jueves, 12 de febrero de 2015

Mars One

Poblando el Planeta Rojo


A mediados de 2012, el programa Mars One anunció sus intenciones de establecer un asentamiento humano en Marte. Mars One es una fundación holandesa sin fines de lucro que a su vez está relacionada con la empresa Interplanetaria Media Group, que es quien permite a la fundación asegurar los fondos que requiere para su proyecto. Millones y millones, y millones, y millones de dólares.

A grandes rasgos la misión a Marte consiste en realizar misiones de carga y preparación para armar el asentamiento habitable comenzando en el año 2018 para ya que todo esté listo comenzar con los aterrizajes humanos en el 2024. La misión incluye a cuatro personas quienes deben de vivir y trabajar en Marte, la siguiente misión llegará cada dos años con dos humanos más y así sucesivamente. Para este proyecto se inscribieron más de 200, 000 personas de todo el mundo interesadas en ser los primeros colonizadores del Planeta Rojo. Todos ellos  mortales promedio, gente así como tú o como yo.

¿Por qué querría  ir a morir a Marte? Porque este es un viaje sin retorno, el boleto es viaje sencillo ya que no se pueden cubrir los gastos del regreso, asumiendo que por principio de cuentas sea posible llegar a nuestro destino. Hay científicos que aseguran que los pasajeros morirán en el día 68 de un viaje que requiere al menos 180 días.

Marte ha sido explorado por sondas espaciales desde hace muchos años, hay mucha información sobre las características de este carismático planeta a pesar de que 2 de cada 3 naves espaciales que son enviadas a Marte no logran llegar a la superficie, desaparecen, se desintegran o pierden contacto al llegar.

No puedo imaginar a alguien muriendo de ganas por hacer un viaje así, la aventura es excitante es cierto, me podría interesar en hacer un viaje al espacio sí; pero digamos aquí nada más paso la atmósfera terrestre me tomo una selfie con La Tierra atrás y me regreso. No me imagino recorriendo 35 millones de millas en seis meses, dormida y sin ver el paisaje  para llegar al más paradisíaco de los desiertos, famoso por sus devastadoras tormentas de arena, las más intensas y poderosas de todo el sistema solar. Armada con un gran taladro para conseguir un pedazo de hielo y convertirlo en agua, viviendo en una temperatura promedio de -60°C, comiendo alimentos liofilizados, dentro de los cuales no entra la categoría gourmet; esto asumiendo que el robot Curiosity, esté equivocado en sus lecturas de radiación tanto del viaje como de la superficie marciana, porque si la lectura es correcta, entre el vómito y las hemorragias masivas no podré probar ni un bocado.

Ahora, digamos que llegamos con vida y nos mantenemos con vida durante unos años ¿qué vamos a hacer allá? Trabajar sí,  de seguro habrá mucho trabajo por hacer, entre quehaceres domésticos espaciales, recolección de piedritas y cuidar los invernaderos que nos darán nuestro alimento pero ¿y la diversión? El paquete no menciona nada de vacaciones, pero sabemos que no hay televisión, ni cine, ni cerveza, ni alcohol; no drogas y por recomendación no sexo. ¡No sexo! ¿Ya lo pensaste bien?

Algunos de los candidatos se muestran indiferentes ante estas limitaciones lo cual me lleva a pensar que no tienen idea de lo que están diciendo. Están hablando de eliminar por completo nuestros instintos básicos, miles de años de evolución no han podido hacerlo y ellos aseguran que no tienen problema con eso. Negar el instinto de supervivencia, el instinto sexual, el de huir del peligro con tal de preservar la vida, es como negar a la humanidad misma. Eso es igual a una total falta de cordura, lo cual, si esto resulta viable pues tendremos un hermoso planeta Marte poblado de locos.

Tratando de buscar el lado amable pienso en que si logro llegar al planeta que los babilonios llamaban "Nergal" (Estrella de la muerte) tendría una reducción instantánea del 60% de mi peso  y mi descendencia sería tres veces más alta. Nada mal para una chaparrita con sobrepeso.  Mi personalidad no es para nada heroica, de hecho, pienso que las muertes heroicas están sobrevaluadas, a menos que hablemos de donar los dos riñones a un  hijo nefrópata, entonces sí, la muerte es bienvenida.

Morir en pos de la ciencia, pasar a la historia como uno de los cuatro valientes que decidieron ir a morir a Marte, o mejor aún, los cuatro que lograron poblar Marte sigue sin hacerme mucha mella. Será que no tengo corazón aventurero y prefiero por mucho morir hasta que la obesidad no me permita respirar tirada en una playa de las islas Polinesias.

Esa soy yo, una terrícola frívola promedio sin espíritu aventurero, que adora estar rodeada de la gente que quiere, leer libros maravillosos con una taza de café por un lado y el mar de frente. Comer delicioso y ser testigo de la grandeza humana a través del arte y las bondades del corazón, aunque para eso tenga que asomarme de vez en cuando al peor de los escenarios que un humano pueda crear.


Y tú, ¿te anotarías para éste viaje? A estas fechas deben quedar unos 100 aspirantes de los 200 mil inscritos. De seguro la reciente noticia de que hay agua líquida en Marte va a reavivar la competencia. Muero de curiosidad  por conocer a los 4 “ganadores”










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