martes, 20 de septiembre de 2016

Serie Amores instantáneos

Microrrelatos

Una serie de microrrelatos de amores urbanos, bajas pasiones de amas de casa y una que otra frustración



380 La ruta del amor
Las cándidas e inocentes caricias de sus primeros roces fueron subiendo de tono mientras yo miraba a la ventana pretendiendo ignorarlo. Él insistió repegándose aún más, apreté los ojos al sentir una descarga eléctrica entre mis piernas, generada por la humedad y la fricción, al tiempo que él le grita al chófer: ¡Bajan!



Pasión en la Carnicería
Distraída, desparpajada, sin gota de maquillaje. Con una playera de la última campaña electoral salpicada de cloro. Un pants remangado que grita que el muerto era dos tallas más grande, sandalias de horcapollo reparadas con un alfiler de máxima  seguridad; así, con ese cinismo que se quiere hacer pasar por autoconfianza llegué al mostrador chorreado de sangre y lleno de moscas.

-Me  da un kilo de bisteces.

-¿Se las aplano mi reina?

Desde entonces, soy la mejor vestida de la colonia.


No sonrío, no me insinúo
Caminar digno, barbilla levantada, mirada al frente. Contoneo ligero para no perder la clase, paso firme a quince centímetros de altura, actitud de autosuficiencia que obliga a abotonar la blusa hasta el último botón. No sonrío, no me insinúo. No sonrío, no me insinúo.

Por la calle se aproxima en su bicicleta un típico empleado de la construcción; melena enterregada, playera de patrocinador oficial y gorra llena de mezcla. Aprieto fuerte mi bolso y lo sigo con el rabillo del ojo detrás de mis Dolce & Gabbana polarizados.

– ¡Apretaditas como me gustan!

Me mantengo estoica, no digo nada y relajo la bolsa. Un calor repentino   me ruboriza, abro dos botones… tres, hasta que el encaje se asoma por el escote, acelero el contoneo y sigo mi camino. Sonrío y me insinúo.



Fontanería de urgencia
La soledad es canija, mira que llamar al fontanero sólo por ver una insinuación  de nalga. ¡Qué vida miserable!



Entero y sin piel
- ¡Buen día Güerita!

– ¡Buen día Chinito!

-¿Cómo lo quiere el día de hoy, mi chula?

–Entero y sin piel.

-Güerita, usted pide, yo le doy

Si no fuera por lo excitante que es venir a comprarlo, no comería tanto pollo.


El viene viene
¿Se lo cuido?, y me lo cuidó. ¿Se lo lavo?, y me lo lavó. Dele más, dele más, viene, viene, viene. ¡Ahí bueno! Sale todo, y salió.

Luego dicen que el dinero no compra la felicidad, cincuenta pesos, cuidado, lavado, venido y sonrisa garantizada.


Como agua fría
Abro la puerta antes que el timbre deje de sonar, ahí está él con esa sonrisa turbia, el tiempo parece detenerse, una brisa ligera arranca un mechón de su cara morena y su salvaje aroma inunda la casa.

– ¿En dónde se lo pongo?

Él encuentra el lugar antes de que yo pueda decir:

-¡Aquí, aquí!

Todavía en trance saco un billete de la cartera y se lo doy.

-¿No tiene cambio “Seño”? Del garrafón nada más son treinta pesos y por veinte más y dos tapas le doy una cazuela.


 Amor de esquina

  • “El hombre llega hasta donde la mujer quiere”, así me repetía mi abuela cada que tenía oportunidad. Tengo tres horas parada en la esquina bajo el farol y parece que a ningún hombre le recitaron esa misma frase.


  • Él me dijo ¡quiero! Yo le dije ¡compra! Seguro fue al cajero.

  • Sabes que el momento de retirarse ha llegado cuando te preguntan:
    -¿Cuánto es lo menos?

    -¡Carajo! Ni que fuera mercado





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