lunes, 15 de diciembre de 2014

Te Robo una Frase 6



Para la sexta edición de Te Robo una Frase la frase con la que jugaremos esta vez es la siguiente:

Convirtió en garra la mano derecha y con ella trató de rasguñarme la cara con sus afiladas uñas. Tenía los dientes apretados y regañaba como un perro furioso. La agarré de la muñeca. —De Dashiell Hammett  sacada de su novela: El hombre delgado.

Al final del relato podrás encontrar los links de los demás participantes en el juego, recorrer estos relatos es hacer un viaje por la transformación de esta frase a través de la letra y el sentimiento de cada uno.

La bestia, la niña y yo

Los diálogos hacía la nada han sido una manera de exorcizar mis demonios, caer en el sopor de la inconsciencia para despertar con un halo de pureza me ha mantenido justo en ese punto entre la negación y la realidad. Crecer no siempre es un proceso natural, los depredadores pueden convertir la experiencia de vivir en un punto de quiebra entre lo que es ser una niña y una mujer.




Huir. Huir ha sido mi vida, ya no puedo recordar desde cuando lo estoy haciendo, tal vez tenía nueve o diez años cuando la bestia se presentó como tal la primera vez. Esta bestia era el tipo de bestia de apariencia  inofensiva, hasta parecía que sonría cuando me veía a lo lejos, siempre mantenía su distancia cuando había más personas alrededor, pero su vista siempre estaba sobre mí, siempre vigilante, siempre atenta.


Ahí estaba la gran bestia agazapada detrás de su máscara sonriente. Por un momento esta  niña  se olvidaba que la bestia la rondaba, se perdía en sus juegos con los otros niños y de repente el instinto le atestaba un golpe de adrenalina que la ponía en guardia; paraba en seco, levantaba la cabeza y la buscaba con la mirada, podía sentir su palpitar acelerado, parecía que llevaba el corazón justo detrás de las orejas porque lo escuchaba perfecto. La  pienso ahora y no puedo evitar pensar en esos ciervos al reaccionar ante peligro, justo así era ella, inocente, indefensa. Sus ojos se ponían enormes, brillantes y profundos cuando la buscaba; las pecas brincaban sobre la tez pálida de la nariz que comenzaba a tratar de meter más aire del necesario. Tensa, alerta, lista para salir corriendo y sin embargo cuando la bestia aparecía  era incapaz de moverse, su corazón latía desbocado pero ella estaba petrificada, sin más defensa que cerrar los ojos, los apretaba  fuerte intentando cerrar su cuerpo junto con ellos, pero eso no era más que una esperanza que nunca alcanzó.



Nunca me atacó de una manera salvaje, al menos no era así como cualquier ajeno lo hubiera visto, había un mundo aparte para la gran bestia y para mí, era como estar en otra dimensión con ella, sin embargo yo podía ver perfectamente a los demás desde mi circulo, más de una vez grité, o al menos creí que lo hacía, pero todos seguían su camino, me miraban,  tocaban mí cabeza sacudiendo los largos cabellos negros, los más cínicos me apretaban la nariz compensando el apretón con algún chiste sobre mis ojos, alguno me miraba con ternura, nada especial supongo, sólo era la manera en que se ve a los niños de apariencia agradable que no nos dicen nada.

Para todos la bestia no era bestia, sólo era aquel que con su mano en el hombro  guiaba a tan bonita niña, no importaba a dónde, nunca nadie lo cuestionó al respecto, hasta se hacían a un lado para dejarlos pasar. Tal vez si ella hubiera tenido esa imagen de la bestia no le habría resultado difícil defenderse, una patada, una mordida, un grito siquiera pero nada, para ella era el más feroz de los depredadores, el que la  acorralaba le rugía y  mostraba sus afilados dientes apenas a unos centímetros de su cara.



La bestia se abalanzaba sobre mí y me cerraba el paso, yo era el único testigo de esa transformación, pude ver como convirtió en garra la mano derecha y con ella trató de rasguñarme la cara con sus afiladas uñas. Tenía los dientes apretados y regañaba como un perro furioso. La agarré de la muñeca en lo que fue más un acto reflejo que la intención de detenerla; si yo era pequeña lograba empequeñecerme aún más, apenas un envoltijo de huesos y músculos diminutos, que no saciarían nunca el hambre de la bestia, pero eso no parecía importarle, no era hambre lo que quería saciar. La eternidad llegaba a su fin y la bestia cedía su yugo, se erguía orgullosa y sonriente para que justo en ese momento nuestro mundo se empatara con el mundo de los demás, ahora todos podían vernos, ahora eran conscientes de que estábamos ahí. La bestia retraía sus colmillos para dar paso a una sonrisa encantadora, se inclinaba, besaba mis negros cabellos y me decía: ¡anda, ve a jugar!


Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. *



*El dinosaurio. Microcuento de Augusto Monterroso




10 comentarios:

  1. Que bien describes las sensaciones reales que debe de padecer una niña o niño que sufre el acoso (por no decir nada más grave), de un adulto... y si este adulto es su padre, ¿qué más decir? muchas veces me pregunto, siendo padre como soy ¿cómo puede un hombre ejercer tal grado de violencia y abuso sobre un hijo o hija? y no, no lo puedo entender ni lo entenderé nunca porque no tiene ninguna explicación... salvo la maldad obsesiva que existe intrínseca en los genes del ser humano. Excelente relato Patricia. Besos.

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    1. Muchas gracias Frank! Desgraciadamente este es un problema enorme más común de lo que nosotros pensamos. Hay estadísticas que hablan de 7 de cada 10 niños sufren algún tipo de abuso de este tipo, en su mayoría por alguien dentro de su circulo familiar.

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  2. Ese tipo de bestias son las que "menos entiendo" yo, las que pueden hacer daño a su propia familia... Luego dicen que nosotros somos los animales racionales...
    Me ha gustado mucho la historia con la que nos has obsequiado este mes. :-)
    Muchas gracias por jugar una vez más.
    Besicos!

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    1. Gracias Ramón! Antes de leer tu relato pensé que la frase no daba más que para escribir una historia de terror, pero ya vi que tu lograste escapar de eso. Aprendo mucho con este "juego" nos leeremos en la próxima entrega!

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    2. Es curioso que la mayoría habéis ido por ese camino (incluso ha habido criticas a la "direccionalidad" de la frase a la hora de montar la historia), y es más curioso teniendo en cuenta que la frase está sacada de una novela de detectives clásica, sin nada paranormal ni parecido... :-)

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    3. Entonces es hora de confesar que no he leído esa novela! jajajajaja y eso explica todo lo demás

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  3. Coincido con los compañeros. Yo tampoco las entiendo. Magnífica manera de describir Patricia en esta historia las sensaciones del niño/niña.
    Un besote.

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  4. Gracias Patricia por tu texto, que más que relato es una auténtica denuncia. Asco es lo que me producen este tipo de bestias.... Pero preciosa tu manera de contarlo.
    Besos

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    1. Muchas gracias Mary Ann. Ojalá que contarlo ayudara a salvar a más niños. Saludos!

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