martes, 25 de abril de 2017

Batallas Íntimas (Documental)

El amor no duele
 
Lucía Gajá  (Mi vida adentro) se dio el tiempo,  y muchos kilómetros de viaje, para confeccionar  su nuevo documental. En un intento por  dar un rostro universal a la violencia doméstica, buscó países, ciudades, religiones, idiomas y colores de piel que se transformaron en lo que puede ser la voz de millones de mujeres en el mundo sobreviviendo a sus: “Batallas Íntimas”.

En el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia se estrenó este documental tan doloroso como necesario. Su recorrido por festivales va cubriendo una sede y luego otra, aunque no logro imaginar ¿cómo será posible que todo mundo lo vea? Porque, ¡deberían verlo! Pocas oportunidades se tienen de acceso a una cinta que incluye no sólo la destreza técnica y un excelente montaje, una maravillosa fotografía (Malc Bellver) y la música (Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman) perfecta para acompañarla; sino también una narrativa que resulta demoledora, que pese al dolor que puede provocar, invita a querer saber más de la historia de estas mujeres.

Cinco ciudades que representan un mundo: Ciudad de México,  Sevilla,  Nueva York, Nueva Dehli y Helsinki. Cinco mujeres que dan voz a todas las mujeres, mientras cuentan cómo fue que salieron con vida, después sufrir la gama más amplia de maltrato en el lugar que se  suponía  era el más seguro: su hogar.

La cámara de Gajá reviste con bellas metáforas (imágenes)  las experiencias más atroces en que se puede deformar una historia de amor. Ventanas que se vuelven ojos indiscretos a la intimidad de la pareja y asoman vergüenza. Candados que aprisionan vidas y contienen un miedo que se guarece en silencio.

En “Batallas Íntimas” el silencio se ha roto, la autoestima parchado y la valentía se volvió elocuente, convirtiendo esta cinta en una fuerte experiencia emocional, la más fuerte que he tenido en mucho tiempo, he de confesar; porque resulta imposible salir ileso de este documental.

¿En dónde radica la destreza de Gajá? Seguramente en su capacidad de abordar el tema con cada una de las protagonistas. Con un profundo respeto por cada una de ellas, consigue cinco narradoras que se han reconstruido así mismas, que exponen su dolor como una herida pasada y muestran sus cicatrices con miradas de esperanza. Agonizaron, no murieron. Tocaron fondo creyendo que no tendrían la fuerza suficiente para emerger, y ahí están ahora, lejos de las ventanas, sin candados y a campo abierto con miras en el futuro.

Hablar de cada una de las historias que integran esta cinta, es decir poco, porque este documental necesita vivirse de manera personal, para que se nos permita formar parte de la catarsis colectiva que significa identificarnos con ellas, o con ellos.  Una de cada tres mujeres en el mundo es víctima de violencia intrafamiliar, todas estamos expuestas y tal vez no somos conscientes de hasta qué grado nuestra vida corre peligro.






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