viernes, 23 de octubre de 2015

Bridge of Spies, el regreso de Spielberg

Puente de Espías
Steven Spielberg


En camisa de once varas me voy a meter por pasarle tijera al Rey Midas. El Sr Steven Spielberg garantiza todos los reflectores apuntando a su cabeza cuando una película incluye su nombre en los créditos. Por bien o medianamente bien que le vaya con cada producción siempre estamos esperando lo que le sigue, y en el 2015 lo que le sigue se llama: Bridge of Spies (Puente de espías).

Por azares del destino James Donovan (Tom Hanks) un abogado de seguros en la ciudad de Nueva York, se ve al frente de un caso, en el que tiene que defender a un espía Ruso, Rudolf Abel (Mark Rylance) en plena Guerra Fría. Después de la sentencia de Abel, surge un nuevo problema, ya que un piloto norteamericano Francis Gary Powers (Austin Stowell) es tomado como prisionero después de una fallida misión de espionaje aéreo. Lo cual coloca a Donovan en un papel de negociador con la Unión Soviética.

Si algo me gusta del Sr. Spielberg es esa gracia que tiene para convertir lo majestuoso en cotidiano, ¿o es al revés? ¡Como sea! Me da la impresión que para su experimentada batuta no le resulta complicado nada. Tiene los detalles bien cuidados, la creación y caracterización de los personajes es perfecta y los actores responden muy bien a su mando. Hasta la luz parece que ya sabe cuál es lugar en cada toma.

Es fácil viajar en tiempo con sus películas, en esta ocasión nos va a llevar a las telarañas de las redes de espías y al levantamiento del Muro de Berlín a principios de los años sesenta (esa fijación con los Alemanes no la puede soltar). Con mucho detalle muestra las situaciones de crueldad que rayan en lo inhumano por las que pasan los prisioneros norteamericanos en tierras comunistas; mientras que en el lado de la civilización occidental todo es paz, armonía, prisioneros con privilegios  y niños felices corriendo. De la cacería de brujas ni sus luces.

Con Puente de espías el Sr. Spielberg se formó un hermoso discurso maniqueísta con la complicidad de los hermanitos Coen  y Matt Charman. Con la pena pero a otro perro con ese hueso, esa cosa de yo soy muy bueno y tu muy malo no me convence, es más, me molesta bastante. No veo la necesidad de opacar una excelente ambientación de la época y la magnífica fotografía de Janusz Kaminski con un guion tan maquillado. Bueno, si hasta ese toquecito de efectos especiales le quedó muy bien. Los actores maravillosos como siempre, en especial Mark Rylance, no le pierda la pista que seguro lo veremos más seguido. La musiquita muy bien también.

Podrá usted tacharme de hereje por señalar de mala manera a uno de los pilares de Hollywood y sus anexos (Ethan  y Joel Coen), pero si tienes una buena historia basada en hechos reales, si tienes la genialidad y los medios no traiciones la historia para convertirla en un cuento de hadas.

No le voy a decir “no la vea” al contrario, creo que es una cinta que  no debe perderse porque estoy segura que le será fácil coincidir conmigo en su belleza visual, pero la opinión sobre el tema es algo personal y debatible. Tan debatible que se recomienda instalarse en una mesa 90x90 con tablero de damas inglesas impreso y tarros escarchados rebosantes de cerveza oscura. Al final del debate seguramente llegaremos a la conclusión de que nunca tenemos que hablar de religión, de futbol, de política ni de Steven Spielberg si no queremos arriesgarnos a perder las amistades.






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