2 abr. 2018

Santa Clarita Diet 2



Mujeres zombis empoderadas

Entre tantas series de Ciencia Ficción, de historias de época (Peaky Blinders, The Crown, Vikings) y superhéroes,  poco espacio queda para una serie que involucre una familia americana de clase media. A estas alturas parece algo como para “simples mortales”, lo curioso con Santa Clarita Diet, es que basta que tengas un estómago fuerte y cierta fascinación por los no muertos, es decir, por los zombis, para que puedas disfrutar de ella.

Cuando estrenó esta serie el año pasado, quedé enamorada de ella al primer capítulo. El tipo de humor que maneja me viene perfecto, no deja de ser algo estúpido, pero Victor Fresco, presenta al sarcasmo como primer plato, acompañado de una guarnición de tonalidades oscuras y  un toque de gore. Además todo su elenco es genial.

Por si no lo recuerdan, o no han visto la primera temporada, les diré que la trama gira alrededor de un matrimonio de agentes inmobiliarios, Sheila (Drew Barrymore) y Joel Hammond (Timothy Olyphant), quienes tienen una hija adolescente llamada Abby  (Liv Hewson).  Un día Sheila sufre una extraña transformación que despierta en ella el incontrolable deseo de comer carne humana. Los personajes secundarios son sus vecinos o sus “víctimas”, los cuales son cada vez más variados. Vienen en todos colores, preferencias sexuales e ideológicas. Además esta temporada deja de manifiesto que Sheila no está sola, hay más infectados, con interesantes alteraciones de su personalidad.


Debo decir que su apariencia simple o común es lo que más me sorprende. Durante la primera temporada tuve la sensación de que los diez capítulos se me hicieron efímeros, de hecho, la volví a ver unos días antes del estreno de la segunda temporada y la sensación fue la misma. Sin embargo, la nueva entrega se siente más larga, se puede disfrutar a menor velocidad. Bajaron el toque de gore (aunque usted no lo crea) y el humor ya no me pareció tan explosivo como antes, pero comienza a tomar más sentido.

 Los Hammonds han pasado por todo tipo de aventuras, nada que no haya pasado usted con anterioridad sin necesidad de estar muerto en vida. O quizá lo ha estado, pero no se ha percatado de eso. El personaje de Sheila, refuerza esa imagen del renacer, proyecta unas ganas locas por vivir, a partir de  que se le fue la vida entre litros y litros de asqueroso vómito. Su apetito sexual está por los cielos, tiene tanta energía que se ejercita con regularidad, es más competitiva, tiene una dieta alta en proteínas, a mil años luz de cualquier connotación vegana.


Parece que mientras más muerta está, se convierte en un mejor ser humano, en una mujer que pierde sus miedos y se empodera tanto en su trabajo como en sus relaciones. Tal vez el mayor dilema le resulte la educación de Abby y el ejemplo que le está dando a su hija, me parece que esta segunda parte hace mucho hincapié en ello y deja abierta la puerta para una tercera temporada que podría significar esa muchachita pierda el camino. De Timothy Olyphant, su adorado marido, comenzamos a ver su deterioro. Su desesperación crece ante lo que parece ser algo irremediable y eso lo tiene al borde de la locura.

No es la primera vez que en la televisión, o ahora en las plataformas de  streaming, se utilice la figura de un monstruo para proyectar lo más loable de las conductas humanas. Y no es que Santa Clarita Diet, tenga una relación directa con The Munsters por ejemplo, pero por alguna razón no puedo evitar relacionarlas. Tal vez sus bases son las mismas: una típica familia de clase media, con integrantes que parecen salir de una película de terror, que resultan ser los más nobles, divertidos, incluyentes y amorosos. La distancia temporal entre las dos las coloca en los extremos opuestos, pero la evolución de la familia, y principalmente del rol de la mujer, es algo que merece la oportunidad, digo, siempre y cuando usted esté dispuesto a  tolerar un poco de sangre y muchas tripas.




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