miércoles, 6 de enero de 2016

Xavier Dolan

La vie en rouge l'enfant terrible
Nada hay en  Xavier Dolan de lo que se pueda hablar en tonos pastel, con él se puede navegar entre la pasión y el odio, pero nunca por un mar en calma. La simplicidad no es algo que lo identifique, al contrario, ese al que todo el mundo llama "L’enfant terrible" se manifiesta en explosiones de colores estrambóticos, lo que tiene que decir lo dice a gritos, más no a través de su propia voz, sino de imágenes altisonantes.

Si a estas alturas no identifica al escuincle que puede hacer palidecer el carmesí de la alfombra en Cannes le diré que fue el país de la hoja  de arce el que vio nacer a este chiquillo. Actúa desde los cuatro años, escribió el guión de su primer largometraje a los 16, a los 19 lo dirige, produce, actúa y hace el diseño de vestuario. A a los 20 se planta en Cannes a presentar “J'ai tué ma mère” (Yo maté a mi madre), llevándose una ovación de pie durante varios minutos y tres premios Quinzaine des Réalisateurs (Quincena de Realizadores), en el año 2009. Nada mal para una obra autobiográfica.

Dolan no se presenta. Dolan colisiona, arrebata y cimbra cualquier lugar que ocupe en el espacio; después de dejar su rúbrica en Cannes, regresó en el 2010 con “Les Amours imaginaires” (Los amores imaginarios) para llevarse la presea  Joven Promesa. En Cannes 2012, con “Laurence Anyways” muestra su crecimiento y madurez como director, pero como a los 23 años es imposible tipificarlo como maduro, hace un berrinche monumental cuando su tercer largometraje no entra a la selección oficial y es “relegado” a la categoría Un certain regard. Al siguiente año se dio el lujo de despreciar a Cannes y llevar el estreno de “Tom à la ferme” (Tom en el granero) al Festival de Cine de Venecia en donde compitió por el León de Oro, conformándose con  el Premio FIPRESCI (Fédération Internationale de la Presse Cinématographique). El camaleón de la sonrisa cínica regresa a imponerse en Cannes en el 2014 donde recibe vítores por “Mommy” (Mamá), nominado a la Palma de Oro y saliendo de ahí con el Premio del Jurado y la invitación como jurado para la edición 2015.

El niño prodigio del cine no está exento del análisis psicológico,  su genialidad parece emanar de sus vísceras, una mirada desquiciada se transforma en una mirada reflexiva, porque Dolan mira dentro de sí,  se descarna y deja  que cada película de su autoría se nutra con su sangre. El niño terrible explota para sí mismo y para nadie más. Su actuación, aunque no es mala, no es para generar grandes premios, menos cuando es otro el que dirige (La Chanson de l'éléphant, Miraculum, Martyrs). Dolan no actúa, se proyecta. Y si el personaje no le sale de las venas araña la mediocridad.

Su temática ha sido demasiado personal, hasta ahora. La búsqueda de identidad, la soledad, la adolescencia y la incomprensión. La homosexualidad y la discriminación que la acompaña, las madres… su madre y esa capacidad de soportarse.

Su toque Queer siempre parece acompañado de un deseo de ser sublime cuadro por cuadro, obsesivo a niveles patológicos, un apasionado del diseño que afirma que su cinefilia llegó demasiado tarde; será por eso que a los 26 años tiene cinco películas en su filmografía y dos en producción que pretende estrenar en el 2016. Con “Juste la fin du Monde”  incluye a la “Crème de la crème” de los nuevos actores franceses y “The Death and Life of John F. Donovan” es su carta de presentación como director en Hollywood.

Xavier Dolan pertenece a la generación de los videoclips, ha logrado convertir a la música que ha acompañado su vida en un protagonista más de  sus películas. Se puede ver a Freud o a Hitchcock asomarse en su obra y en sus complejos; la influencia de Wong Kar-Wai raya en el plagio, pero no deja de ser una veneración a su visión poética. Dolan es irreverente como Almodóvar y puede tomar una postura de diva en una versión digamos electrizante que incluye las uñas devoradas por la ansiedad. Puede atraparte en un cuadro muy al estilo de Instagram, para liberarte poco después en una toma panorámica como lo hizo en “Mommy”.

Su inspiración no nace en el cine mismo, lo inspira la fotografía, la escultura, la poesía y las artes plásticas, su nombre se repite cada vez más en los créditos de sus películas, poco le falta para sentarse en la silla del maquillista. Ya hizo un homenaje a  Yves Saint Laurent con el diseño de vestuario y la fotografía en “Laurence Anyways”. El diseño de escenografía es tan suyo como el guion, la dirección y la edición. ¿Pretencioso?, pudiera ser, pero yo me sigo inclinando más a un factor compulsivo, porque la genialidad puede cobrar facturas muy altas.

Antes que cineasta, Dolan en un esteta en potencia, un amante de la corriente  vintage y del glamour que proyectan sus figuras de culto. Clava su primerísimo primer plano en los poros de sus protagonistas, sea él uno de ellos o no, para después empequeñecerlos en la inmensidad de un encuadre panorámico. Puede ir del bermellón al púrpura, del amarillo chillante al azul eléctrico cuando quiere gritar a la libertad y cambia al sepia que vuelve al trigo desolador cuando de sumisión se trata.

Es capaz de hacer una epopeya a la sexualidad o una oda a la madre, su temática muchas veces se encasilla en  los temas LGBT o  Cine Queer, pero más que hablar de la diversidad sexual se enfoca en el triunfo de la aceptación, él no hace películas de perdedores asegura, tal vez es por eso que el peso de su personalidad está plasmada en ellas.

Todavía no alcanza los 30 años y tiene a todo el mundo al pendiente de su trabajo, ha filmado con Anne Dorval y Suzanne Clément como si fueran un talismán de la buena suerte; al día de hoy tiene a Marion Cotillard bajo su dirección mientras Guillermo del Toro lo acompaña en la filmación. Susan Sarandon, Kathy Bates y Jessica Chastain están en la banca esperando su turno, para llegado el momento caminar de su brazo por la alfombra de las vanidades.

El 2016 es el año que decidirá el rumbo del infante terrible, Dolan dejó el nido y Canadá ha dejado de ser exclusiva en sus locaciones, vamos a ver si el mundo es capaz de contener la genialidad obsesiva de este niño prodigio del cine, sería una pena verlo derramar lágrimas de sangre si Hollywood no se rinde a sus pies cuando Cannes ya está comiendo de su mano.





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