martes, 22 de julio de 2014

Historias de caballos y hombres de Benedikt Erlingsson

Historias de Caballos y Hombres

(Hross í oss)



Mucho traté de darle la vuelta a la ópera prima de Benedikt Erlingsson, película de producción Islandia-Alemania cuya historia gira alrededor de los caballos. ¿Una película de caballos? ¿Qué puede tener de maravillosa una película de caballos? Y me refiero a caballos como el personaje principal, como el reflejo del hombre. Pero la película se aparecía y se aparecía; la primera vez la trajo el Festival de Cine Internacional de Guadalajara, la crítica era muy buena, pero a mí los caballos no terminaban de convencerme. Hace un par de semanas se me aparece otra vez en una muestra de cine europeo y yo seguía diciendo ¡no! Esta semana aparece en la sala de cine de arte de un complejo comercial… ¿caballos en el cine comercial? No había remedio, tenía que verla.

La película definitivamente no es para todos los gustos y muestra de ello dieron las personas que se salieron de la sala a media película, parece que no todo el mundo tiene el estómago suficiente para brincar de la belleza a la atrocidad, o tal vez no cualquiera puede soportar mirarse a través de los ojos de un caballo.

Filmada en la hermosa inmensidad de los paisajes islandeses, en una comunidad rural en donde la vida gira entorno a los caballos, y gira en todos los sentidos, en cada una de las emociones humanas. No pude contar las veces que me reí, claro que mi humor es muy negro, ni cuantas veces me quedé con la boca abierta ante la sorpresa. Forzosamente llegas a la conclusión que el creador de la cita es parte de esa historia, el retrato es perfecto, él conoce esa vida, es parte de ella no hay otra explicación.

La película es como un conglomerado de pequeñas historias que pueden resultar hasta cierto punto absurdas pero reales, cada personalidad proyectada a un animal, la honra y la deshonra, el valor y coraje de los equinos se contagia a sus propietarios llevándolos hasta la muerte.

Los instintos de hombres y mujeres es un tema que me atrae mucho y aquí aparecen así, en su forma más primitiva, más animal; pero al mismo tiempo tan humanos y tan cotidianos. No hay muchos diálogos, aunque las actuaciones son muy buenas, una película llena de miradas que hablan… ¡que gritan! Con escenas que proyectan una reacción humana con una silla vacía y una taza rota.

Orgullo, coraje, lujuria, envidia, amor, celos, vida, muerte, libertad y un mexicano perdido en lo que parece otro planeta. La verdad es que este personaje luce aberrante en esta fotografía, y no lo digo por feo, sino porque ese toque del encanto y drama latino salido de la nada desconcierta. Yo no juraría que es mexicano, pero por ahí dice que lo es y ¿quién soy yo para llevarle la contraria a un caballo?


Los actores principales: Ingvar Eggert Sigurðsson, Charlotte Bøving, Steinn Ármann y el colombiano que la hace de mexicano (yo sigo dudando que el guion diga mexicano pero bueno) Juan Camillo Román. La increíble fotografía de Bergsteinn Björgúlfsson. Los nombres de los caballos se los quedo a deber pero actuaron maravillosamente, fueron capaces de devolver con la mirada el reflejo de la naturaleza humana.


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