miércoles, 20 de julio de 2016

Piper Cortometraje

Pixar se pone en modo artesanal 
Pixar, la famosa lamparita de escritorio, ha venido haciendo cortometrajes animados desde 1984, cuando todavía era una división de la compañía Lucasfilm. En 1986 Steve Jobs independiza a Pixar al convertirse en su mayor accionista, se mantuvo con ellos hasta que Walt Disney Company le hace una jugosa oferta. A partir de la llegada de “Toy Story 2”,  cada película de Disney Pixar viene acompañada de un simpático corto animado.

Muchos años y avances tecnológicos han pasado desde “Luxo Jr.”; hemos visto saltar conejos, desplumar pájaros, cantar volcanes y montón de cosas más. Conforme pasan los años ese corto que Pixar nos regala antes de cada película, comienza a  darnos la sensación de que el largometraje que lo acompaña no es digno de él.


Este año Pixar se supera en todos los sentidos, al presentar “Piper”, un cortometraje previo a la proyección de “Finding Dory”. “Piper” marca el debut en la dirección de Alan Barillaro, un artista de la animación de origen canadiense, quien a sus 41 años de edad ya tiene una larga lista de películas en las que ha participado (WALL.E, Monsters, inc., Brave, The Incredibles). Sin embargo, su nombre nunca ha estado en la primera plana de los créditos, y eso, está a punto de cambiar.


“Piper” nació de un experimento de Barillaro. En uno de esos días sin mucho que hacer, le dio por ponerse a trabajar sobre el pájaro que diseñó para “Brave”, buscando darle la apariencia de un “sandpiper”; ave que por tierras mexicanas conocemos como “Frailecillo de Wilson” o “Chichicuilote”.


Una cosa llevó a la otra y en poco tiempo el canadiense ya estaba formando de cero la historia de una pequeña ave bebé, a la que su madre incita a buscar alimento por sí misma. Para esto tendrá que dejar la seguridad de su escondite en la playa, encarar a la ola y buscar almejas entre la arena.


Se dice, que en una película de animación generada por computadora, puedes tener elementos como agua, plumas y arena, que son en extremo  difíciles  de hacer, pero puedes tener una a la vez ¡NO LAS TRES JUNTAS! A no ser que quieras que tu equipo de animadores se amotine.


Todos hemos estado en la playa más de una vez, si se ha detenido a mirar, a tocar y a sacudirse la arena, sabe muy bien que cada granito tiene un color y una textura diferente. Pues cada uno de esos granitos  de arena lo tendrá usted en alta definición y en una amplia gama de colores. Ya no digamos el correr del agua, el oleaje y las salpicaduras, de eso también tendrá bastante. ¿Quiere plumas? Plumas le dan. Secas, mojadas, esponjadas y al correr del viento. Año y medio de trabajo  fue necesario para dar forma a los millones y millones de grumos de arena y plumas creadas de manera individual,  por un equipo de cuarenta animadores que lo último que quieren volver a ver en su vida, es una playa.

Pixar es famoso por sus ordenadores y sofisticados sistemas de software de animación, cada proyecto que emprende significa una evolución para los mismos. Porque es cierto, ya tenían la capacidad de simular el aspecto de las plumas, pero el director consideró que no tenían la movilidad suficiente, ni tampoco la capacidad de modificar al aspecto mojado. Fue por eso que los animadores tuvieron que volver a dar forma  al cuerpo del ave para darle ese efecto esponjado insertando millones de fibras individuales. Piper, literalmente,  fue esculpida a mano.


Otro gran detalle del obsesivo director, fue evitar la “antropomorfización” de sus aves. No quería dar expresiones humanas a sus personajes, a los que también les negó el habla, así que el reto era lograr la comunicación y empatía con el espectador siendo eso, un ave. Además agregó lentes de imitación para dar la ilusión de estar viendo un documental. No le extrañe preguntarse en los primeros segundos, si esas imágenes son reales o no. Tal vez los seis minutos que dura esta maravilla no le sean suficiente para tener la seguridad de si las imágenes que vio, fueron tomadas con una cámara o creadas por un ordenador; pero ni se preocupe por eso, no es su culpa, Barillaro intencionalmente la filmó como un documental y tal como lo hacen los fotógrafos de National Geographic para no asustar a sus plumíferos modelos, utilizó (o dio la impresión de utilizar) lentes de largo alcance, dejando al objetivo nítido con un fondo borroso.

La música estuvo a cargo del guitarrista Adrian Belew, quien no se limitó a componer la banda sonora, sino que contribuyo con el sonido de las aves, y hasta con ese gruñido de panza de Piper que  en realidad le pertenece a Belew.

Sin tener acceso a los cortometrajes que estarán nominados para la próxima entrega del Oscar, le firmo desde este momento  que “Piper” se los llevará de calle. El canadiense no tuvo reparo en llevar a su personal y a sus ordenadores al límite. No le importó el que  los modelos de la física del mundo real sean lo suficientemente potentes para simular en la computadora los patrones acuáticos, volvió loca a su gente ajustando los tiempos del movimiento hasta que la sincronía fuera perfecta y granos de arena y plumas creados y colocados  de manera individual dieran como resultado, no sólo bellísimas imágenes que hacen palidecer a la realidad, sino que además se dio el lujo de crear una historia sumamente emotiva con la que todo el mundo quedará maravillado.



“You have to stay subversive when you deal with computer animation. You never want to be tricked into the tool doing the work for you.”
Alan Barillaro


(“Debes permanecer subversivo cuando estás tratando con animación por computadora. Uno nunca desea ser engañado para que la herramienta haga el trabajo por usted”)





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