jueves, 10 de noviembre de 2016

Macho


El “Zorro Plateado” se retuerce en su tumba

Evaristo Jiménez (Miguel Rodarte) es un reconocido diseñador de modas que para lograr sobresalir en este difícil terreno, se hace pasar por gay cuando en realidad tiene adicción por las mujeres, particularmente las casadas. La posibilidad de que el mundo descubra su secreto amenaza su imperio.

Creo que hasta los Millennials saben quién fue Mauricio Garcés y conocen su famosa película “Modisto de señoras” filmada en 1969. “Macho” se atreve a dar un nuevo giro a esa historia, o mejor dicho, se atreve a dar un nuevo giro al personaje,  porque poco tiene que ver una historia con la otra. Tal vez tenían la  intención de modernizarla o de apegarla a los nuevos conceptos de diversidad. Lo que es seguro es que es imposible que salga bien librada a la hora de las comparaciones.

El director Antonio Serrano brincó de las novelas al cine con “Sexo, pudor y lágrimas” en 1999, desde ahí no le ha ido muy bien que digamos, su último gran proyecto la “Trilogía de la Independencia” quedó inconcluso ante el fracaso de “Hidalgo” y “Morelos”.  Después de cuatro años regresa con otro proyecto muy arriesgado en la categoría de comedia, que se puede considerar “fácil” por decirlo de alguna manera,  sin embargo, venir a meterse con un personaje de la talla de Garcés es de antemano una batalla perdida.

Rodarte tiene el carisma y la simpatía, confieso que este sinaloense de nariz exótica me cae muy bien y me resulta muy divertido en sus películas, pero el peso de la cinta no podía caer sólo en él.

Si algo tiene a su alcance el señor Serrano, es la capacidad de una gran producción y “Macho”, sin ser una película histórica tiene eso. Cuenta con los actores mejor cotizados del momento en el cine mexicano: Aislinn Derbéz, Cecilia Suárez, Mario Iván Martínez, Ana de la Reguera y hasta la presencia de la señora Ofelia Medina. Por desgracia Serrano le cedió la responsabilidad de coprotagonista a Renato López, cuya actuación dejó mucho que desear. No le quiero restar mérito  a su valentía al aceptar un papel como este, pero su pésimo desempeño no da ni para reírse de él.

La película comienza a fluir bien entre un detalle simpático y otro, pero  antes de llegar a mitad se va tornando sosa hasta llegar al “¡por favor que ya se acabe!”. Lo verdaderamente chistoso de esto, es la reacción de la gente mí alrededor, en serio que llegué a pensar que eran como aquellas famosas plañideras, esas mujeres que solían contratar para llorar en los funerales, nada más que aquí a la inversa. ¿Quién le pagó a esa gente para reírse? Yo sé que entre gustos se rompen géneros,  y que yo soy de esas que no deja de hacer corajes con este tipo de películas que no hacen más que robar espacios y presupuestos para películas mexicanas con más sentido, pero cuando las risas son tan ilógicas, forzadas y falsas me quedo sin saber de qué me perdí.

Visualmente en muy agradable, lo reconozco, caras y cuerpos bellísimos, bien instalados en un  diseño de producción muy “chic” (creo que esa palabra ya está muy pasada de moda) y locaciones hermosas. Como lo dije antes, dinero hay, y se les nota. Tiene unas escenas de sexo muy bien cuidadas, además  tuvieron el buen tino de exponer a los talentos de la moda nacional como Pineda Covalín, Ricardo Seco y Gianfranco Reni.

El guion es autoría de Sabina Berman (Light, The History of Love), quien en la historia trata de llevar un mensaje a favor de la diversidad sexual, pero el resultado final no es suficiente para hacer honor al tema. El reto era muy grande, modernizar la historia de ese pícaro “modisto de señoras” requería demasiado de todos los involucrados, ni siquiera se me ocurre quién podría hacerlo. Supongo que era un tema intocable y punto.

“Macho” entra en la misma categoría de “Y qué culpa tiene el niño”, “Nosotros los nobles”, “Cásese quien pueda”, así que si disfrutó de sobremanera estas cintas, no lo dude “Macho” es para usted. La diversidad está ahí para quien la quiera tomar, en mi caso, esto no es lo mío.





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