viernes, 28 de abril de 2017

Last Men in Aleppo

La urgente necesidad de sentirse humano

“El conflicto entre el Gobierno sirio y los opositores al presidente Bashar al Assad se desató en marzo de 2011. Las revueltas comenzaron como protestas pacíficas, pero no tardaron en teñirse de sangre. Las autoridades acusan a las fuerzas externas de apoyar con armamento y financiación a grupos terroristas”.
RT en español

¿Cuántos documentales harán falta para llevar a los ojos y a la conciencia de todo el orbe  la guerra en Siria? La verdad es que lo ignoro, pero mencionaré sólo algunos:

  •   ‘Nacido en Siria’ (Documental. España, 2016). Premios Goya: Nominada a Mejor documental.
  •   ‘Watani: My Homeland’ (Mediometraje Documental. Reino Unido, 2016).  Premios Goya: Nominada a Mejor documental.
  •  ‘The White Helmets’ (Mediometraje Documental. Reino Unido, 2016). Premios Oscar: Mejor cortometraje documental.
  • ‘Last Men in Aleppo’ (Documental. Dinamarca, 2017). Festival de Sundance: Mejor documental (World Cinema).

Historias absolutamente desgarradoras, cineastas arriesgando la vida como si fueran corresponsales de guerra. En los festivales la temática se ha vuelto repetitiva, en el 2017 circulan ya tres documentales con este tema peleándose los reconocimientos. ¿Qué se premia en los festivales? ¿La devastación, la crueldad, el valor, la muerte, la vida… la guerra?

Es imposible hablar de la Guerra Civil Siria sin hablar del Islam, de Bashar al-Ásad, de Rusia, Estados Unidos y de los Cascos Blancos. ‘Los últimos hombres en Alepo’ sigue los pasos de tres miembros de esta organización humanitaria, Khalid, Subhi y Mahmoud, quienes han decidido quedarse en la destruida ciudad de Alepo, para poder salvar vidas en una guerra que parece interminable.

El escritor y periodista turco Feras Fayyad, dirige su primer largometraje documental, junto con el editor y director de cine danés, Steen Johannessen. Juntos elevan la categoría documental a un nivel diferente. Si usted ya vio ‘The White Helmets’, no piense que esto es “pan con lo mismo”, es más, antes de ver ‘Los últimos hombres en Alepo’ (si es que lo consigue), vaya a Netflix a buscar ‘The White Helmets’, nada más para darse una idea de si será capaz de soportar la crudeza  de una guerra con mucho menos producción,  mínima edición  y sin retoques.

Panaderos, ingenieros, taxistas, abogados, albañiles y maestros, se dieron a la tarea de integrar la organización de voluntarios: Cascos Blancos, cuando todas las organizaciones internacionales tuvieron que abandonar Siria por razones de seguridad. En seis años de conflicto se calculan al menos 450 mil muertos, 1.5 millones heridos y más de 10 millones de desplazados. Ciudades sagradas como Damasco, Hamas, Homs y Alepo son una pila de escombros; pese a ello, la gente se aferra a la tierra donde nació. Muchos se negaron a irse, otros tantos regresaron a vivir en los edificios a medio destruir a pesar de que las bombas no dejan de caer.

Los Cascos Blancos son la única opción de ayuda a los civiles,  por desgracia no son inmunes al genocidio,  mucho menos al escándalo que en cierta manera los desacredita; aunque para mí, después de este documental, ya no hay sombra que pueda caer sobre ellos. El tiempo se encargará (espero) de señalar  como verdaderos tiranos a las manos que mueven los hilos, o mejor dicho, a las manos que mueven los oleoductos en esta guerra.

La temática del documental gira en en torno a los integrantes de esta organización. A las razones que los mantienen ahí, a la disyuntiva de enviar a sus familias a un campo de refugiados o de permitir que junto con ellos arriesguen su integridad. La vida sigue en Alepo, entre los escombros hay bodas y nacimientos, hay familias que buscan con desesperación momentos de jugar y sonreír. Entre los voluntarios existe un gran sentido de la responsabilidad, pero sobre todo hay una urgente necesidad de sentirse humano, de ser testigos de que la vida, en cualquiera de sus formas, será capaz de abrirse camino entre tanta crueldad y muerte.


La distancia a la que estamos del conflicto nos mantiene a salvo, la necesidad de encontrar una manera de ayudar a esta gente me lleva a buscar en el cine una manera de concientizar al respecto, pero le advierto que yo comencé a llorar a los cinco minutos y salí de la sala con el alma hecha pedazos. El impacto de esta cinta tiene más poder destructor que cualquier arma química, mayor devastación de la que (oficialmente) causó “la madre de todas las bombas”.

‘Los últimos hombre en Alepo’ es un  retrato heroico de aquellos que todos días tratan de aferrarse a su humanidad, no sólo por tener algo que hacer rescatando vidas entre los escombros, sino para no perder la fe, esa misma fe que por principio de cuentas, los ha llevado a matarse unos a otros.





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