lunes, 1 de diciembre de 2014

Filth, la sublime decadencia

Filth
Jon S. Baird
Filth (El Sucio) es la  tercera novela de Irvine Welsh (Trainspotting). Adaptada a la pantalla por Jon S. Baird. Al parecer, la intención de Welsh (otra vez), era hacer una comedia negra, en un mundo en donde las drogas y los excesos tienen un lugar privilegiado. Mucho se han comparado Trainspotting y Filth, sin embargo, creo que son totalmente diferentes, sí tienen un par de similitudes en cuanto a la locación y a la evasión de la realidad por medio de las drogas, pero  nada que ver entre una historia y otra.


Edimburgo, Escocia. La historia nos presenta a Bruce Robertson (James McAvoy) un detective con problemas de adicción a la cocaína, al alcohol y al sexo. Bruce anda tras un ascenso y para conseguirlo creará un caos alrededor de él, haciendo malas jugadas a sus compañeros Ray Lennox ( Jamie Bell ) y Amanda Drummond (Imogen Poots). El caótico mundo interno de Bruce convierte en una alucinación la carrera por ese ascenso que significaría también el recuperar a su mujer y a su hija.

Para mí, Filth llegó más allá de ser una comedia negra, creo que raya en lo dramático, o será que el mundo de las drogas me deprime. Es cierto que el humor negro predomina y para los amantes de este género la película resultará estupenda, pero los niveles de decadencia son muy altos, es una película que raya en lo grotesco, con imágenes explicitas de lo que puede ser la degradación por adicciones en una persona. Definitivamente no es apta para todo tipo de público,  pero si logran superar su aversión a la crudeza de la película, serán recompensados con una de las mejores actuaciones de James McAvoy; que si bien, ya algunos directores hay tratado de llevarlo a papeles que lo sitúan  en la decadencia, es Baird quien logra llevarlo a ese extremo de sí mismo.


La película puede ser predecible, sin embargo, el cinismo, el descaro y la locura que proyecta McAvoy nos hacen dudar entre si estamos viendo un “viaje” fallido de un adicto o si estamos como invitados a un paseo por la misoginia y la esquizofrenia que lo persigue, y desde la cual puede arañar por algunos momentos la ilusión de una vida “normal”.

Además de la brillante actuación antes mencionada, otro punto a favor de la cinta es sin duda la banda sonora de Clint Mansell,quien demostró una habilidad para adaptarse a la perversión y a lo caótico de las imágenes (fotografía de Matthew Jensen, Game of Thrones 1a y 3a temporadas), en donde combina desde música infantil, hasta piezas de orquesta. Geniales me resultaron el fondo de Billy Ocean y el nuevo nivel que le imprime a Creep de Radiohead.


Imogen Poots me pareció limitada en su papel, porque la he visto hacer cosas mejores  y Jamie Bell se sigue aferrando a quitarse de encima la imagen de Billy Eliot con papeles opuestos a sus primeros años como actor, me gusta y me gusta mucho, pero se está encasillando en este tipo de papeles. Muy bien los dos pero tal parece que esta película es sólo para James McAvoy, los demás están ahí para hacerlo brillar desde un fondo muy oscuro.


El tercer punto a favor es para Baird por la adaptación del guión y el respeto por el personaje. Baird despoja la cinta de cualquier asomo de sentimentalismo. No tiene interés en que el público exima al protagonista de sus pecados. No hay redención para Bruce Robertson. 

Para que usted no termine con el estómago revuelto y mal sabor de boca, Jon S. Baird nos regala unos créditos muy animados, por favor no se los pierda, muy rosas y  muy negros a la vez, pero serán suficiente para recordarle que lo que usted vio es una comedia no  un drama. 

Filth es grotesca y repulsiva, si usted cree tener el humor más negro que la noche y el estómago para soportar  esto, la puede encontrar en Netflix.










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