jueves, 5 de febrero de 2015

Navajazo, la vida en el inframundo


Navajazo
Ricardo Silva

Vueltas, vueltas y vueltas le he dado a esta película, ahora puedo decir con todas las letras que ¡No me gustó! Siento que no va para ningún lado, que es grotesca y hasta la podría definir como "hecha con las patas", pero tal parece que al final ése era su cometido y mi reacción es una prueba de ello. Navajazo es un escupitajo en la cara que se resbala lentamente, justo así la describe su creador y justo así la sentí yo.

No hay anestesia para esta herida que no sana, cada escena es como si la herida se abriera de nuevo. Navajazo es la verdad incómoda, esa que todos queremos evadir y que late en los rincones de todas las ciudades, aunque Tijuana bien podría considerarse la capital de la “ficcioverdad”.

Presupuesto prácticamente nulo, lo cual es evidente en el documental, de manera intencional o atropelladamente accidental veremos el micrófono, la mano dando indicaciones, a los protagonistas corrigiendo sus propios pasos para volver a posicionarse en el lugar correcto con total naturalidad. No hay edición, no hay forma, no hay nada.

¿Cuál es la historia de Navajazo? En Navajazo no hay historia, hay realidad sin retoques. Hay drogadictos, prostitutas, “dealers”, músicos callejeros, personajes con historias de terror para contar, todos ellos activos y produciendo. Cada personaje una historia; perdón, cada personaje una realidad. Algunas sorprendentes y hasta simpáticas como la del señor que vive en una casa hecha de juguetes, algunas otras con revelaciones mesiánicas como la de “El Muerto de Tijuana” y sus canciones inspiradas en los mismísimos infiernos. Un productor de cine porno empecinado en proyectar el amor en sus películas, una niña que prefiere al padre adicto que al padre rehabilitado porque el primero es más divertido.

Los habitantes del canal del desagüe (literal) viven en un mundo diferente, en ese espacio que surge entre las fronteras de Estados Unidos y México, en donde México quieren que salgan y Estados Unidos no quiere que entren. Hades se referiría a ellos como a los habitantes del inframundo y no estaría errado para nada.

La música de la película está a cargo de Albert Pla, cuya personalidad parece adaptarse perfecto con la película. Su canción de cuna aunada  los sonidos extraños extraídos que quién sabe dónde, pero que necesitaron subtítulos para entenderlos y las canciones de “El muerto de Tijuana” dan notas terroríficas a este singular filme.

Ricardo Silva compara esta sociedad con un cáncer que comienza con una tos imperceptible hasta que llega al punto de escupir sangre, creo que en este punto ya pueden entender mi reacción a esta película. Silva no salió de una escuela de cinematografía, a pesar de que era toda su intención, es sociólogo de profesión y tal parece que en Navajazo logró fusionar su profesión con su pasión.

Navajazo es grotesca, cruda, insolente; te duelen los ojos casi tanto como el alma al pensar que esa gente está ahí, así sobrevive y así se adapta al mundo que no es mundo sin un shot heroína. Es película, es documental, es una verdad que duele mucho, la decadencia puede encontrar un techo bajo tierra en las cloacas de la ciudad mientras que la sociedad pasa por un lado sin voltear a ver.


Navajazo es valiente, de seguro es su valentía la que le ha valido tantos premios, pero en definitiva no es  apta para quienes portan un corazón de pollo como el mío.



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