18 ene 2016

The Revenant, camino al Oscar

!Iñárritu quiere más¡
Ahora sí agárrense que ya se van a dignar a soltar lo mejor del 2015. Con la mira en la temporada de premios se empiezan a dejar ver las favoritas de este año. Con poco menos que un escándalo se estrenó en algunas ciudades de Estados Unidos la nueva y esperada película de Alejandro González Iñárritu, “The Revenant” (El Renacido).

González Iñárritu podrá tener al mismísimo Diablo en el elenco de sus películas, a estas alturas  todo el mundo se deschonga porque el más famoso de los “wetback” los haga ver las de Caín con tal de participar en alguno de sus proyectos, pero la verdad es que en las películas de Iñárritu, el protagonista siempre es… él mismo.

Antes que todo esto se mal entienda, quiero aclarar que soy fan de este hombre. Admiro su trabajo y hasta puedo justificar su arrogancia, acá a la sorda, me hace mucha gracia. Con The Revenant “El Negro” se planta firme en su postura de rechazo a todo lo que considere “Genocidio Cultural”, pero con eso de pregonar que “The Reverant merece ser vista en un templo” sí se manchó.

Inspirada en los relatos históricos de Hugh Glass (Leonardo DiCaprio), un explorador y comerciante de pieles del siglo XIX. Mismo que en una expedición es atacado por un oso (osa en realidad) que lo deja, literal,  como una hilacha. El Capitán de la expedición Andrew Henry (Domhnall Gleeson) le tiene en estima, por lo que paga a sus compañeros John Fitzgerald (Tom Hardy) y Bridger (Will Poulter) para que se queden junto con Hawk (Forrest Goodluck) el hijo de Glass a cuidarlo y darle sepultura cuando llegue el momento.

Primer reto “iñárriturresco”: Filmar en las montañas canadienses a menos de 40 grados centígrados y a deshoras de la madrugada para perseguir la luz. Ya que el muchachito Lubezki sólo utilizó luz natural durante todo el rodaje; con la pena pero “El Chivo” va por su tercer Oscar al hilo,  y yo le meto billete a que se lo lleva por la complejidad técnica de la cinematografía. Iñárritu pregona por todo lo alto que  sus películas se filman en orden cronológico, así que al que no le parezca "lléguele", porque esto es una “Ley de oro”.

Segundo reto “iñárriturresco”: La cámara no se detiene.  Sigue haciendo gala de su destreza en el plano secuencia, tanto que este hecho comienza a restarle valor.  “El Negro” no tiene problema en demostrar, no sin poco alarde, una cámara salpicada de agua, sangre y lodo, o un primer plano empañado con el aliento de su protagonista mientras muestra una mirada agónica con la toma adherida a su cara escarchada. Todo esto mientras el director cita a Herzog diciendo que “el frío es un estado de ánimo”. ¡Te la bañaste Negro!

Tercer reto “iñárriturresco”: Llevar a sus protagonistas al límite. No sólo físico, sino mental al trabajar bajo tanta presión y en condiciones climáticas extremas. El niño DiCaprio le entró con singular alegría al hígado de bisonte crudo, y a un entrenamiento militar típico de los soldados siberianos. Además de familiarizarse con  las lenguas nativas americanas como el pawnee y el arikara. Muchos lo dudan pero yo creo que este año el Oscar sí se lo lleva este pobre hombre. Pese a que tal vez existan mejores actuaciones en este año, a DiCaprio “ya le toca”. Tan le toca que para conseguirlo dejó su sangre en ello; cosa con lo que no voy muy de acuerdo, porque ese tipo de acciones me parecen más de un reality show que de una brillante actuación. Pero siendo realistas, eso a la academia le encanta, creo que para DiCaprio si no es ahora, no será nunca.

DiCaprio definitivamente se lució y el resto del elenco no se quedó atrás. Bien por Will Poulter, que parece que por fin creció. Bien también por Domhnall Gleeson que este año lo vimos hasta en la sopa. Me da la impresión que Tom Hardy dejó lucir a DiCaprio, pero no lo hizo mal, digamos que lo hizo muy a la Tom Hardy (sin novedad).

The Revenant llama la atención en las premiaciones, sin embargo, sus competidoras vienen muy fuertes: “Carol”, “Mad Max”, Fury Road”, “Room” y “Spotlight”, así que con todo y su requerimiento de templo para la exhibición de su película, me temo que la mancuerna  Iñárritu-Lubezki (importante hacer hincapié en este detalle),  al final  no saldrá  bien librada, al menos no para Mejor Director y Mejor Película.

Cuarto y último reto “iñárriturresco”: El cine con sentido. Y es aquí en donde me quito el sombrero. Por encima de las cuestiones técnicas de cualquier cinta de González Iñárritu está su mensaje, está su protesta y su crítica social. Como buena activista de sofá que soy, la temática y la reflexión a que lleva una película me ganan y me puedo olvidar de todo lo demás. En este caso el director mexicano se dio a la tarea de hacer pedazos el “sueño americano”, quitándole totalmente el toque heroico para dejarlo como en realidad fue. Mostrando en un primer plano la codicia y la explotación de los seres humanos. El exterminio y segregación que sufrieron los indios americanos por parte de los colonizadores europeos. Usados a su conveniencia y desechados como si de algo infrahumano se tratara. Iñárritu señala con el dedo la despiadada crueldad sobre la que fue fincada la nación más poderosa del mundo… y todavía quiere Oscar el niño, ¿no les encanta?, a mí sí.

The Revenant es una adaptación de la novela de Michael Punke, Mark L. Smith (guionista de cine de terror) y el mismo Iñárritu se encargaron de hacer el guion. No hace falta mencionar que Emmanuel Lubezki pone el alto la cinematografía.  Bryce Dessner, Carsten Nicolai y Ryuichi Sakamoto hacen lo propio con la música que se mantiene discreta ante la fotografía. El resultado: una locura primitiva, la venganza se muestra como el motor que mueve al mundo. La historia de Hugh Glass es increíble, cruda y llena de sufrimiento. Todo un reto representó el dejar el “green screen” a un lado para entrar en un entorno de belleza salvaje extrema.

Con premios o no, “The Revenant”  merece ser reconocida, esperemos que “El Negro” se pueda guardar sus propios reconocimientos y se quede sentado a escuchar los de los demás con humildad.

Vaya haciendo la lista de sus favoritos, ya haremos cuentas después de la premiación.




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