miércoles, 7 de mayo de 2014

Las Frases de mi Mamá Parte III

Compartiendo el pan


Si hay algo que representa la vida familiar, es precisamente la hora de la comida, el momento de compartir y disfrutar los alimentos y que mejor si vienen aderezados con algunas notas de dulzura.

Para muchos de nosotros las comidas en familia son lo que más añoramos del hogar o de nuestra infancia, las costumbres pueden cambiar mucho de una casa a otra pero la actriz principal es la misma. Si tuviste la suerte de tener una mamá con grandes dotes culinarias como la mía  siéntete bendecido, aunque a esta hora tu esposa no pueda superar el que “Mi mamá hace los chilaquiles mejor que nadie”, o “para frijoles no hay como los mi mamá”, “¿no habrá manera de vayas a enseñarte a cocinar con mi mamá?” Tu matrimonio podrá estar arruinado, pero los chilaquiles siempre estarán ahí para ti, mientras tu mamá viva.

Si tu madre no fue precisamente diestra en la cocina, cuanto lo siento, pero seguramente lo que antes fue una tortura hoy puede ser parte de lo más divertido de tu vida. No es tan malo pasar del crudo al quemado, del aguado al apelmazado; de que el pastel de tu fiesta jamás tuvo una forma regular, de que en la escuela nadie te quería cambiar el "lunch" de eso puedes reírte hoy todo lo que quieras además la comida de tu esposa será la cosa más deliciosa… a menos que de plano tengas muy mala suerte en este rubro.

Las comidas en casa por lo general venían en dos presentaciones: solos  o con visitas, si las comidas eran solos pues mamá podía hacer gala de todos sus correctivos en la mesa, podía forzarte a comer o a dejar de comer, sus métodos audiovisuales jamás quedarán en el olvido, ¿cómo olvidar a Doña Calambrina? la majestuosa cuchara pozolera de madera de pino a quien mi mamá invitaba a la mesa por si acaso salía alguien que no quisiera comer, jamás en la vida Doña Calambrina posó sus rígidas maderas sobre mi amado trasero, pero el que existiera la posibilidad era más que suficiente para hacerme pasar las odiosas calabazas.

Si las comidas eran con visitas, pues olvídate, Doña Calambrina estaba donde tenía que estar, en la olla del pozole a sirve y sirve.


¡Siéntate bien!

¡Quiero ver ese plato limpio!

¿Y el tenedor esta de adorno o qué?

¡Comes como animalito!

¡¿O te lo comes o te lo pongo de sombrero?!

¡Te lo voy a dar con la lavativa!

¿O te lo comes o te lo comes?

¡Es pecado desperdiciar la comida!

¡Hay muchos niños que no tienen nada que comer!

¡Comes como pelón de hospicio!

¡No hables con la boca llena!

¡Si comes muchas calabazas se te van a poner los ojos verdes!

¡Ay pero si parece que te tenían amarrado!

¡Se comen lo que hay que aquí no es restaurante!

¡Está doradito nada más!

¡No te levantas hasta que termines!

¡No lo hice para tirarlo a la basura!

¡Baja las patas de la mesa!

¡No te lo tragues, total, el que se va a quedar chaparro eres tú!


 Prediciendo el futuro

¿Qué tan buena será tu madre que te advierte del peligro? Nadie como las madres para predecir el futuro y para iluminar tu camino. Algunos las han catalogado como amenazas pero que equivocados están, ¿una madre amenazar? ¡Nunca en la vida! ¿Qué sea capaz de regodearse de lo atinado de sus advertencias? ¡No!... ¿O sí?

“No me odies por tener la razón siempre” sino lo dijo alguna vez, ten por seguro que lo pensó, siempre dolió más el “Te lo dije” que el trancazo que te acomodaste, si hasta parecía que “te echaba la sal”. Maldita la hora en que decía “Te vas a caer”, porque si a la primera no pasaba, si se mostraba misericordiosa, su misericordia no pasaba de la tercera repetición y ¡zaz! Te caías; y ¿qué venía detrás de eso? Pues el “te lo dije” y si su cinismo estaba en su apogeo podías hasta ver un dejo de sonrisa, la carita de lado y un ligero levantamiento de hombros… ¡Ay, pero si hasta parece que la estoy viendo!

Para acabarla de amolar sus predicciones no solo quedaban en tu integridad física, se extendían a cualquier riesgo que pudieras correr: lo vas a perder, se te va a romper, lo vas a manchar, no vas a poder… ¿Por qué nadie tuvo a bien hablarle de la Programación Neurolingüística? pues seguramente porque no se había inventado, o porque esas cosas son puras tarugadas que no sirven para nada.


¡Te lo dije!

¡Te vas a caer!

¿Quiubo?

¡Síguele y verás!

¡Ah pero no me crees!

¡Ya volverás!

¡Se te va a ofrecer!

¡Ahora reza para que esa pintura salga!

¡Pero has de volver!

¡Ya te dará hambre!

¡Si te caes mejor te matas, porque no voy a andar jalando carrito con niña tullida!

¡Rómpete la madre, nada más no vengas chillando!

¡Ya te andaba!

¡Ahora te aguantas!

¡Vete a chillar a otro lado que estoy viendo mi novela!


Haciéndote entender

No importa cuántas veces te lo tenga que decir, siempre su intención será ayudarte a entender, nadaras en el mar de su paciencia hasta que la razón entre en ti. Si alguna vez el sarcasmo fue una ciencia oculta para ti, después de pasar por la incisiva, certera, ácida y descarada lengua de tu desesperada progenitora no tendrás más dudas sobre sus múltiples aplicaciones. Si alguna vez te enterneciste con un “ay m’ijiito” a estas alturas ya debes de saber que de ternura no tenía nada.

Si te mandan con todos los esfuerzos a la escuela para tengas lo que ellas no tuvieron, ¿cómo carambas piensas que te pueden ayudar con algo que no entiendes? Si es tu mamá, no es Dios. Y si está en capacidad de explicarte, pues seguramente ya sabes que el precio fue muy alto.

¿Quieres experimentar la adquisición del conocimiento empírico? Procura no hacerlo a los ojos de tu madre, que siempre tendrá  un método comprobado para que no pierdas el tiempo intentándolo tú.


¿Pues en qué idioma te lo tengo que decir?

¡Les entra por un oído y les sale por el otro!

¡Bueno, ¿tu estas tonto o qué te pasa?!

¡Parece que le estoy hablando a la pared!

¡Que no!

¿Qué te dije que hicieras?

¡Si le hubieras hecho como te dije no estarías batallando!

Si la maestra no se lo sabe, ¿cómo quieres que me lo sepa yo? ¡No lo sé todo!

¿Ahora si ya me vas a hacer caso?

¡Ay yo no sé a quién saliste en lo bruto!

¿De plano te lo tengo que explicar con naranjas?

¡Cuando ya sepas multiplicar vuelves y me preguntas!

¿Pues luego a qué vas a la escuela?

¡Ay no sé, ve pregúntale a tu padre que no está haciendo nada!

¿Pues cómo les enseñan ahora?

¿Hablo en chino?

¡Siempre es lo mismo contigo!

¿Eres o te haces?

¡Ahhh pero que obediente!




Continuará...





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