jueves, 19 de febrero de 2015

Whiplash


Música y obsesión
Damien Chazelle

Whiplash nació como un cortometraje,  su alma viene de la maravilla que es el guión, y fue eso lo que la llevó a crecer para que Sundance le entregara el Premio del Público y el Gran Premio del Jurado. Su formato cambió de corto a largometraje pero el presupuesto no sufrió muchos cambios porque digamos que fue una película barata que tampoco fue muy redituable, cosa que espero que cambie después de la temporada de premios.

Andrew Neiman (Miles Teller) es estudiante en Shaffer, una de las más prestigiadas escuelas de música, está decidido a pagar el precio de ser un baterista famoso. A cuestas trae el abandono de su madre y un padre (Paul Reiser) al que considera mediocre. En la academia consigue que el temible profesor Terence Fletcher (J.K. Simmons) se fije en él y lo incluya en su orquesta, hecho que le va a costar lágrimas, sudor y sangre.

Esta película es el reflejo de la obsesión por la perfección y para eso están este par de maravillosos actores, la sorpresa: Miles Teller, la consagración: J.K. Simmons. Teller ya sabía tocar la batería pero se le incluyó  un profesor para el rodaje de la película, además su compañero de reparto Nate Lang (Carl) que era uno de los bateristas rivales, en realidad es músico y fue quien lo ayudó a mejorar su técnica. El chico promete, esperemos que no se salga del redil.

En el caso de Simmons se puede decir que ya tiene antecedentes en la personalidad que proyecta en sus películas, pero ahora si se fue de largo e hizo gala de su capacidad histriónica. Toda la película es un cúmulo de genialidad cinematográfica, las actuaciones vinieron a ser un regalo adicional. Simmons convirtió una academia musical en un centro de entrenamiento militar, un verdadero demonio, lo puedes aborrecer a los cinco minutos. Genial, ¡punto! No hay otra manera de describirlo.

La música es extraordinaria, la película podría ser una muestra de devoción al jazzista Charlie Parker. Hay interpretaciones memorables, comenzando con Whiplash de Hank Levy, Caravan de Juan Tizol cierra de manera brillante el film.

El cierre me recordó mucho a Le Concert de Radu Mihăileanu (mucho menos ñoño claro ¡no me mate!), y la obsesión de Andrew  bien se podría equiparar con la de Nina (Natalie Portman) en el Cisne Negro de Darren Aronofsky. Al punto en común que me refiero, es al poder transmitir esa pasión obsesiva que no deja de estrujar el corazón.

Quería llorar, quería salir corriendo. Quería una cerveza obscura y subir el volumen de la música. Quería darle un puñetazo a Simmons y comérmelo a besos al mismo tiempo. Después caí en cuenta que el culpable de eso era Chazelle con un guion y una dirección que rayan en lo impecable. La música es otro business.

Nominada a Mejor Película, Mejor Actor Secundario para J.K. Simmons, Mejor Guión Adaptado,  Mejor Montaje  y Mejor Edición de Sonido. Que se los lleve o no, ¡No importa! Whiplash es mucho más darle gusto a los estándares "hollywoodescos".


Es una guerra encarnizada entre un profesor convencido de que la presión excesiva puede sacar  a flote la genialidad, y un estudiante que se niega a ser uno más del montón, o es el mejor o no es nadie. La mediocridad no es opción y creo que eso es políticamente incorrecto. Más de alguno podría catalogarla como violenta y no estaría muy lejos de la realidad, pero al final la pasión y la belleza es tal que sientes que debes ponerte de pie y aplaudir. (Yo lo hice)








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