viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Viva México?


        ¿Viva México?
                             ¡Que viva!                     
         ¡Cómo carambas no!


Aprovechemos el Mes Patrio para hablar sobre el Nacionalismo de los Mexicanos.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, el término nacionalismo posee tres significados diferentes:
1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.
2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.
3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.

Por otro  lado, está definido como el afecto y sentido de pertenencia de los oriundos de una determinada nación. Desgraciadamente en el caso de la mayoría los mexicanos el  nacionalismo sólo nos brota  tras un éxito deportivo; que dicho sea de paso, no nos está yendo nada bien en ese sentido, al menos en el fútbol.  También lo vemos ante los extranjeros con quienes podemos presumir el “Orgullo de ser mexicanos”, pero ante nosotros mismos nos denigramos sin piedad, diciendo cosas como “Todo lo mexicano está mal hecho” (hacia  adentro). Y “Como México no hay dos” (hacia afuera). Digamos que tenemos un “Nacionalismo Bipolar”.

A los mexicanos nos gusta por lo general nuestra cultura: música, literatura, arquitectura, pintura, artesanías, comida, etc. Extrañamos nuestro país cuando estamos lejos de él, pero llegamos a despreciarlo cuando estamos dentro.  Nos quejamos mucho de nuestra sociedad, de la política y obviamente del gobierno. Porque tal pareciera que vemos en nuestros gobernantes el reflejo de nosotros mismos. No es el gobierno que queremos, pero es el gobierno para el pueblo que somos.

La historia nos ha mostrado otros líderes que supieron enardecer el nacionalismo en su pueblo, sin que ello sea necesariamente razón de orgullo; y por poner unos ejemplos tenemos casos como el régimen fascista de Benito Mussolini o el nazismo de Hitler, quienes abanderados por su “Nacionalismo” atacaron a otros países que no compartían sus ideas. Fidel Castro, Hugo Chávez, Kim Jong-Un, Saddam Hussein y nos podemos seguir con una lista muy larga en donde no encontraremos a un mexicano que en años no muy lejanos haya sido capaz de inspirar, sino en todos, en la mayoría de su pueblo el nacionalismo que han inspirado otros.

Claro que si lo vemos de este modo, podemos decir: “¡Gracias a Dios!”, pero cuando nuestros líderes no inspiran más que malestar y hasta vergüenza ¿en dónde es que venimos a encontrar el orgullo de ser mexicanos?

Yo puedo decir totalmente convencida que amo a mi país, que me llena de orgullo su cultura, su tierra y su gente. El mexicano en su mayoría es de naturaleza noble, del tipo metiche, pero acomedido. Protagónico hasta cierto punto, porque les da placer estar en el lugar de la desgracia y sentirse útiles. Y para eso siempre tengo grabada en mi mente, la imagen de las largas cadenas humanas pasando piedras de mano en mano para remover escombros después de un temblor. Estamos llenos de historias heroicas de vecindario, pero heroicas al fin.

Todos, absolutamente todos los países tienen problemas, unos más graves que otros, ahora sí que podemos decir que “En todos lados se cuecen habas”, México no es la excepción y sin embargo es urgente que cultivemos ese amor a nuestro país. Si le sigo con los refranes les tendría que decir que “Roma no se hizo en un día”, así que tenemos trabajo para el día a día, para cambiar un país hay que empezar por cambiar nosotros mismos y podemos comenzar por hacer lo que nos corresponde, por pagar nuestras culpas y resarcir los daños. El cambio no nos tocará verlo, ni a esta generación ni a otras tantas por delante de nosotros, pero estamos en tiempo de sembrar semillas en nuestros hijos.

Para reclamar derechos, hay que comenzar por ser derechos. “No existe un corrupto, si no existe un corrompido”. México puede ser diferente en muchos, muchos, muchos años más, pero tú puedes ser diferente el día de hoy y hoy es un buen día para empezar, y podemos comenzar por :


No evadir impuestos.
Votar y exigir el respeto al voto.
Pagar mis infracciones, o mejor aún, ¡no cometerlas!
Respetar a los demás (no meterme en la fila, ni a pie ni en auto, no “apartes” lugares, no bloquees o utilices espacios para discapacitados, etc.).
No apoyes a un candidato político sólo por conseguir “hueso” o algún beneficio particular.
No te robes la señal de cable o de internet, la luz, el agua…
No compres artículos robados o de dudosa procedencia.
No pidas favores que impliquen romper una ley.
No sobornes a nadie
No utilices para  uso personal insumos de tu centro de trabajo
No tires basura en la calle, y menos remates quejándote cuando están tapadas las alcantarillas.
El que hagas o emprendas una buena obra no te justifica a cambiarla por una mala.

Así podemos hacer una lista de dos mil cosas más que finalmente nos llevan a ser un país, en donde sólo somos buenos para quejarnos del conjunto de las consecuencias de nuestros actos.

Todavía hay muchas razones para gritar:
“Viva México” 
Muchísimas, sólo es cuestión de que las pongas en práctica, así que menos queja y más acción.






4 comentarios:

  1. Me recordó la película de "Todo el poder".
    Desgraciadamente eso es lo que sucede en nuestro país, a grande o menor escala y en su debida proporción.
    Como bien dices, debemos empezar con nosotros mismos, y yo no creo que sea precisamente haciendo marchas, eso es querer imponer. Yo creo que si tooooooodos empezáramos con nosotros mismos, el cambio sería mas efectivo. Empezando por eso. No vendiendo el voto.

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  2. Gracias!! Uno a uno se irán forjando verdaderos mexicanos...eso espero!!
    Saludos!!!

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  3. Necesitamos con urgencia promover valores cívicos y poner en práctica estas buenas acciones que comentas, hagamos de cada día una campaña de concienciación y esperemos que con el tiempo podamos erradicar esa cultura de corrupción tan tristemente arraigada. Y por supuesto que ¡Viva México!!!

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  4. Justamente hoy es un buen momento, una vez los desastres naturales ponen a prueba nuestro compromiso con nuestros conciudadanos. Ojalá todos seamos capaces de dar aunque sea una botella de agua, una lata de atún, en vez de sentarnos a criticar las malas acciones de otros.
    Saludos y gracias por tus comentarios!

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