jueves, 24 de noviembre de 2016

Moana (Vaiana)

 El bello fracaso de la inclusión
Ahora sí que estoy en un conflicto enorme al hablar de esta cinta, por lo tanto para hacer esta crítica voy a partir del razonamiento de: ¿quién carambas los entiende?

De qué va: la historia gira alrededor de Moana (Auli’i Cravalho) una adolescente polinesia  hija del jefe de la tribu, que pese a la negativa de su padre de correr peligros en el mar,   se aventura por el Océano Pacífico, para desentrañar el misterio que rodea a sus antepasados. Durante su travesía, Moana se encuentra con el alguna vez todopoderoso semidiós Maui (Dwayne Johnson), quien  a fuerza de jalones de oreja  será su guía y la ayudará a convertirse en una experta navegante.

Si algo ha desatado Moana, son escándalos. Que sí no se puede llamar así en todo el mundo por copyright, o que si porque tiene el nombre de actriz porno. Que si ha desatado la indignación en el pueblo Maorí (habitantes de las islas polinesias) porque se está lucrando con su cultura y porque los representa un dios gordo.

Con todo el respeto que me merece el pueblo Maorí, les diré que Disney no sabe hacer otra cosa que no sea lucrar. Todo es negocio, digo, no hacen ningún tipo de espectáculo sin cobrar por él y cobran muy bien, no hay que tomarse esto de manera personal. Con cada película hacen millones con los juguetes y hasta con los disfraces, que en esta ocasión tuvieron  que quitar del mercado por dicha indignación.

Otra cosa que también tiene Disney como casa productora, es que se sabe adentrar en la investigación, y aunque creo que la intención del ilustrador (de origen maorí por cierto) no era crear un personaje gordo, sino fuerte, a pesar que gran porcentaje de la población maorí encaja con las características físicas del personaje.

Moana tiene un montón de personajes políticamente correctos, con el mejor de los mensajes: No dejarte vencer y perseguir pese a todo, tu verdadera identidad. Tiene una bella heroína de piel morena que no es hombre-dependiente; sin rastro de anorexia ni peróxidos, se supone que no es princesa, pero no deja de ser hija del jefe y tiene una mascota estúpida. Tenemos un semidiós que según la leyenda maorí era ingenioso, mujeriego y valiente, más no gordo. Moana es la película más incluyente que Disney ha hecho hasta ahora y resulta que todo el mundo se indignó.

Indignados deberían estar porque pese a toda esta inclusión Moana no viene con nada nuevo que ofrecer. Su historia tiene la misma fórmula que todas, y aunque ese gallo tiene sus momentos chuscos, no resultó tan simpático. Tiene su dosis de Pocahontas, su toque de animación de Hércules y hasta una ligera caravana a  Mad Max: Fury Road (esa parte me gustó mucho). Es ligeramente emotiva, me encantó el personaje de la abuela interpretado en la versión original  por Rachel House.

Aquí quiero hacer un paréntesis para mencionar, especialmente al pueblo maorí que seguro está leyendo la nota con mucho interés, que gran parte del elenco son de raíces maorí o samoanas como: Auli'i Cravalho, Temuera Morrison, Rachel House, Nicole Scherzinger,  Oscar Kightley y Dwayne Johnson. A todos ellos se les respetaron sus rasgos físicos en medida de lo posible, en el caso de los dos protagonistas podría decir que son casi exactos. Los directores de la cinta, Ron Clements y John Musker ya se habían puesto muy incluyentes con “La Princesa y el Sapo”, y aunque esta vez la animación de cada personaje es mucho, pero mucho mejor, el resultado fue el mismo, en parte gracias al guion de Jared Bush, quien había hecho un trabajo excelente en Zootopia, pero en esta ocasión sólo quedó en un chispazo aquí y otro por acá. Mantiene su toque cínico que me encanta, pero “algo” le faltó.

La banda sonora de Mark Mancina tiene sus buenos momentos en la parte instrumental, en serio muy buenos, esos tambores son la onda, pero creo que sólo una o dos de las canciones (que son muchas) lograran enganchar un poquito, aunque jamás le llegarán a los talones del rival a vencer: libre soy, libre soy, libre sooooooy.

Ahora, en la parte técnica, todas las palmas de Moana se las lleva el departamento de arte, el ejército del departamento de animación y efectos visuales. Tiene unos gráficos magníficos, sobre todo en la parte acuática. No hay mucho que elogiar a su 3D, pero las imágenes son preciosas, la cosa es que le pasó lo mismo que a  “Mi gran dinosaurio”, la animación no es suficiente para salvar la historia.


En resumen, y por desgracia, Moana pasará a la historia con más pena que gloria, y lo peor es que la pena no recae precisamente en la debilidad del guion, sino en los escándalos que la rodearon. Lo cual es una lástima porque, salvo la parte en que Disney no hace nada de a gratis (esto es un negocio aceptémoslo), tenía elementos de empoderamiento femenino, de una cultura milenaria, de respeto por los adultos mayores y por nuestros antepasados, bueno, tenía hasta elementos ecológicos, todos expuestos de una manera bellísima, pero vacía.

  



1 comentario:

  1. Excelente reseña. No la he visto pero con esta lectura me han dado ganas de verla. ¡Gracias!

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