabuena pa’ la pancita o de gordolobo pa’ la tos, baños de agua fría para bajar la calentura, bistecito para el ojo morado, hielo para la boca hinchada, dos metros de hilo y una puerta para extraer dientes, especias para lo que duela (clavo en la muela, ruda para los oídos), agujas chamuscadas para quitar astillas o para tronar ampollas; bueno hasta revisión de desechos post ingesta de metales pesados (monedas, tornillos, medallitas, etc.)


¡Sana, sana colita de rana, sino sanas hoy, sanarás mañana!
(La panacea)

¡Ven pa’ levantarte! (sin comentarios)

¡Ven pa’ sobarte! (mejor no vayas)

¡Se te van a salir las tripas!

¡Vuélvete a trepar! (para que te vuelvas a caer claro)

¡No sabe feo! (sabe horrible)

¡Es por tu bien! (pero no parece)

¡No te va a doler! (ajá)

¿Quién te manda? (a treparte, a pelearte, o a cualquier cosa que se te ocurra)

¡Si lo escupes te lo doy doble! (degustando el aceite de hígado de bacalao  o de ricino)

¡Se te van a pegar las tripas! (si se te tragaste el chicle)

¡Te va a salir un árbol! (si te tragaste o metiste una semilla por salva sea la parte)


Saliendo y regresando

Llegó el momento de sacar la artillería pesada, todo se vale para calmar la edad de la choca, porque dónde sino  en la adolescencia es donde las almas se descarrilan y a los cuerpos les da por salirse del huacal.

Aquí te descubres el inventor de las más grandiosas excusas (según tu), y nada que de alguna manera se las huele. Algunas veces serás la victima porque en realidad no es tu culpa sino de los “amigotes” que te cargas, o que tú le haces pensar que te cargas, porque claro siempre fue fulanito o perenganito quien empezó el desmadre y a ti no te quedó más remedio. Otras veces serás tú el que resulta que andas sonsacando a otros, todo dependerá de la imagen que tu mamá tiene de ti.

Que si se nos ponchó la llanta, que a la burra de zutanita se le pasaron las copas y ¿cómo la íbamos a dejar así en su casa? no me di cuenta de la hora, yo no traía carro me tuve que esperar a ver quién me traía….en esto nos podemos quedar toda la vida haciendo lista de todas las excusas que inventaste algunas vez y que generalmente no progresaron porque se toparon con alguna de estas frases:

¡Ajá…y yo nací ayer!

¿A quién le pediste permiso?

¡Ni creas que voy a estar esperando despierta!

¡Mientras vivas en esta casa…!

¿Qué horas son estas de llegar?

¡Toma pues, pero no vayas a emborracharte mucho porque no vuelves a salir eh!

¡Me tienes con el Jesús en la boca!

¡Aquí no es hotel!

¿Qué no se cansan nunca?

¡Nada bueno andan haciendo en la calle!

¡Si hasta parece que te mandas solo!

¡No te sorprendas si encuentras tus cositas en la calle!

¡Candil de la calle!

¿Me estas pidiendo permiso o me estas avisando?

¡Te quiero ver llegar igual que como te vas!

¡Cuando te mantengas podrás hacer lo que tú quieras!

¿Dónde andabas?

¡Me tienes con el alma en un hilo!

¿Así me pagas todos mis desvelos?

¡Y si no te gusta, la puerta está muy ancha!


Continuará...

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